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Tekkan Yosano


En mi vida me he visto en una situación parecida: el ayuntamiento de Mérida me invita a la feria del libro de Mérida el próximo sábado para presentar mi nuevo libro y junto a la invitación veo que salgo en los papeles con César Vidal y Alfonso Ussía... joder, sólo falta Jiménez Losantos. No sé si coincidiremos, pero no me apetece nada rozarme con estos tipos... La mala suerte es que en días posteriores intervienen Javier Reverte, Luis Alberto de Cuenca o Marino «de la Luna». En fin, mala suerte que esta vez me llega de nuevo con la feria de las vanidades. Ajo y agua.

(19:14 horas) A veces, cuando me sucede el amor, intento indagar en sus entresijos, pero no encuentro más que intuición y un profundo sentimiento de estar compartiendo. Y ya amo sin pasión, con una tranquilidad deliciosa que tiene como resultado una leve euforia sostenida muy beneficiosa. A amar también se aprende, aunque no se sepa de qué va la materia, se aprende sintiendo, sólo sintiendo, sin ponerle intención ni ganas. Lo que aún no sé es si se puede desaprender de alguna forma, desprenderse de él y colgarlo como si nada en el perchero.
Por otra parte, ser objeto de amor envanece en un sentido muy positivo que generalmente se nota en la cara si se sabe llevar. A mí, cuando me sucede el amor es generalmente fruto de la reciprocidad, llegan juntos el sentimiento de amor y la recepción del mismo.
Debe ser muy triste amar y no ser amado.
(20:08 horas) La libertad de los planos mentales resulta perniciosa para mí, pues cuando dejo correr mi imaginación, que es la mitad del día como poco, me aparto de la realidad hasta el punto de que me resulta bastante complicado volver a sujetarme a la norma que marca la realidad. Por eso la libertad que encuentro en mi imaginación es falsa y llega a hacerme sentir extraño, cuando no muy afectado. Extrañado de la realidad por una idea que corre libre y crece libre: un mal rollo para alguien que no puede vivir sólo de la creación, un mal rollo.
(21:17 horas) Hay temporadas en las que «disfruto» de un mal humor persistente, y entablo una lucha conmigo mismo para borrarlo o borrarme, porque no me siento yo en esos espacios. Y no entiendo bien mis reacciones, pues debiera ser un tipo más o menos feliz.
Me costó mucho tiempo acostumbrar a dormir por las noches cuando me acuciaba un problema, tenía una deuda, era la víspera de algo importante o tenía la sensación de estar escribiendo en un buen tono... pero lo conseguí. Me costó mucho aprender a no llevar los lazos a sus últimas consecuencias, a poner algo de distancia con mis amigos y a decir que no cuando realmente quería decir que no... pero lo conseguí. Sin embargo, llevo toda mi vida intentando pasar por mis crisis de mal humor sin que le afecten a los demás, pero me resulta imposible conseguirlo... y durante esos espacios neblinosos me busco problemas, discuto, invento caos donde hay armonía. Es jodido, de verdad.

(22:05 horas) De pronto me he acordado de Juanjo Barral y de forma muy entrañable. Realmente algunos días echo de menos a ese tipo jovial que sabe animarme hasta la envidia cada vez que estamos juntos. El caso es que llevamos muchos meses de silencio entre ambos y me gustaría volver a tenerle cerquita, porque sé que nos necesitamos, aunque sólo sea un poquito. Sé por Norio y Belén que ha estado chungo, y me gustaría que me contase todo delante de una copita y unos cigarros, que nos abrazásemos cantando una canción antigua de borrachos o el «Asturies...». Voy a intentar hablar con él para convencerle de que se venga a pasar un fin de semana por estos lares.

Comentarios

  1. El caos no es más que una forma compleja de armonía y una crisis de mal humor no es más que una tormenta divertida para el que tiene por amigo a un sabio.
    En cuanto a lo de dormir por las noches, no estaría mal que me contaras tu secreto.
    un abrazo
    (El sabio de pacotilla)

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