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Chuangtze

No creer es complicado, y me refiero a no creer por sistema, pues lo que llevaría un camino de facilidad por el camino de la confianza, se retuerce inexorablemente en un viaje de continuos recelos. Yo decido rápido en el asunto de dar crédito o no a cualquier causa o efecto, a cualquier persona o ente abstracto, pues siempre he entendido que en el camino de la duda –esta clase de duda, por supuesto– se pierde mucho más de lo que se gana. Así pues, un gesto, un color, un reflejo de lus, una sensación... me ponen de inmediato en un campo o en el de enfrente. Y, claro, me equivoco con mucha frecuencia, pero en mi equivocación está la senda por la que discurro, la del «yo» subjetivo. Creo o descreo a primera vista, y eso me da velocidad de respuesta y, por tanto, tiempo.
También he aprendido a rectificar, y lo hago en la misma clave, con velocidad, sin pensar demasiado en las consecuencias. Y no me disgusta.
(11:14 horas) Siento que debo hacer un elogio de la figura de José Luis Morante, pues los últimos acontecimientos sucedidos en la red –la usurpación de mi personalidad por un imbécil para hacerle daño– me han dejado un mal sabor de boca (anoto que puse mis medios para que el asunto se solventara y la web «premiosliterarios.com» ha tenido una buena velocidad de reacción publicando una nota aclaratoria y eliminando los mensajes nefandos. Pues bien, José Luis es una de las mejores personas que conozco, coincidiendo en él altos valores morales, generosidad y una honestidad superlativa. Como amigo, cumple al milímetro los cánones de respeto y entrega, de afecto y riesgo. Como crítico literario, es sereno, muy bien formado y absolutamente ajustado en sus opiniones, teniendo siempre presente en sus escritos consideración de respeto hacia las obras de las que escribe y sus autores y una seriedad casi enfermiza en sus planteamientos. Como poeta, es delicioso mirar su obra con distancia para contemplarla muy bien vertebrada y en constante, pero serena, evolución. Como conversador, es inagotable e interesantísimo.
Yo, ante todo su escaparate de virtudes, me quedo con la amistad que me ha regalado siempre, siendo consciente de que apostar a la buena amistad es mucho más difícil que apostar al buen amor. José Luis Morante es mi mejor amigo por encima de cualquier otra consideración del tipo que se quiera, y sabe demostrarlo cada día con su apoyo, con sus palabras y, sobre todo, con sus silencios. Y yo, Luis Felipe Comendador Sánchez, asumo su voz como la mía, sus hechos como los míos y sus decisiones como las mías... con todas las consecuencias. ¡Con todas las consecuencias! Quien se pone frente a José Luis, se sitúa frente a mí, quien lo insulta, me insulta gravemente y quien lo quiere, me tiene para reforzar el vínculo hasta donde lleguemos.

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