sábado, agosto 02, 2008

'Por favor, ¿me das fuego?'

Me lo prometió hace ya más de una año y lo ha cumplido a pies juntillas. Sí señor, Maite Iglesias es una mujer de palabra. Me dijo entonces: ‘un día iré a Béjar, te pediré fuego y no me reconocerás’. Y lo hizo la puñetera, y confieso que no la reconocí al primer instante, aunque mi mente procesó rapidito y me quedé absolutamente patidifuso, casi sin habla y sin esa capacidad de reacción que tantas veces me ha hecho falta y no ha querido acompañarme jamás. Le hice una foto rápida, me dijo que andaba con unos amigos y que se alojaba en La Casa Inglesa, y desapareció… y yo permanecí sin habla como veinte minutos. Cuando reaccioné, la busqué con los ojos para charlar tranquilos y tomarnos algo, pero no fui capaz de volver a enfocarla entre el gentío. En fin, que soy un desastre para recibir amigos y ya está, un puto desastre de mierda [hoy llamé varias veces a La Casa Inglesa, pero sin obtener respuesta]. Mil perdones por mi desatención, Maite guapa. A ver si hay suerte esta noche y coincidimos de nuevo entre el blues y el gentío.

En fin, al tema. La primera noche blues fue molona [eso sin sumarle el encuentro que me dejó absorto] y estaban los de siempre, y casi en los mismos lugares y bajo las mismas dosis de lo que fuese. Zach Prather fue el aviso primero de lo que se nos venía encima: elegante sobre el escenario [solo disonaba un punto gordo su guardapolvos de cortina de salón antiguo], el periquito de Chicago ofreció un concierto de purito blues lleno de matices que me puso en ciertos momentos la piel de gallinita… luego vino John Lee Hooker jr. con una puesta en escena magnífica y un dominio de la cosa fuera de cualquier duda si nos abrigamos con su mirada showman y nos acogemos a falso latido bien entrenado de su corazón… zapatos de serpiente, pantalón de paño con la raya medida y bien tirada, chaleco pluriflor, botón de gargantilla perlado, pañuelo blanco de algodón en la mano izquierda, sombrero de ala corta con plumita… así completó temas conocidos que me hicieron saltar como un adolescente mientras recordaba al gran James Brown con su cosita sex machine [lo pasé de puta madre con el perico de suerte genética y le pedí que me firmase una camiseta… soy así de fetichista a veces]. Terminamos con Blues Caravan y me emocioné escuchando y mirando a la jovencita Candye Cane, que resultó ser poseedora de una fuerza descomunal en sus interpretaciones mezclada con un harmosísima candidez casi agotadora [eché de menos más música de esta chiquilla]… y me relamí con el pedazo de mujerona que es Dani Wilde en el escenario a pesar de las plumas y las medias de rejilla, de darme cuenta de que la voz enorme que contiene ese cuerpo es absolutamente sobresaliente [un beso para ti, bluesera rechula]… y se remató la cosa con una Deborah Coleman que, a pesar de que no estaba en su mejor noche –se patentizaba su incomodidad en los gestos que hacía a sus compañeros de escenario–, remató una actuación brillante.
Del resto, de los naufragios individuales, de las kurdas goliardas, de las escenas pijoapartes, de los runrunes cocolisos… no voy a hablar este año… ni tampoco de las diosas [José Antonio me presentó a la suya particular] ni de las mujeres más dignas del Levítico bibliero que de las blueseras noches bejaranas.

Yo disfruté como un enano y vi a Maite como en un sueño imposible, y bailé, y bebí, y me sahumé, y reí mucho, y abracé a un montón de coleguitas viejos, y vi a mi Miguelón feliz de nuevo [mira que le cuesta al jodío], y disparé mis cámaras hasta el agotamiento, y sentí que sigo igual que ayer, hecho unos zorros estupendos con los que sujetar los días.
¿Dije que vi a Maite? Sí, coño, creí que se me olvidaba.

viernes, agosto 01, 2008

Voy de blues.


