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Wakaba-shuu


Hay que anotar hoy que la belleza pasa pronto, pero la ignorancia es una lacra hasta la muerte. Y no sé a qué sumar esta consideración, pero espero que a una sola persona le sirva de algo. Y es que se puede ser bello de forma lúbrica, de forma inocente o por inteligencia. La primera forma, la lúbrica, siempre se pone en valor por la química del otro, por ese azar de feromonas que nos hace creernos folladores eternos o diosas divinas. Es una belleza de minutos, de espasmos y de olvido, y se acaba con una tripilla incipiente, con un mal gesto en la cara o con una convulsiva falta de conversación. La belleza inocente dura algo más, como una niñez, pero termina en justa imbecilidad si se quiere mantener en el tiempo. La belleza inteligente, aún siendo la más peligrosa de las tres, es la más duradera y la que produce más estragos en el otro, pero también es la que aporta hasta el final sin perder ni un ápice en función de tiempo, es más, ganándolo. El problema está en que las dos primeras bellezas tienen más que ver con la genética que con otra cosa y, por tanto, son bellezas fugaces. La belleza inteligente, no. Puede llegar a ser eterna, pues no depende de lo físico, sino que contiene un alto grado de espiritualidad que puede sobrevivir al cuerpo.
La belleza pasa pronto. La ignorancia es una lacra hasta la muerte.
(15:38 horas) A veces me pregunto qué es la conciencia, mi conciencia. ¿Cómo se ha formado y a qué estímulos reacciona? Me gustaría saber cómo se ha edificado ese condicionamiento moral en mi cabeza para que funcione como barrera y quién ha sido el responsable de su modelación.
¿Yo soy el creador de la conciencia de mis hijos? ¿Cómo? ¿Por qué?
A mis años sólo sé concretar que siento su tensión y que unas veces me hace sentir miserable y otras cobarde. Y no sé si es otro «yo» o un legado moral que se me ha impuesto como un riñón o un hígado. El caso es que mi conciencia me amarga, me entristece, me amedrenta... actúa casi como si fuera una religión, porque siempre me hace triste, nunca me dota de alegría o de entusiasmo por lo que me rodea.
Tengo que buscar libros que hablen de la conciencia, pues estoy francamente interesado en buscarle la vueltas y joderla hasta que se queje.
Pondré manos a la obra.
(20:35 horas) [A media tarde se presentó Antonio Avilés para prestarme un libro que le ha gustado mucho, se trata de «El don prodigioso», de José María Páez Balgañón. Le regalé un ejemplar de mi nuevo libro y le cambié el préstamo por una de mis últimas adquisiciones. Este fin de semana lo dedicaré a la lectura de este prometedor título.]
Me preocupa de nuevo mi dispersión y mi inconstancia, pero a la vez me gusta ser como soy. Ser disperso me trae miles de ideas que de otra forma nunca llegarían, y eso me llena de gozo y me eriza. Ser inconstante me hace cambiar de registro, y eso me forma.

Y la verdad es que envidio a tipos como José Luis Morante o Antonio Garrido, empeñados siempre en cerrar cada etapa a la perfección, metódicos, consecuentes con su obra y trabajadores constantes. Me gustaría ser como ellos, pillar una presa entre los dientes y no soltarla hasta haberle sacado todo el jugo.
Me preocupan mi dispersión y mi inconstancia, pero también me hacen ser como soy, y la verdad es que no me disgusta del todo.
Sí debo decir que esta circunstancia llega a angustiarme algunos días, pero aún llego a rescatar viejas ilusiones y a ponerme manos a la obra a ratitos con viejas novelas, con poemas fallidos, con dibujos rehechos mil veces.
(22:01 horas) Llevo una hora trabajando en la ponencia que impartiré en Portugal en Julio y no va mal. Realmente da mucho juego el asunto de contar la relación de la cultura con las administraciones públicas, el mercantilismo cultural, el compadreo de los fondos en extinción y los no gastados, el clientelismo de algunos personajes y grupos del mundillo cultural y social, la terrible enfermedad de la cultura subvencionada y los mil recovecos con los que defraudar dinero público con la connivencia de políticos y funcionarios.
Por contra, es una delicia hablar de cómo nacen y crecen los proyectos independientes, cómo se alimentan y retroalimentan y cómo superan la mayoría de las veces a las propuestas institucionales con mucho menos dinero y casi ningún medio.
Estos colectivos alternativos e independientes contienen una verdad necesaria que hay que seguir, a pesar de la dificultad que entraña acceder a ellos.
Creo que al final saldrá una ponencia aceptable... dura y aceptable.

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