
Siempre me hizo gracia esa vena salvadora y grandilocuente que acompaña al poeta [‘Nos corresponde a nosotros, poetas / estar al pie de las tormentas de Dios, / con la cabeza desnuda, / para apresar con nuestras propias manos el rayo de luz del padre, a él mismo / y hacer llegar al pueblo envuelto en cantos / el don celeste.’ F. Hölderling] y que le hace suponerse a sí mismo un ser superior con una misión altísima que cumplir.
Patrañas, todo patrañas.
La poesía es del hombre y para el hombre, del uno para el uno en primer lugar y sobre todas las cosas y, después, puede que llegué a ser del uno para los demás, pero sin dioses por medio, sin trajes largos ni bandas sonoras de rayos y truenos.
La poesía es fundamentalmente vía de escape del pensamiento individual y, no se sabe cómo [algunas veces sí], puede llegar a ser materia de consumo común y hasta ser susceptible de esa gloria humana que anuda peanas absurdas.
Es en nuestra sociedad actual y consumista, engañada de forma global y sibilina, en la que se han mitificado a individuos poetas con el solo interés de vender y ganar. La poesía no es algo especial… y el poeta menos todavía.

Dijo el colega Pepe Hierro cuando estuvo en Béjar que la poesía es como el oxígeno: está ahí y lo respiras siempre, quieras o no, seas consciente de su existencia o no lo seas, lo tomas y lo utilizas… y el oxígeno es común y a la vez extraordinario… tú puedes considerar su valor o no hacerlo, pero sigue ahí, sin más.
Y nadie le hace libros al oxígeno ni le ponen en peanas vaciado en bronce, porque es inherente a la vida, como lo es la poesía, sin tener que darle más vueltas al asunto.

Si yo escribo: “… Quiero llorar porque me da la gana / como lloran los niños del último banco, / porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, / pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado. // Quiero llorar diciendo mi nombre, / rosa, niño y abeto a la orilla de este lago, / para decir mi verdad de hombre de sangre / matando en mí la burla y la sugestión del vocablo…”, y debajo digo que estos versos son de Andrés Pérez Gómez, ¿qué sucede?, ¿son buenos?, ¿son mediocres?… pero si afirmo que son de Federico García Lorca y que pertenecen a ‘Poeta en Nueva York”, ¿son mejores… peores o absolutamente magníficos?

Es todo puro marketing [márquetin], pues se asume sensibilidad por el nombre y no por el contenido sensible de unas palabras escritas. Ya hace algo más de un año que me sucedió una historia en este tono [lo dejé escrito en mi diario en su tiempo –http://www.lfediciones.com/comendador/diario.asp?fecha=20060626–]: Jesús J. De la Gándara, un colega psiquiatra, publicó en una revista médica un ‘sesudo’ artículo sobre los poetas suicidas y utilizó mi libro ‘Paraísos del suicida’ como base de aquel trabajo, pero cometió el error de no citar sus fuentes, lo que llevó a que confundieran versos y poemas míos que estaban dedicados a los poetas suicidas con poemas y versos de esos mismos poetas. El asunto es que ya han servido de equívoco en varias tesis, asumiendo sus autores que mis versos eran de ellos y elogiándolos en algún caso de forma encendida y convencida.
Mi libro apenas mereció en su tiempo de uso un par de reseñas de amigos en prensa provincial… y ahora, cuando algunos han asimilado mis versos como de otros, resultan ser versos dignísimos y hasta sobresalientes… ¿No es para cagarse en todos los símbolos del mundo?
En fin, a lo que iba, que todo se sigue sacando de contexto con esa absurda fiebre de crear mitos y hacer dinero con ellos... y que los poetas no son nada más que hombres como los demás hombres, ni más, ni menos.
Que se lo pregunten a la calavera de don Miguel de Cervantes.
(17:33 horas) Escribió John Ruskin que ‘el gusto no solo es indicio de moral, sino que es la única moral’, y esta frase me ha hecho pensar mucho durante el día de hoy, porque Ruskin no se refiere específicamente al ‘buen gusto’, sino solamente al ‘gusto’ [todo limitado, claro, al terreno del arte, que es de lo que habla el tipo, aunque se le va un puntito la pinza –relativamente– y termina diciendo que ‘lo que nos gusta determina lo que somos, y la enseñanza del gusto es imprescindible para la formación del carácter’].
No había valorado yo nunca esta posibilidad sobre lo moral porque no se me había ocurrido –tonto de mí–, y da bastante de sí si le das vueltas: soy lo que me gusta y no quiero ser lo que me disgusta… quiero hacer lo que me gusta y no quiero hacer lo que me disgusta… camino hacia donde me gusta y huyo de los lugares que me disgustan… con una lista así es cierto que estamos hablando de formación de criterio y, a partir de ahí, de elaboración de carácter… ¡Claro!, y todo ello impilica una moral, la moral personal de cada uno, que viene dada como consecuencia de lo que consideramos que es de nuestro gusto o que no es de nuestro gusto.
Ja, es curioso.

•••
Me he entretenido esta tarde en traducir del francés [traducciones pobres y adaptadas, que no doy para mucho más] tres poemas de Michel Houellebecq pertenecientes a su poemario “La poursuite du bonheur”. Me lo he pasado en grande, pues este poeta me fascina desde hace bastante tiempo. Os dejo el estropicio que he hecho con su poema ‘L’amour, l’amour’. A ver qué os parece.
EL AMOR, EL AMOR
En una sala porno, viejitos jadeantes
contemplaban, escépticos,
los polvos mal filmados de parejas lascivas;
sin ningún argumento.
Ahí está, me dije, el rostro del amor,
el verdadero rostro.
Seductores, algunos; esos siempre seducen,
los demás sobreviven.
El destino no existe, ni la fidelidad,
simple atracción de cuerpos.
Sin afecto, sin ninguna piedad,
juegan y se desgarran.
Los pocos seductores, por tanto muy buscados,
llegarán al orgasmo.
Hartos ya, los que restan, no tienen ni siquiera
deseos que guardarse;
solo una soledad que hace patente el triste
goce de las mujeres;
tan sólo una certeza: "Eso no es para mí",
pequeño drama oscuro.
Morirán, es seguro, algo desencantados,
sin pretensiones líricas;
practicarán a fondo el arte del desprecio
de una forma mecánica.
Me dirijo a los que no fueron amados,
a los que no gustaron;
a los que no supieron del sexo liberado,
del placer más común;
no temáis nada, amigos, vuestra pérdida es poca:
No existe, no, el amor.
Es solo un juego cruel del que sois solo víctimas;
juego de especialistas.
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De FUMADORAS |
Qué bueno esto de la blogosfera porque así yo también te re-encontré a ti.
ResponderEliminarCuánta razón en lo que escribes. Todo puro márquetin.
Ya sabes, cría fama y échate a dormir...
Un beso fuerte!!
Qué razón y qué harto estoy de tanto divino.
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