Voy de blues ya mismito… pero antes me encuaderné una pila de revistas con la jodida cola a 180 grados, aguanté a un par de tipos pelmas como la mismita madreiglesia, premaqueté el programa de fiestas bejarano, sude de ver al colega Josetxo apurado por la decoración del hotel que tiene entre manos [entre mis jodidas manos], me descojoné porque a Paulino le entró el miedo escénico y no ha ido a currar ni descuelga el teléfono cuando le llamo, me alegré porque mi Cipri pasó la ITV con sobresaliente cum laude y, como guindita cabrona, me descargué los mil y pico kilos de papel de la revista de fiestas de Hervás en la Casa de la Cultura de la villa… y con subida cabrona de escaleras interminables hasta la puerta de Radio Hervás [a Marcos le debo una putada par]… pero voy de blues ya mismito… y antes me comí un tiramisú a la menta [compartido con Luis Rodríguez] mientras miraba a la camarera relucir entre las mesas como una cinderella divina de Piedrahíta, y supe a mi Juanito con café y abrazotes, y gocé una sonrisa Miguelón, y me acordé de Lorenilla peloverde y su sonrisa clara, y eché de menos unas palabras de Belencita, y me dieron ganitas de unas notas cellinas Maite Iglesias, y yo qué sé qué más… ¡Ah!, sí, que estuve un momentito con Guapalupe y el mamonazo de Antúnez, que se va a Venezuela [envidia tengo, sí]. Y eso, que estoy de blues como se está fiesta molona.
¿Venís?

miércoles, julio 30, 2008

Vivir es acertar y equivocarse.


Abrir los ojos y sentir los tendones carcomiendo sus ganas en los huesos, y notar cómo la mano hormiguea después de hacer de almohada impenetrable, y percibir el nítido empujón de la vejiga en el sexo abultado por la noche, y ver borroso entre los mil avisos que me punzan todo el cuerpo con su ‘ya vas mayor, viejo elefante’… y pisar las calles nuevamente, haciendo del himno Milanés mañana y horas… y volver a abrir los ojos y saberme paisaje en el paisaje, hombre entre los hombres, abstracción en este mar concreto en el que todo tiene nombre y ocupa un espacio aleatorio y vivo.
Vivir es ser de nuevo cada día, hacerse en la mañana y poner orden en todo lo mirado y recibido, libar labios ajenos, ser vencido por cualquier contoneo en una esquina y atinar a decir: ‘soy yo y me quedo’.
Vivir es no pensar mientras recibes el oxígeno justo que precisas y la mano de aquél que no te pide sino un nítido aval a su existencia… también es persistir en repetirse en los gestos sabidos para hacerlos genética esencial para mañana.
Si al ser sientes vacío, busca roces; si al hacer no precisas en lo neto, dentente algún segundo y mira adentro; si al moverte no atinas en el gesto, retoma tu camino y busca huellas que no sean de tus pies ni de tu talla… y síguelas sin más, que alumbran signos.
Vivir es acertar y equivocarse, tener y no tener al mismo tiempo, sentir que en cada ausencia hay un indicio que es digno de llevarse hasta su límite. Vivir es ser consciente del abismo y procesarlo en clave de alto vuelo; vivir es desear, poner en celo el paso que darás, decir a voces ‘soy y estoy’, ir a por pan reciente al mediodía o hacer una visita a la peluquería de la esquina para que te adecenten el cabello… vivir es recordar y hasta olvidarse de lo que fue suceso hace un segundo, buscar el ánimo o el empujón precisos, cabalgar algún cuerpo aunque sea soñando, perpetuarse en todo lo efímero, mover los párpados para engrasar los ojos, tocar y sentir que te tocan, contar tus cicatrices lentamente y darles la razón que necesitan, herniar algo de tarde con tus manos, apresar el milagro de lo que eres, sudar y hacerte sangre, ser lascivo, ser ardiente, ser misterio, ser pantano, ser reúma de gestos y lumbre de ceniza, ser fiebre, ser rincón, ser en unas caderas, ser caimán, ser gotera y arteria y tendones y carne y presencia y hangar y saliva viscosa y ceguera y metales y barro y pupilas y muslos… y ese aire que sale y que entra, el que quizás estuvo en ti hace un ratito y se te escapo con la voz.
Ser memoria y no serla es la vida.

martes, julio 29, 2008

Mañana tarantina.

