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Mostrando entradas de enero 1, 2012

Un cajoncito blanco...

Un cajoncito blanco para Mayte Lucero y algunas flores para dolerse de una vida que no pudo ser... pero somos de una pasta especial y podemos diferenciarnos de otros seres vivos en que podemos usar la imaginación y crear mundos. Yo, esta mañana de Reyes imaginaba a ese lucerito apagado sonriendo entre sus juguetes, corriendo por los cerros radicales del Perú más duro, sin nada, pero con una vida saltando en su pecho para cualquier posibilidad... pero también pensaba en que no es justo que en muchos rincones del mundo mueran niños por enfermedades que en Occidente son pura anécdota... no era necesaria esta desaparición bajo ningún concepto, ni desde el de los hombres (que contamos con medios para evitarla), ni desde el de ese Dios inexistente que tantos tienen como falso norte... no es justo que una vida se trunque inútilmente justo cuando está empezando, como no es justa esta abulia general hacia los demás que reina entre nosotros... aquí, con la dura crisis que padecemos y todos sus …

Yo miro con ojos de artista...

El pintor vejete de la Plaza Mayor andaba esta mañana convenciendo a la camarera del Titanic para que le hiciera un posado desnuda con el fin de pintarla... le decía... ‘yo miro con ojos de artista, mi niña, no como otros’... y reía mientras la miraba goloso...  al otro lado de la barra le escuchaba el borrachito solitario, sonreía y hacía gestos como si estuviera en la conversación... y yo estaba con un buen colega charlando sobre su última operación y los efectos de la quimioterapia que estaba sufriendo en estos días... cinco vidas cruzadas en un café (el viejo pintor, la camarera del Titanic, el borrachito, mi amigo recién operado y yo) para ponerse frente al mundo de los absurdos y de las mentiras... cinco verdades a medias para solapar los días comunes con alguna sonrisa o solo con compartir el daño de palabra para que sea menos, que lo compartido conlleva siempre menos dolor. Mi amigo vestía un abrigo loden en color azul marino y, aunque está de baja por su reciente operación, va…

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Las empanadillas caseras de espárragos trigueros que hace mi madre (una delicia) ya me dejaron hundido (abusé, que todo hay que decirlo)... luego comenzó el año y no veía la hora de pillar la cama, pero acabé pillándola para levantarme como nuevo en un 2012 que promete mierda a raudales. A eso de las once de la mañana, ya en el portal, de camino a mi estudio, uno de esos vecinos de segunda vivienda que apenas saluda con un cabezazo en otras ocasiones, me sonrió con una sonrisa abierta y me dijo con cierta melopea... ‘buenas noches y feliz año!... y me dejó perplejo como primera sensación fuerte del nuevo año... el surrealismo español sigue en su tono de siempre... y luego un familiar lejano haciendo eses escandalosas por la Calle Colón, como las gallinas del tío Alfredín, el Puspús, del inefable finado Manolillo Díaz Luis (aprovecho para recomendar encarecidamente la lectura de ‘Las aguas esmaltadas’, que me lo agradeceréis)... y que logré encerrarme a rematar las carpetillas Josmel (…

29 de diciembre

29 de diciembre de 2011 Me levanto de la cama al amanecer y ya me siento al pairo por la vida, sometido a las decisiones de la política nacional e internacional, machacado por el cambio del dólar con el euro, roto por las bofetadas de los ladrones egregios (que además son ladrones de esperanza)... y todo va a los ácidos del cuerpo, a hacerlos bullir y crear espantos en las tripas que, a su vez, no me dejan pasar los días tranquilos entre los hijos de puta menores, esos de andar por casa que son especialistas en sumar amargura gratuita a todo lo amargo... y sueño con huir como Roger O. Thornhill, sin saber de qué, ni por qué, ni hacia dónde... o simplemente con subirme a la Noria del Prater de Viena y mirar al gentío con mirada Harry Lime [‘... piensa que son como hormigas... ¿dudarías en pisarlos si supieras que cada vez que lo haces obtendrías una buena ganancia?’]... a veces pienso que algunos hombres no se merecen ni una tumba, y menos la conmiseración... ni siquiera mi odio, que ya…