Decía... la realidad no puede ser un hecho irrevocable... debemos negarnos constantemente a que lo sea, debemos darle aire al compromiso para asestarle una buena puñalada al mundo que nos toca... no podemos aceptar la domesticación como si nada, no podemos quedarnos en ese ridículo sentido de la vida que nos han grabado a fuego desde chicos... sería mejor estar muertos que permanecer en esta inútil comedia sin intentar salirnos del papel que se nos ha impuesto... debiéramos hacer diariamente el duro trabajo de poner en evidencia la mediocridad de los demás y no desalentar en ese empeño nunca... poner en vergüenza a quienes se resignan y se deciden vencidos... ¿sabéis que no se puede nada contra quien lo ha perdido todo?... de ahí exactamente parte la dignidad, ese valor que se olvidaron cuando planearon las nuevas formas y usos del hombre actual... y yo pensaba que me apetecía morir serenamente, sin el agrio color de quirófano en mis pupilas... morir a cámara lenta y saberme en el borde de la seda, quizás retirando los visillos de una ventana o embobándome en el vaivén del limpiaparabrisas de mi coche... y no me escuchaba -yo no me escuchaba a mí–, me daba igual lo que dijera, todas esas palabras formaban frases grandilocuentes, frases falsas como las pesas falsas... lo importante, lo único importante es amar y morir, amar a solas y en silencio en la sala de espera de una clínica o morir en un aeropuerto... y mirar el hermoso cuadro negro que es mi ventana cada noche... y ser todo lo que me posee.
MAMA SANTA Carrera 46, Av. Las Vegas, Sabaneta, Colombia, 04 Llegar a Medellín y quedarte anonadado con el paisaje que envuelve la ciudad… Y cegado de belleza, descubrir que el paisanaje suma y se engrana con una acogida indescriptible que se hace patente en cualquier conversación de calle… Y disfrutarlo con hambre de comunicarse con todo el que se cruce en tu camino. Descubrir una tardenoche el encanto de Sabaneta, su ambiente de barrio feliz, el animado movimiento de la gente que lo vive alrededor del parquecito que hace de centro neurálgico de la vecindad cosmopilita… Y, ya el culmen, entrar en MAMA SANTA con intención de comer algo y descubrir a Eduard y a su mamá sentados en la mesita más cercana a la cocina, saludarlos y, sin más, sentirte uno más de la familia invitados a su mesa para degustar los platos más deliciosos que he gozado en mi viaje a Colombia mientras me alimentaba también de una conversación tan molona como los platos que me servían. Allí descubrí ense...

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