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Mostrando entradas de octubre 7, 2012

Comienzo de la otoñada bejarana con homenaje agradecido-

Después de los hermosos gestos de los que he sido acreedor en los últimos días (gracias, Hugo... gracias, Urah), debo confesar que he roto a llorar como un crío y me ha sido imposible retomar la lectura de Marianne Moore y de Wallace Stevens, autores a los que estoy dedicando los últimos días... así que decidí salir a respirar tranquilo toda la mañana para calmarme, tomé mi Nikon con un objetivo macro e hice este homenaje de color a mis dos amigos, el color del hermoso comienzo de la otoñada bejarana, tomado justo en los lugares que paseamos hace unos días Hugo y yo. Para ellos, para Hugo y Urah, quedan estas tomas mágicas que contienen toda la amistad que puedo darles.
Os quiero mucho.


















Verídico y reciente...

De ahora mismo, lo juro.
Entra en mi imprenta una mujer de unos cincuenta años muy bien preparada: Buenas tardes. Venía a ver cuánto cuesta sacar un libro.Bien, antes debiera traernos un documento informático con el texto para que calculemos la paginación, ajustar el tamaño que usted quiere, saber si desea las cubiertas en color o a una tinta, si hay que maquetarlo o lo trae usted maquetado... una serie de cuestiones que necesitamos saber para acercarnos al precio.Sí, pero si me pudiera decir cuánto ha costado alguno de los que haya hecho...Por supuesto...Y miré en el computer, en la sección de libros realizados, busque los ejemplares para enseñarle, los miró mientras decía que unos le parecían pequeños, otros demasiado grandes, que el papel no le gustaba... esa serie de cosas que se dicen cuando uno no tiene nada claro. Entonces me miró fijamente a los ojos y me preguntó: ¿Y qué voy a ganar yo con todo esto?Pues no lo sé, usted sabrá qué precio le pone al público, luego está venderlos y …

Ascaris...

Ascaris lumbricoides, heteras animales del mundo más pequeño... ¿acaso es un problema la entropía o el jodido euribor?, ¿lo es el cambio de hora?... vuestro existir nematodo y parásito no entiende de otra cosa que afecte a la existencia de diario, al encontrar nutrientes con los que hacer el gasto de la energía precisa y al perpetuar la especie con juegos en el huésped... todo igual que el vecino de aquí al lado, que vive en unas nalgas que no quiere, pero que le alimentan; que toma su vinito a mediodía sin saber que a la puerta del barucho está el mundo enterito con sus guerras y todo... tan solo podrá diferenciaros el bastón de castaño en un desnudo.

En la masmédula y una polución inesperada.

Estando esta mañana “En la masmédula” (muchos días la visito en estos tiempos, porque me da rubor, caricias, alma...) me dieron unas ganas irresistibles de orinar y lo hice justo en “Mito / mito mío” mientras miraba la página aledaña entre el tirititrán miccionativo, el golpeo del chorro en “mientras declino en cualquier tiempo” y el escurrir gotininero de la minga... era el poema “Ella”, una fiebre sin más o con muchísimo más... y me quedé pasmado con la pilila afuera y medio agusanadilla... “Es una intensísima corriente / un relámpago ser de lecho / una dona mórbida ola / un reflujo zumbo de anestesia / una rompiente entre florescente / una voraz contráctil prensil corola entreabierta / y un rocío afrodisiaco / y su carnalesencia...”... ya se marcaba a presión pura el aro del retrete en mi muslamen cuando empecé a flipar como hago siempre que orino con Girondo... ofidia la mujer, ofidia ella, tragalotodo ella o traganada, asfixiante a ratitos, distraída, traída y por traer, hecha y …

Piscinas azules...

Ahora que pasó el verano en estas latitudes, se me viene a la frente el fulgor estival de las piscinas, su azul casi imposible de cloro y algicidas, el blop-blop casi sordo del agua en las paredes y las bañistas sin gorro de baño y merienda... entonces, hace pocas semanas, apenas eran nada las piscinas para este gato ciego... pero hoy ya forman parte de la magia del día para hacerme saber que siempre quiero exactamente lo que no puedo tener, y lo quiero como imagen perfecta para mi imaginario desnortado... azules las piscinas y llenas de sirenas con bañadores divinamente escasos, con tirantitos liebres que juegan a caerse levemente, con pies siempre desnudos y llamadas al sol para que creme como una mano diestra las pieles intocadas... azules como unos ojos azules que te miran y no sabes si desean o simplemente miran... y ese protocolo de la ropa... sacarse sin pudor la camiseta, bajarse el pantalón o la faldita, colocarse los pechos en los tersos cazuelos con engaño o sacarse sin más…

La inminencia...

La inminencia como forma de vida, su cernirse con asma sobre nuestras cabezas para dejarnos quietos... ese ‘ya’ que trafica con las respiraciones, que las acelera o las deja trabadas... la inminencia como el justo castigo al pecado diario de vivir, como justo castigo a este ‘ser de futuro’ que nos hemos montado, olvidando que el refugio era siempre el árbol alto y esperar a que el torvo carnívoro valorase con tino que ya no éramos presa... la iminencia en las cosas que nos rodean, en la gente a punto de morir cada minuto o a punto de seguir viviendo, la inminencia en las deudas morales y económicas, la iminencia en el acto de amor, en el odio, en el saldo diario de miradas y tactos, en la caducidad de cada gesto... la inminencia como agravio al sistema nervioso, como espasmo al previsto ‘dejar de tener’ que nos acecha, como lección primaria para los que no entienden que ‘dejar de tener’ no es ‘dejar de ser’... la inminencia como justo ejercicio colectivo del sí y el no. La inminencia d…

Esa intensa luz que no se ve... y mi silla Wassily...

Sentarme a leer en mi silla Wassily es volar en su estética con los cuerpos tangibles que la hicieron certeza alguna vez... y en ese extrañamiento delicioso soy consciente de que ocupo un espacio que antes supo sereno de otros cuerpos que ahora son ilegibles... al cabo de un ratito de lectura me presiento incapaz y me domina un delicado ahogo de viaje a algunos de esos cuerpos que ocuparon su hueco con voluntad de nada... entonces me adormezco levemente y descalculo el tiempo como un H. G. Wells venido a menos que sabe que el viaje es el destino (Kavafis lo alumbró y yo lo someto)... los viejos habitantes de mi silla aparecen sin más, cansados, buscando algún reposo descendido... voluntades con hambre de saber que miran fijamente a algún ponente, desnudos imposibles intentando soñarse atardeciendo, algún fragor clorhídrico o una pasión frugal resumida en un dedo acompasado... todos los habitantes de mi silla van tomando postura acomodada frente a mí, me miran sin saber que aquellos ge…