Uno, que es florculero para ciertas cosas –para otras bastante daoporculo–, tiene a veces la suerte de estar en el lugar preciso y en el momento indicado [debo decir en este punto que las cosas buenas jamás llegan solas y que hay que poner un poquito de tu parte para que te penetren o te toquen]... así, fuera de esta ruina total de pelas que es comedero propio en estos días, siempre me las arreglé de puta madre para coleguearme con la gente que me gusta, de tal guisa que alguna vez abracé fuerte a Amparitxu Gastón mientras recordábamos versos de poeta Celaya... casi ejecuté a Ángel González mientras se bajaba de mi coche y yo arrancaba ante la mirada estupefacta de Susana y el pavor de mi Morante... comí un cocidito madrileño con Pepe Hierro en su bar de siempre para celebrar el Cervantes... canté canciones de borrachos con aquel hermoso Claudio semiterminal... me descojoné de risa con Jesús Hilario Tundidor cuando se quitó el bigote por un accidente de buceo [eso contó, que yo aú...
Bitácora de Luis Felipe Comendador