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De lo fantástico.


19 de enero de 2009
Todo lo que me sucede es fantástico porque no tiene explicación antes de ser, no la acepta mientras es y no le cabe cuando ha sido. El problema es que a veces me olvido de ello y tomo por realidad tangible lo que es fruto de mi constante fantasía... entonces me doy de bruces contra la pared que son los otros.
Mi solucionario es fácil, bien fácil: no olvidar que vivo y sobrevivo en mis fantasías y perseverar en ello y en ellas hasta el último aliento.
Sé que no puedo acceder a demasiadas cosas ni a innumerables conocimientos, pero mi fantasía me da ‘posibilidad’. Si no está escrito el poema que necesito, simplemente lo escribo... si no existe la novela que quiero leer, sencillamente la transporto de mi cabeza al papel... si el mundo no me da las claves para que coincida con mis premisas ideológicas y estéticas, edifico un mundo propio y me pongo manos a la obra.
Así, desde lo fantástico, es posible hacerlo todo [o, como poco, comenzarlo todo]. Y ahí vibro, ahí disfruto, ahí crezco como un lirio o como un árbol seco... y me quedan la sensación de, la sensibilidad de, la satisfacción de, las ganas, el ardor... y esta fe en mí mismo que se hace poder algunos días y otros se hace humo.
Y siempre, desde mi fantasía, busco la facilidad y la encuentro... entonces todo se ve nítido y enfocado.
Lo primero, siempre, es convencerme de lo que quiero hacer... lo que viene después es pura vida.
•••
La poesía pide al poeta que se busque en lo difícil, es decir, que se concrete con suma delicadeza en su pensamiento y busque entre las tramas de su idioma lo más cercano a la pureza de esas ideas para hacerlas expresión. Es por ello que el poeta debe dominar la palabra y saber trazar con ella elipses y perfectos polígonos que incluyan la limpieza del trazo y la equidistancia de los significados en la mejor simetría auditiva.
Hacer poesía es dibujar sonidos que en su conjunto proyectan una idea compleja... una idea dispuesta a tomar desarrollos distintos en quienes la reciban y un dibujo que suene en el oído como una música que sea más que la música.
La poesía pide al poeta armonía en la presentación de un problema de pensamiento, pero también le deja ir a tientas para que enrede en el campo de lo posible.
La poesía le pide al poeta permanecer en ella siempre y convertir su mirada en esa flecha abstracta lanzada al infinito o a la nada.
La poesía le pide al poeta verdad [nunca sensación de verdad]... o como poco crear territorios donde la verdad funcione con calidad de existencia.
La poesía le pide al poeta ensimismamiento y definición del ‘no cesar’.
La poesía le pide al poeta sonido, efecto, ritmo, emoción, encadenamiento, ruptura, laberinto, pureza, llama, impulso, valor, destello, reflexión, multiplicidad, extremos, vibración, temblor, deseo, unidad, alma, contraste, motivos, digestión, sorpresa... y que se deje llevar como por el olor del pan reciente hasta el justo lugar del poema.
•••
Hoy cobré algo y puse mi cuenta al día, sin números rojos, y fue como respirar el aire fresco al salir de un lugar cerrado. Me enrollé en el cuello la palestina que hace una semana me regaló Mª Ángeles [perdió la mía, que estaba usada y lamida, como a mí me gustan las prendas de ponerme] y me tiré a la calle para verme en el decorado del frío como una manzana madura. Llovía y el viento me mojaba la cara con esa sensación de libertad que ya sentía en el 74. Vi en la tele de un escaparate a Obama cantando en un pedestal y me agradó sentirle humano. Luego pensé que no quiero hacer daño a nadie, que no me apetece hacer daño a nadie, pero la bruja de enfrente gritó entonces con sus rulos puestos en el casco de la permanente algo referido a que tiro mis colillas frente a su ventana [no soy yo, que es una columna de chiquillos que van allí por las noches a fumar a escondidas], y me dieron ganas de retorcerle el gaznate porque sé que no es inocente.
En fin, que pasé de la vieja y de su asesinato mientras pensaba en tomarme una birra a solas... pero fue un café y acompañado de la gente entrañable de siempre.
Estoy ubicado en un lugar que no es el mío, y me siento extranjero cada día mil veces, y quisiera volver a empezar, coño, borrar algunas decisiones tomadas sin saber que la vida era esto, obviar algunas de mis antiguas aspiraciones y poder darle paso a una calma de perros tranquilos y libros, a un supuesto de risas en Ibel o en Tanzania, a un lanzarme a vivir mi escritura en un rincón sencillo y apartado, sin veinticincos de diciembres ni doces de octubres.
Tomé el periódico del día mientras sonreía mi café y sentí que los dioses son más insistentes durante la necesidad [que les den bien por el culo]. Los médicos no entienden nada e incluso ni se creen hombres a veces, y es que no ven que no pueden nada ante lo inexorable, que lo suyo es un placebo más en un mundo de placebos [digo ‘placebos’ por no decir ‘mentiras’].
Lo dijo esta tarde José Manuel delante del cadáver yacente de su padre: “pintar me ayuda mucho, Felipe, me ayuda mucho”. Yo le apreté la mano con fuerza y sentí de nuevo esta gana de huir para ser otro.
Mi palestina es el único signo de rebeldía que me queda [perdón, también mi pajarita].

Comentarios

  1. Una forma perfecta de encarar la vida.
    Benditas musas.

    Soledad.

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  2. Curioso cómo las fantasías ellas solas se comunican, hablan por su cuenta, sin pedirnos permiso (es que resulta que he escrito una entrada sobre la fantasía casi al mismo tiempo que tú y me hace gracia pensar que nuestras fantasías hablan entre ellas...)

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  3. JO, pues yo de chiquinina perdí la fantasía... y me parece que se escapó por el tomatillo del calcetín...
    -snifff!-
    Qué entrada más bonita, tiene un poquito de todo.
    M´encannnnnnta!!!!

    ResponderEliminar
  4. En pro de la rebeldía, quizá debas volver a escribir alguna poesía necrófila, como en los viejos tiempos. Ah, ya verás qué gatazo nos llevamos con el Obama. Aunque fuera negro como el carbón y descendiente directo de Kunta Kinte.

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