Mañana tarantina porque la camarera deliciosa se soñó vigilando mi ordenata y despertó entre sudores fríos, porque brindé al Sol en el centro de la plaza de toros bejarana, con mi montera de Caja Duero, la primera faena de la mañana; porque hay una crisis que para nosotros es bilis y para el cuerno de África y la testud de latinoamérica es hambre, porque vi al colega Cipriano como un hombre respirando entre los hombres, porque leí a Valéry aquello de que “Está claro que aumentar, profundizar un pensamiento más allá de cierto punto, se opone a la vida… … la vida es lo ajeno al pensamiento – el enemigo.”, porque mi plan de pensiones con La Caixa arroja pérdidas en bolsa de más de un 5%, porque le advertí a mi hijo Guillermo que Narnia no existe y me miró raro, porque en el círculo cerrado vida/muerte hay aún descreídos y asombrados, porque el Loctite se me pega a la piel y me queratiniza, porque me cizallé las manos colocando el puñetero letrero luminoso de Félix Metro y ahora me escuezen como amigos íntimos, porque la camarera se puso un pañuelo naranja en la cabeza y enclavó un colgante de bola entre sus pechos golosos para irse a Helmántica a visitar a la inefable Angelina [hola, Angelina, ¿cómo te va, tía?], porque mi Felipón no arregla su habi y me pongo frenético, porque mi Mariángeles está desaparecida en combate y padece abulia de Historia del Arte [yo también la padecería en su lugar, claro], porque no llego a fin de mes de nuevo y, a mayores, se me ha caído encima el que mea en las esquinas de su despacho presidencial y me ha dedicado una ponencia de radio completita [como se entere mi padre va a haber más que palabras]… Sí, coño, una mañana tarantina para mirarla entre vísceras y cuajarones de sangre, pero con tranquilidad y con cierto humor ácido.
Este pueblo mío tiene sus rufianes con corbata, pero no son ni graciosos, como en otros lugares; sus empresarios tartajas de pecho inflado por las ínfulas extrañas de representar algo, sus estupiditos con despacho a los que conocí de chiquitillos con los mocos pegados justo en la comisura de los labios, sus mecánicos y albañilitos venidos a más… todos destructivos y aprovechados, todos buscando lo suyo mientras joden bien a los demás y se llenan los bosillones de sus americanas y las de sus coleguitas con las monedas que sobran… una mierda para ellos.
Cómo iba a faltarnos esta ganga entre la mena extraordinaria de gente chula que puebla el sitio.

lunes, julio 28, 2008

Así está España.


