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Sin dientes.



Mis cuatro incisivos superiores saltaron por los aires en 1972… estaba jugando un partido de baloncesto y, en un salto, me hicieron la cama y caí de cabeza, quedándome sin esas cuatro piezas dentales tan necesarias con catorce años. La verdad es que entonces fui un héroe entre mis amigos, pues aquella circunstancia de lucha en la zona por atrapar un balón le aportaba a mi accidente cierta historia épica que sonaba muy bien entre los muchachos… ¡Joder, Pipe, qué cojones tienes!, me decían… y yo me sentía fantástico, a qué negarlo… pasé varias semanas sin dientes y sin vergüenza por no tenerlos (gracias a la admiración que aquello produjo) y tuve que hacer múltiples visitas a varios dentistas que le proponían a mis padres soluciones diversas a mi melladura… al final, me llevaron a la mejor clínica de la época en Salamanca, a la clínica del doctor Terrón, que me sacó los restos de las cuatro piezas y, en varias sesiones, me colocó un puente sujeto por dos aros de oro a mis caninos superiores… y así pasé algunos años, hasta que el puente hizo aguas y hubo que cambiarlo hasta tres veces. La verdad es que me adapté enseguida a mis prótesis fijas y he convivido con ellas sin demasiados problemas justo hasta la semana pasada, cuando intentaba un muerdo generoso a un bocata de salchichón de Guijuelo y mis dos caninos superiores, los que durante todos estos años han servido de columnas pilares a mis diversas prótesis, partieron justo a ras de encía y me dejaron sin mi armamento frontal al completo y como huerfanito. Llamé inmediatamente a mi amigo Esteban (mi médico odontólogo) y me atendió con premura y mucho afecto (se lo agradezco encarecidamente) consiguiendo ponerme en un par de días una nueva prótesis (ahora movible y con medio paladar, que mis anteriores prótesis eran fijas y sin paladar) que por lo menos me ha dejado ‘dignidad en la cara’… y digo ‘por lo menos’ porque esta circunstancia ha cambiado mi humor, mi seguridad y mis hábitos alimenticios y de higiene dental.
Cuento esto porque en mi vida me había sentido tan frustrado como en estos días (y sé que os parecerá una tontería), pero podéis creer que nunca había sentido una caída de moral tan de golpe y tan puñetera… y me he sorprendido mucho, porque siempre he tenido muy en cuenta que esto tendría que suceder y creí que estaba preparado para que no me me afectara lo más mínimo… pero la realidad no ha sido como yo la había imaginado. Primero he sentido una incapacidad carbona para comer (cortar y masticar me resulta poco menos que imposible con y sin prótesis), luego, con la nueva prótesis en mi boca, he perdido la capacidad de pronunciar las fricativas y las eses se deslizan en mi boca de una forma cómica… y toda la comida que meto en mi boca me sabe a plástico (el jodido plástico del que está hecho el paladar)… y me tengo que quitar la dentadura para dormir y mi gesto envejece como veinte años de pronto, y se queda como exento de mí, me deshace toda la condición estética del rostro y me cabreo como una mona mientras me miro, y me irrito y luego decaigo mientras sopeso con mi lengua interminablemente el daño del enorme vacío que siento en mi boca.
El resumen es que he perdido de golpe un alto porcentaje de calidad de vida, que no como con gusto, ni le saco partido sensorial a los alimentos, que tengo que volver a aprender a pronunciar montones de palabras, que no estoy nada seguro cuando hablo y que me siento muy mayor por momentitos, lo que me deja sombrío y malhumorado… y sé que es una tontería y que hasta puede ser un síntoma cabrón de falta de seguridad y hasta de madurez… pero no puedo evitarlo mientras peleo por adaptarme pronto a la situación y que se me olvide que he perdido nuevas potencias.

¡Ay!… tonto de mí.

Comentarios

  1. Jo, Pipe. Cuánto lo siento.
    Yo conservo mis dientes pero me imagino cómo me sentiría así y no querría ir a trabajar hasta que tuviese de nuevo mi cara de siempre.
    Dicen que poco a poco se acostumbra uno a la prótesis. Y no te la quites, es parte de ti y los sabores seguro que volverán igual que la risa y las fricativas esas.
    es cuestión de días, solo días.
    Un beso

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  2. No sabía de tu desgracia deportiva. Según lo leía me he estado acordando de aquel pivot rocoso, codoso y malencarado del Ignis de Varese: Dino Meneghin, que también perdió los dientes en alguna acción, y un día vino a jugar sin ellos, lo que hacía mas temible e intimidadora su presencia bajo los aros. Si se vive de ello como una figura, uno podrá permitirse esas heroicidades, porque la gente las ve y la graba, incluso se remarca la antideportiva acción repitiéndola en la moviola, pero seguro que ese muchacho olvidó al otro muchacho de 14 años que hizo la cama para que te pegaras el hostiazo (aunque no puedas olvidar especialmente, en días como los que atraviesas, a la madre que le parió)

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  3. Los implantes son la solución idónea para ese tipo de problemas. Olvidas que son falsos y los haces tuyos, y forman compañía y cumplen su función junto con sus hermanos.Sin alterar el sabor de los alimentos, inamovibles, inmutables. Eso sí, terriblemente caros. En tout cas: ánimo, amigo.

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