
23 de enero de 2009
Dado el mundo en que vivimos, en el que lo que no resulta eficaz se toma por fallido, es curioso cómo nos hemos acostumbrado a decorar de eficacia todo lo vacío para darle salida a corto plazo [parten mis palabras de hoy de la interesante lectura de una conversación entre Fernando Colomo y Mariano Bayón, publicada en el nº 4 de la revista “Arquitectos de Madrid”, que amablemente me prestó hace unos días Guadalupe]. En todo se busca resultados contables o narcisos sobre cualquier argumento de armonía o necesidad. Y en literatura, en poesía, también existe esa tendencia generalizada [pues son síntesis del tiempo que nos toca], la de escribir con eficacia.
Los grandes editores saben muy bien cómo se manejan las tendencias, y es por ello que siempre venden nombres en vez de literatura, venden nombres que antes promocionan en los medios de masas por los caminos más inimaginados [escándalos, ridículos públicos, intimidades de lo más prosaico...] a los que obligan a cumplir con ciertos parámetros que no son literatura en ningún caso, parámetros que deben responder a los gustos, las afinidades y las preocupaciones de los posibles lectores [es normal que cuando un ‘nombre’ firma con un sello de postín, éste le exija por contrato extensión de su próxima obra, contenidos, nombres de los personajes principales, problemas que inexcusablemente tienen que figurar en la trama, características obligatorias de sexo, moda, religión, comportamiento... tiempo y lugar... circunstancias y posibilidad de tocar el final en la última lectura antes del arte final]. Eficacia allá por donde se mire, eficacia en el nombre, eficacia en la ‘creación’ [?], eficacia en la presentación y, sobre todo, eficacia en los resultados contables.
La verdad es que yo podría escribir así si me pagasen bien, incluso entraría en el juego de los escándalos y las salidas de tono en prime time o me vestiría de lagarterana para hacer un consultorio sexológico on line... y estaría escribiendo como pide mi tiempo, con eficacia. Lo haría, lo juro, si me lo pagasen bien, igual que lo han hecho algunos coleguillas [no se lo echo en cara porque sé que salir adelante con decencia literaria es demasiado duro].
Si entramos en el terreno de la verdad individual, del sentido ético de lo que hacemos [más en la edad en la que ando metido], entonces es absolutamente preciso apartar la eficacia para empezar a pensar en la autenticidad, en ser en la escritura lo que se es en la vida y no lo que se quiere parecer... y la verdad es que, si no se quiere sufrir, hay que tener cierto statu que lo aguante o una fuerza inimaginable.
Dice Mariano Bayón: “las cosas no pueden ser buenas o malas por quién las ha hecho... las cosas tienen que ser por lo que son... es como si debajo de cada interruptor tuviéramos que firmar ‘Thomas Edison. 1883’...”
Disfruté, Guadalupe. Muchas gracias.
Yo siempre había pensado que escribir con oficio es sólo la primera parte de la tarea del escritor, no el final de ella. Dentro de nada, lo podrán hacer ellos solitos los ordenadores.
ResponderEliminarNo me he olvidado de la propuesta que me dejaste en el blog: la acojo, la acepto y participo. He estado saturado de trabajo: me pongo este mismo fin de semana.
Todo está relacionado: literatura, cine, poesía... !&?¿!!será que somos una unidad de destino en lo universal!&?¿!!
ResponderEliminarLa verdad: yo también me prestaría a escribir lo que fuera a buen sueldo.
No te imagino vestido de lagarterana, estarías muy gracioso. Me pido primer en la cola si algún avispado toma nota y te contrata.
Me parece que tu amiga Guadalupe te esperaba en el estudio para hacer unas fotos para SBQ ¿no? Tal vez perdiste tu oportunidad, forastero.
Ay Sr. Comendador, que hoy me acordé de Vd. lo que no está en los escritos...(por tu post del otro día):
ResponderEliminarQue esta mañana me miré frente al espejo (de pies a cabeza) y por casi me mareo del sussssto (ejemm, yo no pienso entrar en detalles); que prediqué con el ejemplo y fui al médico en medio de este viento "hipohuracanado" -coño, que cuando me vi en el cristal llevaba unos pelos que parecía la cabeza de Medusa- y que me ha dicho que tengo lummmmbaaagooo. Vaamosss, vaamoss.
Un besín
Dnc
Perdón, quise decir:
ResponderEliminarTodo está relacionado: arquitectura, cine, poesía... todos son actos creativos.
De nada. Gracias.
ResponderEliminarA ver. Me ha costado dos güevos y medio entrar en nuestro blog.
El proceso creativo es muy similar, ya sea para pintar, escribir o lo que sea. La arquitectura es un poco diferente -solo un poco- porque además, necesita servir para algo, pero también esa es la ventaja: puedes partir de algo (un programa, una parcela, lo que sea): ese es el "título" del poema.
No me gustan los arquitectos estrella, ni los museos que no guardan nada y solo son esculturas. No me gusta prescindir de ese hecho diferencial (de la arquitectura). No sé si me explico.