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Dámaso Alonso


¿Cuánto podrá durar esto?... y averiguo sin más que el miedo es la pregunta, las interrogaciones cerrando unas palabras que buscan tiempo y cantidad.
Y el resto es presentir que un día no podré conciliar el sueño o que el teléfono sonará a media noche con un mensaje eléctrico que agote o que vuelva lo peor del pasado con su maleta hecha o la cara de la muerta que me ate en ansiedad y desconsuelo o que alguien querido se muera antes que yo o que el tiempo se extienda en mis tejidos hasta que no sea más que un trozo de algo…
En fin… hace frío esta mañana y apenas hay trabajo… me centro en buscarle a mi hija documentación sobre los romances que hablan del ciclo de la pérdida de España y la conquista de Al-Andalus en el periodo del 711 al 716… nado por los trabajos de Menéndez Pidal y Dámaso Alonso… y me disperso, pues encuentro mi ejemplar anotado de “Hijos de la ira”, un libro magnífico de Dámaso escrito en un tiempo de ruptura, con la censura nadando en el sistema y el mundo cultural muy anudado por el régimen franquista… todo era desesperanza y los caminos poéticos llevaban al individualismo expresivo [y real], como ahora… y me detengo a pensar en que ese poemario me llevó a una escritura larga en el tiempo, a una forma de hacer que terminó siendo mi forma, una forma absolutamente existencial de la que quise huir algunas veces, pero que caló tanto, que he vuelto a ella como un vómito…
Llega el correo con sus jodidos acuses de recibo y me doy cuenta de la suerte que tengo al ser protagonista de la crisis, de lo chulo que será contarle a mis nietos que pasé el trago y sobreviví a este morder continuo de bancos e instituciones… es otra forma de verlo, ¿no?... ni secundario ni nada, protagonista compartido de una peli cabrona de serie B en la que apenas queda esperanza… ¿un thriller?... yo qué sé… lo mismo sí… o lo mismo acaba en melodrama romántico y caramelero, todos queriéndonos como amiguitos y todos chungos…
Yo, LFC, protagonista de la crisis financiera, social, mundial, galáctica, mediática… un protagonista madurito con banda sonora de fondo que va al banco cada mañana a cagarse en la puta madre de quien sea y mirando a cámara, que visita la Hacienda Pública [¿púbica?] como si fuera a la casa de empeño, un protagonista al que no se le levanta ya ni el pizarrín, pero que presiente una salida y la busca; un tipo duro con cara de escupir de lado, un fumador empedernido y chusco que usa parfum Loewe y formas progres con ropilla de marca, un campeón del jodido fracaso que aún se mantiene en pie y se descojona… un nieto de la ira.

Comentarios

  1. Es curioso: a mí también Hijos de la ira me provocó una búsqueda de estilo en la que todavía ando. Qué forma de hacer en una España tan gris como aquella. Un abrazo, querido amigo.

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  2. Don Luis, gracias por publicar estos textos. Le dan a uno, de alguna manera, más vida. Héroes de nosotros mismos y para nosotros mismos. Es un punto de llegada, es donde estamos.
    Un saludo

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