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Nihonshoki


Absolutamente grato el encuentro con Juanjo Barral, Norio, Urceloy y Marisol, con birras, tabaco, charla estupenda de puesta al día y recuerdo de los viejos tiempos. También algunos proyectos nuevos.
Juanjo sigue siendo la lucidez y el gesto, el guiño con cierta tersura infantil, la risa fresca y constante. Alma siempre y con una extraordinarioa visión de la jugada que viene y de la que acaba de pasar. Ácido y dulce, el paisanín permanece en su clave anglo, con su hermoso bagaje musical, sus relatos absolutamente gestuales, su cosina bable y esa envidiable facultad de ser el centro de todo por imantación.
Voy a hacer dos libros suyos y me «presta» un montón.

Norio/Braulio, un esteta de la resistencia, el justo intelectual «como si nada», sorprendiéndome siempre con frases lúcidas traídas a la perfección en cualquier momento. Y que cada vez que nos encontramos me cae mejor. Su sonrisa es siempre serena y cómplice, quizás la mejor sonrisa que conozco. Su mirada escudriña todo mientras habla o calla y junto a él siempre se aprende. Me ha regalado una edición muy curiosa de Giuseppe-Gioachino Belli, «47 sonetos romanescos», editada por Lucina y traducida sin demasiado acierto por Agustinito García Calvo, alias «pagadodesimismo». Salva el libro la transcripción original de los poemas de Belli –qué distinto este trabajo del que hizo el finado Javier Lentini en su «Hora de poesía» con los sonetos pornográficos de Giorgio Baffo, que recomiendo encarecidamente–. Por mi parte, le hice un pedido de libros para que me los envíe a vuelta de correo, entre los que figura el último libro que ha sacado Fernando Beltrán en KRK.

Urceloy, vitalmente tranquilo, metido en armas dulces con casi todos, pausado con auténtica excelencia y con algo más de peso que la última vez que nos vimos –hay que cuidarse, Urce, que estas cosas terminan pasando factura–. Y me dejó un estupendo disco de Luis Felipe Barrio, al que conocí hace la pila de años en El Escorial durante un seminario de poesía –compartimos mesa durante varios días en el comedor.

Y para postre, las bañistas... Marisol, siempre curiosa y encantadoramente familiar, sabiendo estar a la perfección en cualquier circunstancia y sin molestar ni un punto... su historia es otra y se nota, aunque tengo la sensación de que le gusta la mezcla de su azúcar con el acíbar literario. Un besote para ella.
(16:23 horas) Yo siempre busco «saber», pero acabo quedándome en una prefase de «creer». Intento racionalizarlo todo, pero de pronto emana una dosis brutal de instinto y caigo inexorablemente en la trampa de la creencia. Esto me sucerde fundamentalmente cuando pinto... empiezo indagando en diversas técnicas, noto que no sé dominarlas e inmediatamente arbitro nuevas técnicas con las que creerme capaz de realizar algo medianamente digno... Todo acaba siempre en estrepitosos fracasos plásticos, aunque he de anotar que de ahí surgen algunos hallazgos literarios de interés.

(16:56 horas) Recuerdo ahora que ayer por la noche hablamos un buen rato del chiquito de Aldeanueva del Camino que ha vuelto a escribir en el «ABC». Uno de mis contertulios aseguraba que con que el perico te nombre en cualquiera de sus diarios o críticas ya te ensucia el nombre. Otro de los contertulios le adjudicaba cierto valor en sus críticas de poesía, pero afirmaba taxativamente que era feroz, sobre todo, con otros críticos y antólogos, como si estuviera marcando con orina su territorio... Yo digo más: como poeta es una medianía y como crítico es destructor, faltón e insultante y, además, no sabe pisar la calle.

(18:07 horas) Y cómo no hablar hoy del «Día de la Caridad», el Corpus bejarano. Salí un ratito a la calle –cinco minutos– cuando pasaba la procesión por la imprenta y vi lo de siempre, y cuando digo siempre es siempre. Bullicio, meapilas, trajes nuevos de querer y no poder, autoridades civiles y cuasimilitares, musguitarras sudando a brazo partido y los pesaos madrileños que no me dejan tomar el café en paz.
Un par de notas para la posteridad: Al «santo grial» lo siguen arrastrando una caterva de ricos de siempre –¿por qué será?– y a ver cuándo se decide por orden gubernativa borrar la palabra «caridad» del diccionario para cambiarla por el término «justicia», que no supone nunca humillación del otro.
¡Viva la fiesta!.... la jodida fiesta.
(22:38 horas) Acabo de recibir una llamada eufórica de Ricardo para contarme que ha sido el ganador del concurso del jamón en Guijuelo. Se ha metido para el cuerpo en una hora la friolera de 18 platos de jamón y ha batido el record Guiness. Está como una regadera, pero le aprecio, coño.
Casi nunca había hablado de Ricardo en mi diario, y hoy tengo una buena excusa para hacerlo, porque al día de hoy es la única persona que es capaz de meterme el miedo en el cuerpo con su decisión extrema y su falta de temor hacia cualquier circunstancia que se presente. Con él he aprendido a ser algo más moderado, a pensar mis decisiones un poco más antes de lanzarme y a pisar con pies de plomo. Es un tipo extraordinario, enorme y muy capaz, y a ello le suma una envidiable falta de pudor y un empecinamiento que yo no imaginaba que existiese en ningún ser humano. Tiene la suerte de cara y yo voy a su lado. Esperemos que nunca se tuerza.

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