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"Summa vitae"

Con José Manuel Caballero Bonald me sucede un poco lo que con Ángel González, que los leo buscando y encontrando ideas que ya habían estado en mi cabeza, de tal forma que resultan tan de mi gusto porque sus palabras son afirmación de mis ideas y de mis pensamientos más elaborados. El resultado de acceder a su lectura es ciertamente gozoso, casi como si estuviera hablando en profundidad con dos viejos amigos de camino y copas.
Lo malo, lo peor de leerlos, es esa sensación jodida de no haberlo escrito yo primero.
[“Esa común palabra que se olvida / con prenatal perseverancia / y en la neutra penumbra / de la imaginación insiste / en disiparse, se estaciona / en las más evasivas marañas / del silencio, / ésa es también / la tregua con que suelo / aplazar tu recuerdo cada día / y callo / en las inmediaciones / de encontrarme contigo como calla / la puerta que se acaba de cerrar.” –‘Temor a la impotencia’– J.M.C.B.].
La lectura que frustra por ‘envidia’ es siempre potencia de la escritura.
(12:56 horas) Llegar por la mañana hasta mi estudio, ávido de lectura, me predispone siempre a la enumeración caótica, esa forma tan borgeana [borgiana] que es capaz de expresar todo lo que los ojos no compendian como correlato.
… El mar no es cielo hoy [cumpliendo con el rito marcado de los cumulonimbos], las monedas hacen su fiel gimnasia de ‘pinball’ para deslizar un Chester hasta mis manos, la camarera mira con ojos de antesdeayer a mis ojos de luego, el verde ya se ajusta en el monte y empieza a confirmar sus amarillos, es fresco mi espacio en las horas de calor, pasa un muchacho azul con camiseta, la paloma del tejado sigue cagando su paz sobre los hombros de la gente, hay tormentas pendientes en la sierra y en casa, Magdalena vomita sin saber que su cuerpo es pura anatomía de todo lo agotado, hay tiestos en barbecho en algunos balcones, saltan dos pechos vírgenes buscándome los ojos, una mosca persigue este verano, colma el amor la esquina de una calle, chillido de ambulancia [la muerte no reposa], siento a Alejandra Pizarnik agarrada a mi espalda, el tiempo es plano y líquido, hay fiesta en unas manos, dos rizos me recuerdan las tardes de merienda, me hacen daño las chanclas en el justo interdedo, suena Pamela Barber y es como un bebedizo, alguien me echa de menos y yo no siento nada…
Necesito una pasión para abrir de nuevo el mundo ante mis ojos, para darle otra voz, para lavarlo… Una pasión concreta y definida que me llene de nervios y de ansia, una pasión azul y gris marengo con la que darle al fuego nuevas llamas.
No escribo últimamente con comodidad y quizás me dé unos días de silencio.
La lucidez también responde al azar… y eso me jode.
De Tontopoemas ©...

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