Casi todos los días tengo conversaciones de trabajo que tocan lo absurdo, pero la que tuve hoy con un comercial de una empresa con la que solemos trabajar ha sido realmente especial. Transcribo y no exagero [aunque me inventaré los materiales, pues no recuerdo los nombres específicos]
Yo: Buenos días, soy Felipe Comendador, de AGH impresores, te llamaba para encargar unas impresiones de gran tamaño sobre metal.
Comercial: Ahá, un segundo, que tomo papel y boli para anotar… Ya, dime.
Yo: Verás, son 16 impresiones sobre aluminio blanco en 150x120 (ya te he enviado los documentos vía mail a tamaño y en JPG) que, una vez impresas, debes cortarme en losetas de 30x30 con el borde limpio, pues son para decoración y deben quedar impecables.
Comercial: Mmmm… dices que sobre aluminioooo… 150x120… losetas… mmmm… ¿y cómo las corto yo?
Yo: Pues imagino que como cortas todos los trabajos sobre aluminio…
Comercial: Ya, claro, seré tonto… sí … sí. Oye, y el corte… ¿será recto o curvo?, porque si es recto va mejor en Prinflog, que es un material muy moldeable; pero si va curvo, es otra cuestión, nos iríamos mejor a Devonprint, que es absolutamente novedoso y…
Yo: Dije aluminio blanco…
Comercial: Ya, ya… ¿y va a ser para exterior?
Yo: No, es todo para interior.
Comercial: Claro, claro… entonces mejor nos vamos a ir a un material de última generación que deja un acabado de puta madre… sí, Asproink, es insuperable para interiores, aunque para los cortes curvos no va bien si lo que quieres es un trabajo fino.
Yo: Que no lleva cortes curvos, que son losetas cuadradas de 30x30…
Comercial: Claro… es un verdadero problema. Espera, que le consulto a un técnico holandés que está en la sala de máquinas y sabe de esto la hostia, un segundo… Ya. Mira, me dice que lo mejor para exteriores es Prinflog, pero que no se remata bien en cortes curvos…
Yo: A ver, si yo quiero aluminio blanco para interior y en losetas cuadradas de 30x30 con los cortes rectos y limpios.
Comercial: Sí, sí, es todo un problema. ¿Sabes qué se me ocurre?, estoy viendo el catálogo de soportes y hay aquí uno perfecto, ecanja justo en lo que me pides, la impresión es indeleble para exteriores y se puede cortar hasta con un cutter, con lo que no nos dará problemas para los cortes curvos…
Yo: Pero yo no….
Comercial: Ves, se llama Luxmarine, aunque tiene un problema, que no es blanco del todo, tira más a beige o cremita café con leche muy diluido, claro, y tú lo quieres blanco, ¿no?… aunque te quedaría de puta madre, ya lo estoy viendo…
Yo: Pero…
Comercial: Oye, y estoy pensando yo… ¿estará expuesto a la lluvia?, porque para la lluvia hay un material tope resistente, Plugiolag. Oye, que lo puedes hasta lavar en la lavadora y permanece la impresión como el primer día…
Yo: Atienende, por fa…
Comercial: Es todo un problema… a ver cómo lo cortamos, porque, claro, es un material que no hemos probado todavía en corte. Espera, que vuelvo al taller a preguntar… Ya estoy. Mira, que me dicen en taller que ese material es complicado de trabajar, porque hay que imprimir con pantones especiales… tú verás, es bastante más caro…
Yo: Por favor, déjame hablar un poquito y te enterarás de mi encargo: quiero 16 impresiones sobre aluminio blanco en 150x120 que, una vez impresas, debes cortarme en losetas de 30x30 con el borde limpio, pues son para decoración y deben quedar impecables. Creo que está clarísmo, coño. Un material tradicional, el aluminio blanco y unos cortes sencillos en ángulo recto, nada más.
Comercial: No, si yo te entiendo, pero es una lástima no podértelo hacer en Plugiolag, coño, bien que lo siento. Mira, pone en el catálogo que es maleable, miscible, impermeable y un par de cosas más en inglés que no entiendo… una verdadera lástima… ¿sabes?, tienes que convencerte de que lo mejor son los materiales tradicionales y pasar de tantas modas y tantos productos novedosos, que al final el mejor resultado lo dan los materiales de siempre… yo te recomendaría el aluminio blanco sin dudarlo, eh… sabes que somos amigos y no te engañaría en esto… donde esté el aluminio blanco, que se quiten otros soportes, coño. Os dejáis llevar por las modas y luego siempre pagamos nosotros con vuestras quejas… oye, pero si tú quieres otra cosa, aquí estamos nosotros para servirte lo que pidas, que para eso tenemos la mejor tecnología del sector… … Entonces, ¿en qué quedamos?
Yo: ¡Joder!, pues en lo que te he dicho desde el principio de nuestra conversación: 16 impresiones sobre aluminio blanco en 150x120 que, una vez impresas, debes cortarme en losetas de 30x30 con el borde limpio, pues son para decoración y deben quedar impecables.
Comercial: ¿Aluminio blanco? Buena decisión, de verdad, muy buena. Lo que no sé es cómo van a quedar los cortes curvos…

Colgué para no enfermar y mañana volveré a repetir el pedido.
¿No es para cargarse a un tío?… Así está España.

domingo, julio 27, 2008

Palabras para Urah-dal.

