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Mostrando entradas de octubre 17, 2010

Resina... [ensayo de poema para Abraham Gragera]

Resina en cada cuerpo, una resina densa que acontece y adhiere a unos con otros, que no deja ni espacio para el aire preciso... resina que enturbia al tú y al yo, que incapacita y aletarga porque obliga... resina en unos ojos, en un gesto de afecto, en una blusa, en dos manos asidas, en un par de palabras, en cada toma y dame... resina que hace pares dispares que no quieren, que hace heridas eternas e incurables... resina como tú y como yo, como cualquiera que se extienda o se encoja, que se haga espiral e incluso se haga un muerto... ¿Por qué tan pegajosa esa cruz de los brazos, lo blando entre las piernas, el filo de una falda?, ¿por qué todo ese instinto de seguirnos y atarnos y no dejarnos ser, ni estar, ni poner, ni hacer?, ¿por qué tanta resina de cada herida abierta o de cada amor, de cada rama nacida o de cada brote tierno? ‘No sé lo que te pasa, no entiendo’, le dice cada noche... y son las chimeneas las que responden siempre con olor a comida, con sensación a llaves que lo han…

Como Corisco o la isla del tiempo [mi homenaje pequeño a Emilia]

Como Corisco o la isla del tiempo... y también frugal como un sin nombre. Hay un puente fatal que separa el ardor de lo que ya haya sido, el pálpito del palor, el siendo del simple no ser... pero el problema es lo que dejas y lo que te dejas... el problema o la suerte, claro. Roscas calientes y olor a café, sandalias pensadas en invierno, la culpa, el ricino del tiempo encapotándose, la pasta de betún [¡su olor!], el caroteno, las furcias de verdad esperando luciérnagas en el local de carretera, el plinton y las alas de ángel con gomitas... Corisco en el aparato de radio y también en la cabeza, pero de otra forma... la monja enana subiendo al árbol, La Castuera [siempre la nombraban en casa], limones verdes ácidos, claveles, el ron de medianoche, Coltraine, Malou, lo yermo, vinagre y berberechos, Garbage, lilas, hierba... también rocas calientes y helados semifríos... desinfectante, azúcar, membrillos, clavo, enconos... la luz de media tarde retira a las muchachas de las calles y hace u…

Tan solo hay tiempo...

17 de octubre de 2010. El termómetro digital de la puerta de Lamagrande marcaba 29 grados centígrados a las diez y veintisiete, aunque mi coche, algo mejor puesto al día, marcaba ocho grados... pero no importaba, porque la verdad es relativa en un mundo científico que basa sus parámetros en acuerdos unánimes... ¿qué más dará 29 que 8, si el cuerpo siente exactamente lo que siente?... y llegué hasta mi estudio con ganitas de hacer y las manos mojiconas [estoy preparando algo para exponer en NOTESALVES allá por diciembre]. La verdad es que no tengo trabajo elaborado presentable y me va a tocar darle un empujón de forma a lo que haya, y ese trabajo debe ser fruto de un juego largo de acierto/error enredando con técnicas distintas y mezclando procesos o descontextualizándolos. El caso es que me lo estoy pasando bien en este proceso enreda, y además tengo visitas frecuentes de Albertito [que me animan mucho]. Ya he decidido que, si se vende algo de obra, todo lo recaudado irá íntegramente …