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Mihail Lermontov

Hacer como referencia para la propia vida, para suponer que se ocupa un lugar en el mundo –no necesario, pero sí contingente (?)–... Hacer para parecer y terminar siendo la justa lágrima.
Nos empeñamos en llenar la vida de cosas y de artificios para autoconvencernos de que la estamos viviendo con cierto provecho, y apenas aprendemos a aceptar el dolor como se acepta el triunfo y la alegría. Debe ser cuestión de educación –ésa que se imparte en las escuelas– el que nos olvidemos casi genéticamente de nuestra fragilidad como habitantes de un mundo inexorable que pasa de nosotros y pasa por nosotros como le da la gana.
Y el artificio con el que pretendemos engañar al mundo es al final la causa principal de nuestro fracaso como grupo.
Mientras, centramos nuestra total atención en la cosa social olvidándonos del medio y olvidándonos también del pensamiento...
Sí, sé que mis palabras hoy son grandilocuentes, que me disperso en temas a los que no atino a acertar ni en su periferia, pero es que hoy estoy así, errático, disperso, sin saber qué hacer ni qué pensar por una confusión endémica de mi cabeza.

Y escucho mil veces el «Trow it Away» de Laika Fatien mientras me embobo mirando la carátula de su disco, «Look at me now», para sentirme como un tema mediocre de jazz, improvisado sin demasiada clase –no es el caso de los temas de Laika–. Y con el saxo vuelo hasta otro tiempo, un tiempo sólo imaginado en el que todo está por descubrir y por hacer... si yo encontrara un mundo así... «Pensando que el camino iba derecho, / vine a parar en tanta desventura, / que imaginar no puedo, aun con locura, / algo de que esté un rato satisfecho.» [Garcilaso]. Yo tampoco/también.

Por cierto, ahora que he tocado el tema de la música, debo agradecer a mi colega Antúnez el descubrimiento del blues de Lightnin’ Hopkins, del que guardo como un tesoro una grabación de su disco «Crossroads» que, entre otras delicias, contiene el tema «Santa Fe blues», una auténtica maravilla de blues limpio.

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