En 1957 nací yo, pero Borges ya había escrito la “Historia de la eternidad” y Girondo había publicado “En la masmédula”… ¿qué podía hacer?
Pasé mis años verdes en el escondite mediocre y bellísimo de Béjar, y salté a Salamanca como un gañán con mis quince años ya algo usados… allí encontré “las flores del mal”, pero no pude dar con una casa del verbo parecida a la de la calle Suipacha que cuenta Pellegrini [cruz llevaba, pero no encontraba mi Monte Calvario]. Junto a las mitocondrías y a los dondiegos de noche me llegó el aroma delicado y mordiente de Aníbal Núñez, pero tampoco supe que había que aprovechar el momento y lo dejé pasar como se mira un cuadro que gusta: con impresión y con conmiseración hacia mí mismo.
Luego, poco a poco, llegaron las lecturas que me hicieron jurar en arameo, justo aquellas que decían exactamente lo que yo iba a decir… Montale, Brodsky, Cortázar, Huidobro, Octavio Paz, Roa Bastos, Pizarnik, García Márquez, Marinetti, Onetti, Nohra Lange, Carpentier… entre todos me hicieron un siete en el justo centro de las ganas y creí que nunca podría concretar palabras mías [es probable que aún no haya concretado ni una sola]. Hasta que decidí [o caí en la cuenta] de que era [soy] hijo de esas letras y de esos gestos. Fue justo en ese punto, en la aceptación de esa paternidad creada en mis lecturas, donde noté el tirón de la escritura y supe que debía relajarme y decir, sencillamente ‘decir’… y lo hice y lo hago sin temor ya y sin vergüenza alguna… y es así porque, al cabo, debe ser voluntad del hombre [también alta obligación] interpretarse y buscarle las vueltas al mundo con ajustadas notas al margen. Y eso es lo que vengo haciendo desde donde ya apenas recuerdo.
Me siento obligado conmigo mismo, con mis cercanos y con el resto de la humanidad a anotar cada día el legajo de planos vitales que considero piezas de este puzzle agotador y hermosísimo, y siempre desde mi punto de vista [pues no existe otro que yo pueda llevar a palabras], desde mi estado de ánimo y desde mis miserias y mis pequeñas glorias. Así, Urah, tengo la alta obligación de aparecer en mis letras exactamente como soy, a la vez que plasmar la postal del mundo justo como la percibo… y con ello aceptar mis defectos y gozar de mis virtudes, y con ello alimentarme y vaciarme a la vez, y con ello reconocerme y conocerme un poquito mejor… y con ello no sentir que mi paso es el justo vacío o el prosaísmo de una nada.
Nací en 1957, pero Picasso ya había pintado su obra fundamental y yo no tenía la genética de Eduardo Arroyo, así que busqué mi tono, mi trazo y mi postura mejor para decirle al mundo y a mí mismo quién soy, cómo soy, hacia dónde quiero ir… y con ello intentar que un par de personas tomen mi palabra y la usen, la mastiquen o la vomiten [cualquiera de las reacciones que provoque supone un paso adelante… justo porque es ‘reacción’ y, por tanto, convulsión o movimiento].
Por todo ello debes saber que ‘busco’ al escribir o al intentar crear y que ‘encuentro’ cuando alguien hace idea mis palabras escritas o mis gestos toscos sobre el papel [da igual que conveza o que encuentre posiciones enfrentadas a las mías].
Y sigo porque sé que ese indicio está vivo cada día en cada palabra que escribo, y que te llega a ti, aunque sea de mala manera y para devolverme tus sabrosas saetas directitas al centro de mi rabia.
Uso mi calidad de hombre para intentar ser hombre de verdad, y no suelo esconder casi nada, ni de mí, ni del mundo.
Un besote.

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Tengo la vaga sensación de que todo sucede como si yo no existiese, de que al mundo le sobra mi energía y no me concede el valor que me debe como hombre que late y muerde. Quizás por eso me toca los cojones casi todo. El poder, al día de hoy, se obtiene por representación o por posesión [ya no por experiencia, conocimiento o sabiduría]. Quien representa a un colectivo grande de hombres puede alzar la voz y ser escuchado, aun sin tener un sustento reflexivo y formativo solido [suele ser la norma], y así nos va, pues quien representa se deja generalmente en manos de quien posee y aprende a mirar por sus ojos y a asumir sus interesadas decisiones.
Yo estoy en manos de mi banco, que me da o me quita y, enfunción de ello, puedo moverme o debo quedarme absolutamente quieto… estoy en manos de mis deudores, que modulan sus pagos al socaire de sus necesidades y no de las mías, si es que llegan a pagar… estoy en manos de los políticos pequeños que medran en las administraciones y hasta se dan el lujo de nombrarme para mal [pocas veces lo hacen para bien]… estoy en manos de asociaciones tan inserenísimas y tercas como la Cámara de Comercio, la SGAE o la asociación para los derechos reprográficos [CEDRO], que comen de mí, viven de mí y me castigan con sus miserables limosnas [además de llevarse trabajos tradicionales de mi empresa a otras más afines a sus grises mandatarios]… estoy en manos del Ministerio de Hacienda y de su Seguridad Social [a los que apoquino del orden de 100.000 euros al año entre ivas y venivas, cuotas y pijardos, pagos fraccionados e impuestos indirectos por tabaco y gasofa…]… estoy en manos de la vecina de enfrente, que no me deja aparcar y me pone verde si fumo o me estiro para quitarme la galvana… estoy en manos de los gobiernos norteamericano y soviético, de la trilateral, de los cinco, de los miembros de la OPEP, del zorolo Movistar, del señor de los anillos de los calzoncillos Abanderado, del proveedor de papel, del tesorero municipal, de mis tres hijos naturales y de mis dos hijos pseudoadoptivos, de mi suegro, de mis padres, de mi esposa y del cobrador del gas… y aún así, teniendo tantos tipos intereses en mi persona y en sus usos y gavelas, sigo con esta jodida sensación de que todo sucede como si yo no existiese.
¡No es posible, coño!