Ir al contenido principal

Nunca se me caen los anillos... porque no llevo.


Me encanta que mi David Torres esté vivo y veloz, con más cintura que su púgil literario, pero con el mismo encaje. Sí me jode que meta en el mismo saco a la marasma fascista y a los colegas sociatas, pero me rasco y ya está, porque reconozco puntito de razón en la crítica. Un beso para el tipo duro [sé que a los tipos duros les joden los besos de ositos como yo... ja, ja, ja...] y mi perseverancia de que le den bien por el culo a «El Mundo» y al cacho carne baboso que lo dirige [PJR]. Ojo, pero eso no quita la simpatía, el afecto y la afición que le tengo yo a mi vicenadalino de letra clara y de palabras lúcidas [sobre todo en los programas Dragó telemadriles con noble hierático]. Queda en pie ese encuentro bejarano con ron añejo y patatas bravas. Besos otra vez, tío.
(18:05 horas) A las cuatro y media llegué a la sobremesa del cocido Hontiveros [me había invitado el hombre y pasé, que no me gusta nada comer fuera de casa]; allí estaban José Luis Rodríguez Antúnez [este tipo está creciendo bien, con la sonrisa puesta y con un magnífico don del guiño irónico. Me encanta charlar con él], José Manuel [el mejor fichaje Caja Duero de los últimos dos siglos], Richar [campeón en todo lo que se haga a lo grande y por el centro], Pepe [ajustando con fortuna el chiste a la ocasión] y Pedro Cubino [sencillamente brillante]. Fue un buen ratito en el que había que estar vivísimo para pillar todos y cada uno de los dobles y triples sentidos que corrieron por aquella mesa.
El mejor, sin duda, Pedrito, que, cómo bien dice de sí mismo, es un hombre de letras puras [yo diría que un pureta de la palabra justamente ácida]. Cada vez que coincidimos me sorprende con nuevas letanías que nadan en una originalidad sin precedentes conocidos por el que suscribe... Hasta el punto de que durante la charla me enteré de que tiene una serie de artículos publicados en «Béjar en Madrid» en los que tengo que bucear.

Comentarios

  1. Yo también te quiero, mamonazo. Por cierto que no sé si viste un programa de S. Dragó donde recomendé tu libro de poemas, ése que salen tus manos abiertas. Fue hace tiempo, un año y medio o dos, porque del Dragó hace tiempo que no sé nada.

    Queda hecho ese ron en cuanto pase la cuesta de enero.

    Besos plantígrados

    David

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

Jugando con Instagram.

Toma un libro viejo y hazle fotos con Instagram... mira lo que sucede.


















Yayo

Mario siempre me llama ‘yayo’ y, cuando lo hace, lo dice como mínimo tres veces seguidas (‘yayo, yayo, yayo’) y yo me deshago y hasta me estremezco. Ser consciente de que, en una mente que se está haciendo, floreces como imagen y hecho, como definición y capacidad, como sujeto activo e identificable, como signo y familia… Ser consciente de que te has conformado como pieza indiscutible en esa cabecita tierna y que, además, te reconoce y te nombra ya no solo por tu presencia, sino por tus cosas (esas cosas cercanas a ti que le han llegado por los sentidos) y es capaz de recordarte en la distancia solo por un color o por un objeto… Es la ostia sin hache. Y en respuesta a esa mente haciéndose, la mía (mi mente) se llena de emociones indescriptibles, de sensaciones de satisfacción, de temor, de amor intensísimo, de gozo completo. Mario ha llegado para quedarse y ocuparlo todo con ansiedad, para enseñarme a diferenciar lo que tiene importancia de la que no la tiene, para descubrime capacidades…

Montse, Nacho y su pandilla de utópatas...

Yo no puedo con Montse y Nacho, porque me sobrepasan y me superan, porque me tienen ganado y perdido desde que los conozco, porque no he aprendido a decirles que no, ni sé cómo aprenderlo. Cuando algo se tuerce, los tengo aquí, justito a mi lado, empecinados e inconvencibles, armando guerras preciosas y metiéndose/me en líos locos. Yo sé lo que valen y sé cómo quieren, sé lo que intentan y me supera todo lo que consiguen –me supera y también me preocupa–. Yo solo sé que los quiero muchísimo, como a todos y a cada uno de los que siguen sus pequeñas utopías, y que me dejan siempre jodidamente en deuda –como todos y cada uno de los que los siguen y participan en esas pequeñas utopías–. Y yo solo quiero que sepan –que sepáis todos– que tengo una vida hermosa y colmada, que no me falta nada y me sobra casi todo, que soy un tipo feliz cada día, y que lo soy porque sé determinar qué es lo importante y lo que no tiene importancia, que soy un espécimen del primer mundo y gozo sus ventajas –ya …