
Creo que mi curiosidad por lo extraño [y también por la creación poética] proviene de una cosa salesiana que estaba fundamentalmente trabada por el terror que yo sentía hacia aquellos enseñantes energúmenos [no todos, por dios] que respondían con exageración torturadora al menor gesto dubitativo de los alumnos. Recuerdo que cuando volvía a casa desde el colegio [después de pasar por la postortuta de la banda de la Plaza Mayor liderada por Corrales], mi misión autoimpuesta consistía en colocar los cuadernos de deberes en orden sobre la mesa: los últimos siempre eran religión y ciencias naturales… y los primeros, por supuesto, las matemáticas de Víctor Lobo, la Lengua de Jesús de Miguel y el francés de Ciriaco de Andrés Peña. Después de arbitrar con conciencia el orden de realización de trabajos, echaba un somero vistazo a los contenidos a trabajar y estudiar… y decidía comenzar siempre por lo más dificultoso, ya que solo con pensar que me podían preguntar al día siguiente aquellos malvados con su regla de madera y la campana de bronce en las manos, sacaba la poca memoria que tenía [es una de mis mayores faltas, la memoria] y me machacaba hasta que aprendía aquellas rarezas de la Lengua, las matemáticas, el francés o el latín… aún recuerdo de corrido el ejemplo latino de encabalgamiento: ‘quadrupedanteputrensonitumquatitungulacampum’ [nunca supe lo que significaba, pero la verdad es que mis versos saben encabalgarse y lo hacen con frecuencia], las preposiciones propias:

De aquel terror me vino este puñetero versificar midiendo o buscando la música, la pasión aforística y la búsqueda de los cuádruples sentidos de las palabras en una frase [y la deconstrucción, amigo], el jugar a hacer anagramas y palíndromos [el mejor que he hecho es “ateneo en eta”], el buscar pentavocálicas mientras conduzco en mi Korando o en inventarme simples charadas.
Es, quizás, lo único que le debo a los jodidos padres salesianos… eso y mi afición al baloncesto.
![]() |
De FUMADORAS |
omstmustisnt.
ResponderEliminarMi hija empieza con el latín y a mi mente viene lo aprendido de carrerilla.
Las dos estampas (sobre todo Domingo Savio) me retrotraen a unos años maravillosos.
No se lo que daría por poder volver a jugar un partido de baloncesto de los nuestros en esos soportales salesianos, con mis botas de checoslovaquia nuevas.
Sou um novo blogueiro, procurando conhecer mais sobre este universo, passei por aqui, gostei do seu blog. Sucesso.
ResponderEliminar