Ir al contenido principal

Agustín...




La última vez que vi a Agustín, yo estaba colocando unas lonas en la fachada de un edificio junto a la carretera nacional antigua, la que pasa por la ciudad... cruzó la carretera con parsimonia a pesar del tráfico y me vio enseguida... ‘¿trabajando, Felipe?’... ‘Ya ves... ¿y tú?’... ‘Pues podría decirse que también; vengo a ver si encuentro una pieza eléctrica para arreglar un aparato de casa’...  Me interesé por su salud... ‘Ya ves, hecho una pena y sin demasiadas ganas’... luego hablamos casi telefónicamente de cómo iban las cosas, de la crisis, de Alberto... ‘nacisteis en mala época, y mira que hubo un tiempo en el que parecía que no iba a ser así, pero las cosas se tuercen y ya ves’... me sonrió con aquella sonrisa dulcísima que siempre me regalaba cuando nos veíamos, me apretó la mano y se despidió con un... ‘venga, cada uno a su tarea’... y hoy ya no está, porque siempre se marchan los mejores, los que realmente saben lo que es la vida y pueden darnos pistas válidas para ir trazándola. Hoy le recordé en los ojos tristes de Alberto y de su hermano, que guardan sin engaño una genética muy especial, pues tienen su forma de hablar y muchos de sus gestos bien anudados... Agustín, el padre de mi amigo Alberto, el tipo que me dijo una vez... ‘vosotros sois buenos chicos... y así no vais a llegar a parte alguna... pero eso no es importante... me encanta que mi hijo tenga amigos como tú’... el que se tomaba un café con nata mientras jugaba la partida con sus amigos, el que jamás me dejó pagar si me encontraba en alguna barra de bar... Agustín, un hombre sabio, un hombre fundamentalmente bueno, un hombre luz que decidió apagarse poco a poco, un padre verdaderamente hermoso.
Cuando llegué a la imprenta, después de visitar a Alberto y a su familia, abracé a mi padre con mucha fuerza... él no supo por qué lo hacía... luego lloré un ratito a solas... y me acordé de Ñoño, un amigo de infancia que también desapareció hace cuatro días en un grave accidente de carretera... es duro ver cómo el mundo de uno comienza a terminar.

Comentarios

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …