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Mostrando entradas de septiembre 7, 2008

El cero.

Hoy me percaté de pronto de que no hay nada vulgar en ese agujero presuntamente vacío que es ‘el cero’. Escribí un cero enorme en la pantalla de mi ordenador y me puse a pensar en él, frente a él, sobre él, dentro de él… y al rato concreté que, sin el cero, el hombre no habría llegado jamás a su estado evolutivo actual y que su mente apenas hubiera podido apuntar ideas complejas fuera del mundo tangible.
El cero es la representación matemática de una nada ‘capaz’ [no en vano, colocado a la derecha de cualquier cifra la magnifica] y el concepto del ‘no es/no hay’ que dio pie a la posibilidad del ‘menos’ [una posibilidad absolutamente mental que, con el tiempo, ha traído simples y complicados resultados físicos]. El cero es también la representación más aproximada al vacío que el hombre pueda imaginar, y a la vez contiene el potencial de ser colmado mientras conforma la mente abstracta en quien lo usa y lo trabaja desde que los babilonios lo pusieron en el mercado de la mente dos mil año…

Tan solo siento como mío lo que me late.

Tan solo siento como mío lo que me late: el corazón que entre medio trota y galopa [según la hora] y todos los latidos que refleja en mi cuerpo, latidos clandestinos que hay que buscar en las muñecas o en el cuello para saberlos reloj o anacronismo; el cerebro, animal desatado que corre por su cuenta con excesiva frecuencia y me tiene viajando constantemente a mundos en los que soy mejor y peor, pero nunca igual al que ves; el sexo, que golpea o se esconde [según las condiciones del deseo o los cambios extremos de temperatura] y no tiene pudor en armarse en cualquier lugar y a la hora menos oportuna; los ojos, que se quieren comer todo el mundo visible a cada instante, y lo hacen con memoria y desenfreno; las manos, que apresan o acarician, que confinan dibujos y perpetran palabras, que saben penetrar y aprendieron hace tiempo a tocarme justo como me gusta… eso es todo lo mío, y no los objetos que poseo ni los que que quiero poseer, y no tu cuerpo, ni tu mirada, ni tu lengua repasándo…

No me gusta del todo la belleza…

Vuelve todo a la normalidad y yo vuelvo a echar de menos las palabras de Alberto, ya que desde su llamada telefónica no he vuelto a tener noticias.
Hoy el día salió bastante lunes y, de momento, la tarde no tiene pintilla de ponerse miércoles… comencé llevando al cole a Guille entre una marabunta de coches mal aparcados, luego me metí en mi trabajo de lleno y me percaté de que hay demasiado curro acumulado y pendiente… y, mientras, igual que me sucede desde hace diez días, he estado valorando mi viaje a México con parámetros de realidad. La verdad es que mi economía está por los suelos y no puedo permitirme un gasto especial si no es pidiendo un crédito que se sume a los que ya tengo en marcha, pues afectaría directamente a mi familia… también está la empresa, que anda entre alfileres y puede darme un susto en el momento más inesperado, y dejarla al pairo durante casi un mes me da muy mala espina. La gente de mi alrededor me anima, me empuja casi para que me vaya, pero mi criterio más …

Estupendo fin de fiesta.

Acabaron las fiestas de Béjar [desde mi punto de vista, las más logradas de todas las que he vivido, y todo a pesar de que he podido salir poquitín]. Ayer rematé de cine escuchando cantar a Paco Ortega en el Teatro Cervantes y hasta me sonrojé emocionado cuando me dedicó un tema rechulo.
Sé que con Paco me puede el cariño, pero eso no quita para que haga mi análisis del concierto. Para empezar, Paquito, que es muy listo, se rodeó de los mejores músicos y de un par de voces que le hacían los coros y le jaleaban como diamantes bien pulidos. La puesta en escena, del maestro que es: sentado en el centro del escenario, con los textos de sus canciones frente a los ojos y sin otro instrumento que su voz: espectacular. Y empezaron a caer los temitas canallas como una lluvia reparadora que consiguió con las primeras gotitas que el público se entregase… hasta que se arrancó con algunos temas de su trabajo en proceso sobre la obra de Ángel González [aquí me puede doble el cariño, pues se juntaron…

Deliciosos Delinqüentes [disco dedicado para Antonio G. Turrión, Lorena Pajares y Alberto Hernández]

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"... te digo que no, yo no puedo quedarme aquí,
si tú quieres, quédate tú,
esta vida no es para mí.
Yo quiero vivir...

Busco libertad, amigo mío, tengo que volar

Tengo que volar, tengo que volar..."

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Por fin me desaté y dejé que mi cabello volase con el viento de la noche, mientras unas breves gotitas de lluvia me ponían justito en las ganas precisas.
Los Delinqüentes me arrancaron de bien adentro el optimismo y las ganas, y salté, y bailé, y me pensé sin problemas y sin cuitas, mientras Guillermo me decía agotadito: “¿cuántas canciones quedan, papá?”.
Béjar y su comarca han estado en la calle como nunca, disfrutando… y yo casi me lo pierdo.
Hoy, para rematar, comeré con mi amigacho Paquito Ortega [que me ha invitado] y luego asistiré a su concierto con el alma abiertita de par en par para quedarme con ese ‘más’ que me dará energía para unos meses.
Y a primera hora, pues que me llamó Albertito (Halarberito) desde Xi’an, donde se encuentra ahora para asistir a la reunión de la Aca…

Pensamientos de un día de la Virgen.

Se es más feliz siendo luminoso que siendo lúcido.
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Los católicos castigan a los no creyentes con la muerte eterna, es decir, a ser la verdad a secas.
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Si me preguntas y no te respondo, ¿creerás que soy Dios?
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Creer es esperar algo… no creer es tenerlo.
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La seducción de la fe consiste en renegar de la verdad.
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Si Dios existiese… ¿para qué los hombres?
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Existo porque no conozco.
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¿Dios se mosquea cada vez que descubrimos dónde no está?
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Existir, en el caso de Dios, es un verbo vacío de razón.
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Creer implica también temer.
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La idea de Dios es profundamente ingenua, pero qué listos son los que la proyectan.
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Para ser católico es preciso contar con un importante espíritu simple.
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Sin la angustia de enfermar y morir, la idea de Dios sería otra cosa.
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La nada es el verdadero Infierno que hizo buscar al hombre el ideal del Cielo.




Piensa siempre en contra de lo que te indiquen tus ojos.

Todo urgencias y apresuramientos, todo rápido, vamos, vamos, vamos…
Llevo dos días con sus noches enredado en desatar trabajos de los de ya, en restañar olvidos de otros hacia otros, en corregir, en maquetar, en entregar pruebas, en reunirme y en volver a reunirme, en no tener resuello… ¡vaya fiestas de mierda que me estoy pegando!, y encima hoy se ha levantado Ángel medio a la fuerza porque se marea el hombrito, coño.
Necesito encontrar un ratito de calma, solo media horita en la que respirar.
Hoy estoy muy cansado.
Y lo que más me molesta es que estas menudencias absurdas me quitan tiempo de mi trabajo intelectual, me lo roban, y eso me pone rabioso, porque lo que más respeto en mi vida es ese tiempo dedicado a pensar y a escribir, a elucubrar y a intentar buscarle los trazos a mi pensamiento.


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La función de la Literatura no debe ser jamás entretener, sino hacer al hombre especial en su pensamiento y procurarle cierta evolución geométrica de la mente. El escritor que dedica su tiempo a…