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Mostrando entradas de septiembre 30, 2012

Los pétalos pesados.

‘Amor es deseo de conocimiento’, escribió Pavese en la entrada de su diario del 30 de agosto de 1942... y a mí se me van las ideas de pronto a aquel ‘conocimiento’ bíblico y me siento un poco mal por reírme de esta forma de un pensamiento tan completo, pero me encanta también leer a Pavese con la mirada furtiva y la predisposición pícara en mis ojos. _
Los pétalos de flores amarillas de G. Chávez, qué pesados sobre la muchacha con su ‘mequierenomequiere’, qué viaje al averno trasatlántico de las muertes tranquilas, qué viaje a la tierra en la que lo vivido es justamente lo vivido y apenas hay resquicios al mañana, porque no existe... hemos perdido el Norte en este vuelo nuestro de pedantes caucásicos vencidos a futuro, instalados siempre en un mañana mágico que nunca llega... cuánto mejor el hombre que desea y redacta al instante su deseo en una piel cercana, el que duerme solo por el cansancio sin que le preocupe si el acto de despertar será posible, cuánto mejor su trazo de instantes …

Tres poetas latinos...

Ayer tuve la suerte de conocer a tres tipos entrañables gracias a mi participación transversal en el “XV Encuentro de Poetas Hispanoamericanos” haciendo labores de coordinación en uno de sus actos realizado en Béjar... son Basilio Beillard (República Dominicana), Reinaldo García Ramos (Cuba) y Gabriel Chávez Casazola (Bolivia). Basilio me resultó el menos cercano de los tres a mi gusto poético en lo que fueron versos leídos por él (ya se sabe que no es lo mismo asistir a un recital y escuchar a un poeta por primera vez que leerlo tranquilamente en el sillón de casa... se escapan muchas cosas y el recitado puede hacer que los versos crezcan o se agoten), pero tuve la suerte de que me regalase un librito suyo de relatos breves –“Oficio de arena”– que me dejó fascinado por razones diversas que pienso explicar en una entrada aparte, pues lo merece. Reinaldo García demostró enseguida ser un poeta hecho, serio y muy formado. Su poesía me pareció excelente y perfectamente trabada, llena de con…
¿Es la suerte buscada o el jodido deseo lo que fracasa?...  El yo maniqueo siente un ardor licántropo en el vientre porque no sabe ser hedonista, pero no tiene ni idea de que el yo hedonista se siente mal por todo lo no conseguido... y ambos están mal, el del sí o el no y el del qué agustito... pero hay otros yoes que se entremeten y se entrometen... el yo lúbrico y lascivo, el yo exasperante, el yo apocado y tímido, el yo tristísimo... y ninguno acierta a acordar que todos son ese yo entero y vacío que se mueve y se espanta, que ruge y cacarea, que es proclive a secas... y yo siempre trabado en apartados estancos, en fases separadas, en trancos no mezclables, sin saber resumir, sin atinar siquiera a valorar cualquier otro yo distinto al que está sucediendo... y me lo explico a mí sin entenderlo, que es triste gracia. Luego, dos o tres días sin musa, pero con anacondas... sin ese cremor tártaro que le da solidez a mi estado de ánimo, pero con los dientes afilados de mirar... sin nada cl…

Cuatro días con Lee Std.

DÍA PRIMERO. Ya es de noche y espero la llegada inminente de Hugo mientras leo a Pavese como si fuera la primera vez. A ratos me distraigo con una mosca intrusa que se ha quedado a hacer noche conmigo y a tropezones pillo alguna idea que me gusta y la escribo en mi cuaderno para desarrollarla cuando cuadre. Ya no suena el jaleo del bar de arriba y ha dejado de llover. Viernes en Béjar y subo a por tabaco. No han cerrado aún, tengo suerte. Los camareros ya son como raros autómatas a esta hora. El tipo de la barra me cambia un billetito por monedas y se olvida de activarme la máquina para sacar mi tabaco. Espero y le hago una llamada a Hugo para ver cómo va nuestro parte de ruta... “ya estamos en Zamora y se cumple el horario”, dice mi amigo. Saco por fin mi tabaco y fumo. El impás tabaquero me ha apartado de Cesare y me animo a escribir, aunque no sé de qué... todos los días, desde hace muchos años, escribo algo por la noche, lo que sea, como sea... así se me harán más cortas las dos h…