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Un cajoncito blanco...





Un cajoncito blanco para Mayte Lucero y algunas flores para dolerse de una vida que no pudo ser... pero somos de una pasta especial y podemos diferenciarnos de otros seres vivos en que podemos usar la imaginación y crear mundos. Yo, esta mañana de Reyes imaginaba a ese lucerito apagado sonriendo entre sus juguetes, corriendo por los cerros radicales del Perú más duro, sin nada, pero con una vida saltando en su pecho para cualquier posibilidad... pero también pensaba en que no es justo que en muchos rincones del mundo mueran niños por enfermedades que en Occidente son pura anécdota... no era necesaria esta desaparición bajo ningún concepto, ni desde el de los hombres (que contamos con medios para evitarla), ni desde el de ese Dios inexistente que tantos tienen como falso norte... no es justo que una vida se trunque inútilmente justo cuando está empezando, como no es justa esta abulia general hacia los demás que reina entre nosotros... aquí, con la dura crisis que padecemos y todos sus añadidos, durante las últimas tres semanas nos hemos gastado en vinos, nimiedades y absurdas celebraciones el exacto dinero que habría servido para salvar miles de vidas como la de Mayte Lucero, pero no pasa nada, seguimos con los ojos deslumbrados por los neones y vemos el futuro (que nunca existe ni existirá) como una certeza capaz de ocultar con sus promesas falsas cualquier tragedia... Mayte no tenía ni idea del cambio del dólar o de los tipos de interés, no sabía nada de los conflictos armados ni de las nuevas estrategias de mercado de las grandes multinacionales, pero era capaz de vida, pues tenía un cuerpo lindo para tramitarla... pero el mundo es torcido y no sabe valorar el don del latido vital comparado con esos jodidos asuntos artificiales del bienestar, el ocio o el dinero... ella tenía un hálito con el que salir adelante como fuera, tenia la potencia intacta para caminar, comer, amar, llorar, reír, ser lo que le apeteciese en función de su esfuerzo y sus decisiones... pero a nosotros no nos importa eso, que no tiene valor si no se pierde, porque es moneda de uso irreflexivo y ya no sabemos sentirnos felices por poder caminar, por poder sonreír, por poder llorar o compartir algo bueno o malo con los demás... poder ir a orinar y hacerlo no suele hacer feliz a casi nadie, porque no somos capaces de sentir el valor de esos actos que ya se han hecho reflejos en nosotros... nos alegramos por ganar dinero, por tener un coche o por llevar un anillo en el dedo, pero no sentimos felicidad por saciar nuestra sed con un vaso de agua o por sentir que alguien te mira los ojos con afecto.
Mayte Lucero ya tiene algo suyo: un cajoncito blanco de madera. Es triste.

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