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Mostrando entradas de julio 16, 2017

Suicidas

No sé por qué, esta tarde me dio por pensar en todos los suicidas que pasaron cerca de mi vida. Haciendo memoria, me salen dieciocho desde aquel primero de los tiempos de la discoteca Alekos hasta estos casi sesenta años que cabalgo. Pensándolo bien, son muchos, muchísimos suicidas cercanos para un tiempo tan corto y en un espacio tan pequeño (los dieciocho doblaron por su voluntad entre Béjar y Salamanca). Ésos, los que me tocan y recuerdo, que habrá otros muchos que se me olviden o que no me llamaron la atención en su día.
Hace años indagué con cierto encono en el trasunto de los poetas suicidas (fruto de aquella preocupación extraña nació un poemario que titulé 'Paraísos del suicida' y que tuvo su tiempo con buena aceptación y hasta con confusiones casi panegíricas –panegíricas para mí, claro–) y recuerdo que mi conclusión entonces fue que la mayoría de los poetas suicidas tomaron una decisión valiente, cuando no de una estética casi gloriosa hacia el después. Muchos de ell…

Escupiré sobre vuestra tumba

Ayer volvi a leer Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian, y enseguida se me vino a la cabeza la imagen del 'buen negro', ese tipo servil que profesaba admiración por sus amos blancos, y el enorme parecido con este 'buen blanco' de hoy, tan despreciable, que sigue aupando a sus amos mientras le humillan y le roban todo, absolutamente todo. El acierto de Boris Vian en esta obra, bajo mi humilde punto de vista, no es otro que el de tratar un tema digno del asco, cuando no del horror más insoportable, con un lenguaje que toca el sadismo para desconcierto del lector y que está exactamente a la altura de los sucesos reales que, aún hoy día, son de uso corriente. Me gusta mucho esa franqueza literaria de Vian, esa sinceridad lingüística y el enorme valor de utilizar un correlato par a la asquerosa realidad que se recrea.
Leyéndolo, pensé enseguida en esa venganza que el pueblo tiene pendiente con los banqueros, con muchos políticos y con todos esos ladrones de vidas que …

Todo fluye al ritmo exacto que marcan quienes no tienen conciencia.

No hay remedio. Algunos encuentran la dignidad en un acto final y otros, siempre dignos, viven un desencuentro por minuto. También hay quien jamás sabrá qué es eso (la dignidad). El caso es que discurren los días y todo fluye al ritmo exacto que marcan quienes no tienen conciencia. En lo general, les tocan los cojones el cambio climático, el hambre, la sed, las enfermedades venidas de la pobreza, la dolorosa diferencia en cualquiera de sus aspectos negativos..., y se creen inmortales porque sus monedas los hacen creer inmortales. Oye, que muere un rico y todo es perplejidad, llantos y loas, mientras que en el mismo instante han muerto mil pobres que a veces no merecen ni una lágrima cercana.
Nacer es un azar bastante cabrón, sobre todo si naces donde no hay ni va a haber nunca, y morir termina siendo un jodido descanso. Me duelen esos padres que se empeñan en que su hijo sea médico o dentista y les soportan veinte años de carrera (porque pueden) y esos otros padres que, sabiendo que s…

La soledad del corredor de fondo

Recibo sorprendido llamada de un buen amigo:

- Felipe, no sé si sabes que por segundo año consecutivo se te ha propuesto para el título de ciudadano ilustre y se lo han dado a otra persona.

- Muy bien –respondo–, siempre se agradece que alguien se acuerde de uno.

- Ya, pero es que me parece que el asunto no resiste la comparación, amigo. Este año se lo han dado a una buena profesional, a tu amiga Teresa, que sé que la quieres mucho, y el año pasado al Centro de Alzheimer.

– Mira, yo me alegro mucho por ellos, de verdad, pero el asunto me resbala totalmente, me da absolutamente igual.

– Pero a mí me gustaría que la gente supiese lo que has hecho en Béjar, lo que has intentado y lo que has conseguido.

–Yo creo que estás equivocado, colega. Lo que yo haya hecho con éxito o sin él, no lo he hecho por Béjar ni por los bejaranos. Faltaría más. Lo he hecho porque me apetecía, porque me lo pedía el cuerpo o porque me salía de los cojones y ya está.

– Ya, si te entiendo, pero no me parece justo.

– A m…