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Mostrando entradas de junio 21, 2009

Sexto día de momia... o mi primer masaje no erótico.

El bueno de Joselín me convenció a última hora de ayer para darme un masaje de espalda, ponerme unas corrientes y darme una sesión de rayos ultranosequé... yo iba un poco acojonadillo, pues me imaginaba al amigo con slip de leopardo y marcando paquete... pero no, fue muy profesional y aseguro que de la hora de masaje salí bastante calmado y con cierta sensación de mejoría. Luego me puso unos parches en la espalda que hacen que parezca que me he tatuado un diapasón... y que me metí dos pastillazos y pillé cama para dormir, por primera vez desde el lunes, toda la noche del tirón.
Levantarme de la cama por la mañana volvió a ser jodido, aunque un poquito menos, y ducharme fue algo más fácil [ya he podido frotarme con energía y con jabón todas mis partes sudorras]. Y salía la calle, pues no soy tipo de pasar las enfermedades en casa... siempre me tiro a la calle para sentirme mejor [y me siento mejor] y tuve dos pequeñas crisis... la primera fue que me quedé trabado como cinco minutos en e…

Cuarto día de dolor... o sigo vivo y ya es bastante.

Me descojono de mi incapacidad ahora que la noto presente, oye, que quiero pillar el vaso de la mesa y no me llega el brazo [porque el jodido brazo tira de cintura], que no puedo calzarme si no es haciendo magia con los pies, que me resulta imposible subirme los gayumbos y los pantalones, que ducharme es como un espectáculo de danza moderna [yo en pelotas –muy moderno– y haciendo el robocop –muy de danza–], que intentar pillar un libro que esté en un anaquel por encima de mis hombros es tarea titánica... y a ratos me imagino lo que sería follar en estas condiciones [debe ser placentero para el contrario del combate cuando me da el latigazo y hago un movimiento espasmódico... lástima no probarlo, coño]... y que me sigue dando la risa junto al dolor... y que cuando me calma la cosa, me siento más vivo que nunca, más consciente de todas mis potencias y sus usos, oye, que me quiero como más.
Y se me va la olla allí donde aún hay hombres que en vez de carne y huesos [son palabras del maestr…

Creer no es razonable... créeme [tercer día con pinzamientito].

“Creer no es razonable... créeme”... oye, que me salió de pronto este aforismo, justo entre medias de uno de estos jodidos levantarmes de la silla. Parece que vuelvo a estar brillante a pesar de las cuitas de este tiempo de nones [algunos lo llaman mimosería... lo será].
Veamos...
Hay un vértigo de estatua en este dolor mío, un vértigo que pide siesta y longitud, colmenas y pechos como calabazas amarillas para ser mirados. Pestañear no duele, aunque sí algunas miradas de soslayo a lo que dicen mundo... hoy vi una muerte trágica en Irán, unos jóvenes ojos perdiendo su horizonte y un vómito de sangre.
No soy nada, pero siento el dolor, con sus agujas, de esta enfermedad levísima que me amarra en latidos de látigo y me deja como disecado en el lugar más absurdo. Es divertido verme en este rito de mantis religiosa, medio circuncidado –imagino que los recién circuncisos caminan como yo lo hago hoy–, con algo de piedra o de ladera esperando a que la hiedra suba... cojones, si hasta encender un…

Hay muertes que duelen más, aunque son lo mismo.

Entre el dolor cabrón y risero de mi lumbalgia, o mi pinzamiento, o mi ciática... que duele igual se llame como se llame... recibí llamada angustiada desde casa con la triste noticia de que había fallecido la hermana de mi amiga Elenita, la esposa de Gerardo. Debía tener unos cincuenta y tres o cincuenta y cuatro años y siempre fue una belleza de las de verdad, una criatura como nacida para ser contemplada. Pillé el coche como pude –lo de montar en el auto lo tengo muy complicado por la cantidad de retorcimientos que tengo que ensayar hasta que encuentro el puntito de subir– y me fui hasta la iglesia de Montemario, donde se celebraban unas exequias rápidas y casi anónimas. Allí pude ver a mis amigos destrozados por la tragedia y no supe más que besarlos y abrazarlos con fuerza para que supieran de mi apoyo incondicional y de mi enorme sentimiento de tristeza.
Volví a casa tristísimo y bastante dolorido, y no se me ocurrió otra cosa que tumbarme un ratito en el sofá... ¡vaya idea más ca…

Recibí paquetito de Oliverio.

Fue la fiestita de final de curso en el colegio de los críos y, como miembro activo del AMPA, me toco hacer labores de reparto de bandejitas y limpieza de patio [el personal paterno piensa que por no estar en la directiva de la asociación de padres, los que sí estamos tenemos que ser servidores humillados... vamos, que nadie echa una jodida mano ni para quitar la basura que dejan a sus pies ni, siquiera, para hacer el gesto de tirar sus deshechos a los contenedores puestos al caso]. La cosa es que no pude participar en la preparación de la merienda [cortando chorizo, queso y haciendo la sangría fresquita] porque coincidía con mi horario de curro, y eché el resto en repartir bandejas de embutido entre los asistentes, llenar vasos de Fanta a los críos sedientos, barrer el patio, retirar las mesas y tirar las bolsas de basura al contenedor. Y me quebré, je, je... me caixo en Soria... me quebré como un arbolito tronzado y hoy tengo un ataque severo de ciática que me hace reír de dolor cad…

Poema al Príncipe.

Eché media horita a leer a Pier Paolo, exactamente el librito "La religión de mi tiempo". Es verdaderamente extraordinario, sí, verdaderamente extraordinario.

Poema Al Príncipe

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida…
Para ser poetas hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

Pier Paolo Pasolini

Comulga algo sólido.

Fue una vorágine, una locura en progresión geométrica, un éxtasis que me tuvo atareado todo el sábado en un frenesí que no recordaba... toda la tensión que se había acumulado en mí durante la última semana, salió ayer como un chorro potente y delicioso.
Había encontrado un ejemplar de “Camino” y mi cabeza roló hacia esas islas necesarias en las que uno se bebe el océano entero. Olvidé el prosaísmo de los asuntos diarios y me puse a darle vueltas al librito... se me ocurrían muchas cosas, demasiadas... pero yo quería hacer en el libro una intervención absolutamente indecente, una de esas intervenciones que te dejan blandito de placer y sacan toda la mierda que llevas.
Después de valorar cada una de mis ocurrencias, caí en la cuenta de aquello de que “Dios está en todas partes”... me dije... también estará en las mías... y en las de los demás, coño... y enseguida se me vino a la cabeza lo que ya es título de este tuneo: “Comulga algo sólido”.
Y todo llegó rodado... “partes”... “comunión”..…