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Como Corisco o la isla del tiempo [mi homenaje pequeño a Emilia]

Como Corisco o la isla del tiempo... y también frugal como un sin nombre.
Hay un puente fatal que separa el ardor de lo que ya haya sido, el pálpito del palor, el siendo del simple no ser... pero el problema es lo que dejas y lo que te dejas... el problema o la suerte, claro.
Roscas calientes y olor a café, sandalias pensadas en invierno, la culpa, el ricino del tiempo encapotándose, la pasta de betún [¡su olor!], el caroteno, las furcias de verdad esperando luciérnagas en el local de carretera, el plinton y las alas de ángel con gomitas... Corisco en el aparato de radio y también en la cabeza, pero de otra forma... la monja enana subiendo al árbol, La Castuera [siempre la nombraban en casa], limones verdes ácidos, claveles, el ron de medianoche, Coltraine, Malou, lo yermo, vinagre y berberechos, Garbage, lilas, hierba... también rocas calientes y helados semifríos... desinfectante, azúcar, membrillos, clavo, enconos... la luz de media tarde retira a las muchachas de las calles y hace un frío industrial que aparca el tiempo... desvanece el paisaje la noche que se encima y hay remanso de mantas y de cenas golosas a las diez, siempre a las diez y siempre a la luz tenue de un techo que acoge y deshereda... la luz de media tarde retira a las muchachas hacia los barrios roncos de los trabajadores, las archiva en camastros cubiertas de edredones y gatos de peluche...
Aún silba el capitán en la cubierta y vuelan a su lado las últimas gaviotas como pañuelos blancos... el mar busca sus rizos y me hago una sonrisa de latas viejas y óxido... no sabe el capitán que flota tierra adentro.
La clave está en la línea de los montes del fondo, te lo dije, en línea quebrada de los montes... allí vive la huida y habita el otro lado, te lo dije, ¿no recuerdas?... desde ese justo allí la vida es otra, la mujer es otra, la soledad es otra... ¿pero es que no lo ves?... allí, justo en el fondo, donde se piensa el mar y el otro lado suyo, donde todo es más grande y más intenso... allí, ¡coño!... ¿pero es que no lo ves?... de aquel allá quisiera las copas de los árboles y el nudo de los ríos salvajes, el viento en los oteros que enseñan los océanos, los pastos en las tardes larguísimas, el acento... y turbarme mirando el horizonte de acá predeseándolo... ¿es que no puedes verlo?, si basta imaginar para asombrarte... me dijo el capitán y bebió un trago de cerveza barata marca blanca.
Pongamos proa allá, viejo... me dijo.
Yo sonreí.
Callamos.

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