Ir al contenido principal

Guo Moruo


Ayer celebramos en familia el cumpleaños de Magdalena con cierto mal rollo de acabamiento. No estuvo la familia de María Adela, aunque ella se acercó unos minutos por la tarde para ver a su madre.
Magdalena pasó sobre el día sin enterarse de lo que vale un peine, empecinada en irse de allí y mirando al infinito con esa cara interrogativa que se le ha quedado desde que el alzheimer le ha atacado con dureza.
Del día, salvo una conversación con Antonio sobre el valor del receptor en literatura, las risas generales de los niños, la emoción de Nena cuando le cantábamos a su madre el «Cumpleaños feliz», un montón de fotos chulas con vocación de «quizás no haya más».
Y el resumen... pues una tristeza alegre por las faltas absurdas y una alegre tristeza por el tranquilo afecto de los que acudimos a celebrar la familia de una forma civil y ética.

(17:03 horas) El acabamiento lento de los padres tiene un no sé qué de jodida madurez que agota, ver cómo se destruye una persona a la que quieres y a la que admiras con aquella lentitud de los bueyes tan Llamazares, y cómo al lado se van dejando cosas importantes del ahora para no sentirse mal nunca por lo que se dejó de hacer.
Cuando se entra en esta dinámica, y se hace de comparsa, lo mejor es amar tranquilamente y esperar a que todo suceda en términos de inexorabilidad, guardarse las miserias en el bolsillo y aguantar los embites absurdos de la candidez junto a los de la mala hostia. Y es difícil en algunos momentos, muy difícil, pero absolutamente necesario para alcanzar cierta dimensión humana en esta cosa injusta y tan difícilmente valorable.
Una madre que olvida a sus hijos, a sus hermanos, a sus nietos... que ha desaprendido en cuatro días todo el proceso de los hombres y las cosas, de los nombres y los sentimientos... es un dolor terrible para los que asisten al proceso desde el afecto más íntimo. Y entonces te preguntas por el hijo de puta de Dios, porque en estas circunstancias y en otras tantas, la figura de Dios –para el que lo tenga como existencia máxima– es la de un hijo de la gran puta. Y Magdalena creía en Dios a pies juntillas por educación y, cómo no, por emparejamiento y roce; creía hasta el punto de que lo poco que recuerda en esa cabeza perdida son iconos religiosos a los que se aferra con candidez y dulzura.

Y Dios, ahora, son sus hijas haciendo de madres eternas, faltando de la cama cuando despiertas, dejando vacío su lugar en la mesa mientras comes, derramando lágrimas y echando fuerza ante la profundidad del respeto hacia un recuerdo que ya es sólo carne de absurdo, aguantando la presión de quienes las echamos de menos sin hacer reproches y soportando el duro tirón de un físico que apenas funciona y de una mente que es ya sólo un soplo imperceptible.
Y el único perdón es el que yo pido desde lo más profundo de mis vísceras si es que alguna vez me desquicio y soy inoportuno sumando tensión donde no se necesita. Hago todo lo posible por llevarlo bien, intento comprender y analizar cada decisión y cada hecho que me afecta, muerdo mi lengua cada cinco segundos y apago mi rabia con sonrisas y besos... Hasta que ese Dios tan cabrón quiera, justo hasta que a él, el magnánimo (?), el justo (?), el sabio (?)... le salga de sus divinos cojones sorprendernos con otra de sus mágicas movidas.
Sólo sé decir que hoy amo profundamente a Mª Ángeles, quiero mucho a Nena y a Julia y adoro a Magdalena, sobre todo cuando consigo hacerla reír, bailar, cantar o enfadarse por un segundo tornándose en la mujer y saliendo por unos instantes de su cosificación dolorosa.
No sé decir más... o no quiero.
NOTA del día 22 a las 17:37 horas: ... y quiero un güevo a Carmen y a Francisco, al Guti y a la angelical y sufrida Adela (los olvidos, a veces, toman dimensiones extrañas y literales que no tienen nada que ver con el devenir diarístico rápido y fugaz –o fugitivo–). Y mi expresión no es otra –en este caso– que la que me produjo el rodar de unas lágrimas y las naricillas rojas de Julia y Nena... un sentimiento, en fin, que habitó en un instante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Jugar al cíclope...

Jugar al cíclope, como en el capítulo siete de Rayuela, o simplemente jugar al Cortázar postmasmédula, a aquel Cortázar tan Girondo de “Apenas él le amalaba el noema... ¡Evohé¡ ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, pernilos y márulos...”... no, mejor jugar al cíclope y cansarte de no estar cansado o jugar a cerrar los ojos para ver e imaginar que la felicidad está más cerca... quienes piensan demasiado no pueden hacer nada... he aquí la regla fundamental del juego de La Maga... y uno está tan triste porque todo es tan hermoso... ¿y si quienes forman mi mundo solo fueran ilusiones... no lo que son, sino mis ilusiones de ellos, no sus verdades, sino mis mentiras?... todo sería un juego estético personal, un juego magnífico en el que crecer... salgo a la calle, voy a por tabaco hasta PdT, doblo la esquina cuesta arriba, estoy solo en la calle, estoy solo en la esquina... subo hasta que las puertas de cristal detectan mi presencia y se abren como puertas... est…

Me late el codo izquierdo...

Hoy me levanté con el codo izquierdo dolorido e hinchado, todo por un golpetazo que me arreé la semana pasada con una puerta [se conoce que ayer me apoyé en alguna de las barreras de la plaza de toros bejarana, mientras asistía al blues, y se me ha infectado]… y es que últimamente parezco un quecomari lleno de cuitas y quejicoserías… el cabrón está ardiendo y focaliza toda mi atención en su latido, hasta el punto de hacerme perder concentración en lo que hago.
En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y m…