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Mostrando entradas de julio 8, 2007

Estoy de boda.

Contrajo matrimonio el colega Gabriel Cusac a la vez que pillaba el accesit del premio de Mazarrón con un relato a su estilo. Enhorabuena por ambas circunstancias alegres, hermano… y esta noche de cena para celebrarte.
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El valor de un diario es que supone una constante construcción del universo conceptual propio y, a la vez, esa imposibilidad de final que merodea siempre como una esperanza pequeña… esta historia que sigue y que no acaba, que entra constantemente en contradicción consigo misma, que cansa y anima a la vez, sirve fundamentalmente para reconocerme y situarme de forma aproximada en el mundo.
No conozco otro genero que preste similares beneficios a su autor ni que le sirva tanto como referencia en la dura y constante búsqueda de referentes.
Desde la escritura de mi diario aprendo a trazar los caminos hollados y a trazar los que han de venir; con él sé con certeza el punto de partida y de él extraigo datos útiles para el camino que viene. Es mi mapa personal, en el que precis…

No soy un tipo de verano.

Me puede un poquito el estrés y se suma al calor para dejarme mal cuerpo. No soy un tipo de verano, ni mucho menos, y en este tiempo casi me apetecía tener esa dimensión de los seres que pasan dormitando la estación fría [en mi caso sería la caliente]. De momento me limito a sobrevivir bañado en sudor y bailando en mis chanclas, flotando una horita diaria en el agua salvífica de la piscina de Julia y escondiéndome al fresquito de mi cueva subterránea sintiendo los espíritus burlones de ‘El gato negro’ que fue otrora este lugar incomparable [para mí]. Tengo fotofobia y mal de altura, pereza y mala leche, picor de canillas y dolorcillo de riñones… Ni por mirar [con la mirada bruja] saldría a la calle en las horas calientes. No escribo, aunque pienso en la extraña república de Antonio I. como si fuera un cuento de Carrol o un tema de Caco Senante. Escucho a Carita Boronska en ‘The beat goes on’, el tema bomba de Sonny Bono, hasta 18 veces seguidas de una tirada y me figuro en un local ce…

Envuelvo la memoria en papel de regalo...

Vinieron a visitarme los amigos salmantinos que llevan sobre sus hombros el duro y bellísimo trabajo de recuperar la memoria histórica [Luisa, Felipe… y siento no recordar el nombre del tercero]. Se entrevistaron con mi madre en su empeñada búsqueda de luz sobre lo oscuro y yo estuve al lado, como testigo, escuchando un relato que ya medio sabía y enterándome de algunos detalles que mi madre jamás quiso contarme sobre el asesinato de mi abuelo Felipe.
Mi madre estuvo fuerte, nítida, preclara [a pesar de que sabía que se estaba grabando la conversación, y eso le ponía cierta tensión a sus palabras] y me encantó escucharle decir que ya no había odio, sino tristeza y falta.
Se soltó poco a poco mientras se negaba a dar nombres [lo advirtió varias veces], a pesar de que sus interlocutores los conocían de sobra por la documentación que manejan.
El punto más delicioso llegó cuando apareció en la conversación un nombre [creo que era Teo] del que mi madre dijo guardar un recuerdo especial en el …

Hasta la vista, Antonio... Ya charlamos...

Cayó otro amigo. Esta vez uno grande de corazón, de tenacidad y de fuerza.
Antonio Izard Gosálvez [don Antonio, que para mí se ganó de corrido ese ‘don’ que en Béjar va unido a ciertos apellidos como una suerte de cordón umbilical burgués] fue un tipo peculiar en todo lo que hizo y en cualquier campo en el que jugó sus bazas como hombre. Se atrevió a contestar siempre a su clase y lo hizo con verdadera audacia, escribió lo que quisó y dijo todo lo que consideró que debía ser dicho [esa es mi meta desde hace años hasta la justa muerte] sin medir consecuencias ni pararse a valorar baremos de idoneidad o gusto. Fue sincero sobre todas las cosas [ya es difícil encontrar tipos de tal calado en la palabra y el hecho]… Pero sobre todas las cosas, por encima de cualquier diferencia [de edad, de religión, de ideología…], fue mi amigo, un amigo mayor y muy vivido que me llamaba a veces para darme consejos y hasta para pedírmelos, que llegó a ofrecerme en muchas ocasiones su mecenazgo porque creí…

"Summa vitae"

Con José Manuel Caballero Bonald me sucede un poco lo que con Ángel González, que los leo buscando y encontrando ideas que ya habían estado en mi cabeza, de tal forma que resultan tan de mi gusto porque sus palabras son afirmación de mis ideas y de mis pensamientos más elaborados. El resultado de acceder a su lectura es ciertamente gozoso, casi como si estuviera hablando en profundidad con dos viejos amigos de camino y copas.
Lo malo, lo peor de leerlos, es esa sensación jodida de no haberlo escrito yo primero.
[“Esa común palabra que se olvida / con prenatal perseverancia / y en la neutra penumbra / de la imaginación insiste / en disiparse, se estaciona / en las más evasivas marañas / del silencio, / ésa es también / la tregua con que suelo / aplazar tu recuerdo cada día / y callo / en las inmediaciones / de encontrarme contigo como calla / la puerta que se acaba de cerrar.” –‘Temor a la impotencia’– J.M.C.B.].
La lectura que frustra por ‘envidia’ es siempre potencia de la escritura.
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