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La soledad del corredor de fondo

Recibo sorprendido llamada de un buen amigo:

- Felipe, no sé si sabes que por segundo año consecutivo se te ha propuesto para el título de ciudadano ilustre y se lo han dado a otra persona.

- Muy bien –respondo–, siempre se agradece que alguien se acuerde de uno.

- Ya, pero es que me parece que el asunto no resiste la comparación, amigo. Este año se lo han dado a una buena profesional, a tu amiga Teresa, que sé que la quieres mucho, y el año pasado al Centro de Alzheimer.

– Mira, yo me alegro mucho por ellos, de verdad, pero el asunto me resbala totalmente, me da absolutamente igual.

– Pero a mí me gustaría que la gente supiese lo que has hecho en Béjar, lo que has intentado y lo que has conseguido.

–Yo creo que estás equivocado, colega. Lo que yo haya hecho con éxito o sin él, no lo he hecho por Béjar ni por los bejaranos. Faltaría más. Lo he hecho porque me apetecía, porque me lo pedía el cuerpo o porque me salía de los cojones y ya está.

– Ya, si te entiendo, pero no me parece justo.

– A mí, sí. Además, me alegra muchísimo de que se reconozca la hermosa labor de Teresa Conesa, una auténtica campeona donde las haya. Y del Centro de Alzheimer, pues imagino que tendrán su merecimiento por echar horas sin sueldo para tener acogidos a los enfermos, que buena falta hace. Y seguro que lo hacen por Béjar y para Béjar. Yo, no. Jamás.

– Pues nada, Felipe, solo quería decirte que me da rabia.

– Na, tranquilo. Un abrazo enorme.

Y me quedé pensando en el asunto durante un buen rato y decidí que, efectivamente, debo dejar claras mis intenciones ante cada una de las cosas que he hecho o he intentado, hacia quién y por qué las he hecho.
Veréis, intento escribir poesía porque me sale de las mismitas entrañas, y no lo hago ni por Béjar ni para Béjar, ni por los bejaranos ni para los bejaranos. Lo hago para mí, y los reconocimientos que he recibido, todos, son míos, no de Béjar y de los bejaranos, igual que las críticas que haya podido recibir por mi escritura son solo mías y de quien me las asestó. Creé una editorial literaria que aún sigue dando algunas bocanadas y es solo mía, ni de Béjar ni de los bejaranos, y me lo pasé, y me lo paso, de puta madre editando. Creé una revista literaria, Los cuadernos del Sornabique, y la disfruté como un niño mientras existió, y fue mía, solo mía, ni de Béjar ni de los bejaranos. Monté un periódico con unos colegas, Béjar Información, y durante los casi siete años en los que se editó semanalmente fue mío, y no de Béjar ni de los bejaranos. Monté una asociación cultural, El Sornabique, y fue solo de Juanito y mía, jamás de Béjar y de los bejaranos. Organicé conciertos, recitales, encuentros, exposiciones..., y lo hice porque me apetecía a mí, no porque fueran a gozar con ellos los bejaranos, así que también son míos y solo míos, no de Béjar ni de los bejaranos. Representé a una gran ONG internacional y lo hice porque me salió de la punta del capullo, nunca por Béjar ni por los bejaranos. Monté El Humanismo Pequeñito y lo hice por mí y para mí, nunca por los bejaranos ni para los bejaranos. Solo podría anotarse que durante unos años fui concejal -concejal mediocre- y quizás eso sí que lo hice por Béjar y por lo bejaranos, no como algunos otros que conozco.
Así las cosas, mis éxitos son míos y no necesito más que saberlos míos, y mis fracasos son míos y creo que por eso no hay un dios que se atreva a reconocer nada de nada.
Veréis que este escrito va tirado en posesivo absoluto, y está escrito así para que me odiéis si os apetece, para que me denostéis si se os pone a mano o para que habléis mal de mí junto a unas cañas.
Yo pienso seguir a lo mío, a mis movidas, que apenas interesan a unos cuantos amigos, sin esperar nada que no sea sumar a todo lo que lleve a un humanismo global. Los reconocimientos y los premios son para adornar, y a este jodido mundo injusto le sobran adornos.

Y eso, que si me lees, no me vuelvas a proponer para otra cosa que no sea tomar unas cervecitas y unas patatas con mayonesa en la Plaza Mayor, que eso tampoco voy a hacerlo por Béjar ni por los bejaranos, que lo voy a hacer por ti y por mí.

Eso.

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