domingo, noviembre 07, 2010

Faldones Ratz y los mercados de futuros...


Es fácil dejarse estar sin querer ser consciente de lo que sucede, aislarse en una vida anodina y tirar adelante con los mimbres precisos que te aíslen de todo, mirar esa lujuria de oro de los príncipes de la Iglesia, cómo gastan y cómo hablan de dar mientras retienen, de conservar [que es de lo único que saben dar ejemplo, de conservar lo suyo]...
Hoy, en mi singanas, le escuché a Ángel decir durante la comida: ‘cómo me gustaría estar ahí’, refiriéndose a los actos reconcelebrados del Papa en La Sagrada Familia... el mutis fue larguete, pues en casa ya nadie cree más que en esas verdades absolutas de ‘hay hambre’ o ‘no hay dinero’. Yo me dije a mí mismo: ‘pues no sé por qué no estás allí agarrándote a ese Cielo tuyo que tanto deseas, coño, que hay que echar el cuarto a espadas y el tiempo se va agotando’... y el Papa dominándolo todo, injiriéndose con sus discursos medievales en la vida social y política de un país democrático, fomentando un gasto enorme en tiempo de sequía y en un país con un paro absolutamente alarmante, comiendo con gula junto a sus 150 gulandos de la curia hispana crema catalana y mona de Pascua, siguiendo afianzado en el mando del único país no democrático de Europa, vistiendo como en los Corpus del diecisiete, afinando su voz medio castrati para echarnos la mierda de su lucha contra el laicismo y protección nascituriense mientras sigue pillando sus euros concordato [6.000 millones de euritos le hemos ingresado los españoles al negociete de estos tipos vestidos de dama antigua y con collarones de oro rizado] y siguen callando y tapando sus oscuras perversiones. Colegas, un estado, El Vaticano, no democrático, que influye como le sale de los faldones en la política interior de un país soberano como España y que maneja con absoluto desorden toda Latinoamérica [por eso le interesamos tanto al Papa, coño, porque somos su puerta hacia lo latino, no por nuestro laicismo ni por nuestros matrimonios homosexuales, ni por el aborto... lo que interesan son las pelas de unos países que de natura son émulos en el tiempo de lo español, aunque con 20 ó 30 años de retraso... y el tipo, aunque tenga la voz atiplada, no es tonto y sabe lo que se le viene encima a su negocio de resurrecciones y vidas eternas.
Me gustaría que el personal empezase a pedirle cuentas a la Iglesia Católica, cuentas económicas y cuentas morales, que alguien explique por qué la Banca Vaticana está entre las diez entidades económicas más utilizadas en el blanqueo de dinero [http://www.voltairenet.org/article120092.html] + http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/29-1846-2005-04-24.html ]... su reserva de oro es la segunda mayor del mundo después de los EEUU, con un montante valorado en 3.500 millones de euros... El Vaticano es el mayor consorcio económico religioso del mundo, participando en empresas químicas, textiles, alimenticias, constructoras, electrónicas, del acero, del cemento, siendo propietario en su totalidad o en parte de multitud de bancos europeos, así como siendo el propietario de FIAT o Alitalia... El Vaticano es el mayor terrateniente de Occidente con más de ocho mil millones de metros cuadrados en Alemania, más de 500.000 hectáreas de superficie agrícola en Italia, el 20 % de la superficie cultivable de España, Portugal o Argentina; unas 100.000 hectáreas en Inglaterra y más de un millón de hectáreas agrícolas en EEUU... El Vaticano es el mayor propietario mundial de inmuebles, ya que un tercio de los inmuebles de la ciudad de Roma le pertenecen, a lo que habrá que sumar iglesias, palacios, sedes y todo tipo de locales y viviendas repartidos por todas las ciudades del mundo... y luego sus cahés, que es algo de lo más curioso: una bendición firmada por el Papa, 5000 euros [la auténtica, pues las hay editadas por parroquias y fotógrafos de eventos con costes entre 80 euros + limosna] ; una audiencia privada con vídeo, 50.000 euros; un título de Doctor Honoris Causa, 50.000 euros; condecoración de la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio, 120.000 euros; un título de Barón, 300.000 euros; un proceso de santificación, entre 100.000 y 250.000 euros... toda una cruzada de la bondad que se traduce en bienes incontables que apenas son gastados en ayuda a los necesitados, pues se estima que menos de un uno por ciento del capital de la Iglesia Católica se deriva a verdaderos servicios humanitarios.
Lo peor de todo esto es la gente, los cristianos de base que creen a pies juntillas y fían su fe a un ejemplo de las curias que no existe, cristianos que semanalmente se quitan dinero de sus pobres economías para ponerlos en los cepillos como acto de caridad para ayudar a su prójimo... todo me parece realmente perverso, desde la verdadera cara del Camarlengo hasta los ojos cegados de nuestros políticos [lo de la pobre gente creyente solo me parece triste, tristísimo... verlos nadar en el engaño constante y en el sonrojo por la vergüenza diaria que propician quienes administran su fe, que es mucha].
En fin, que esto va a seguir siendo como viene siendo desde hace siglos y no lo va a arreglar ni la madre que lo parió, porque hay demasiados intereses de por medio... y mucho poder acumulado... demasiado poder acumulado.
Y ahora que Ratz me hable del laicismo y de la crisis de fe... y que lo haga paralelamente al mercado de futuros en Latinoamérica... lo mismo así le entiendo más y mejor.

Este jodido miedo a olvidar...

Ayer por la tarde me pegó un bajonazo y me quedé quietino y como deslomao.
En mi viaje de vuelta a Béjar desde Mérida, me había sucedido algo que me tuvo perplejo durante todo el día: viajaba de noche y estuve como veinticinco kilómetros de camino sin recordar cómo se ponía la luz larga del coche. Le daba a todos los botones, giraba y presionaba los mandos que salen como ramitas desde la base del volante, y el coche hacía de todo menos conectar la luz larga. Al llegar a casa dormí mal y me desperté temprano por esta jodida acumulación de mucosas que me ha traído el último catarro, así que enseguida me puse en marcha. Mi idea era trabajar un poco en el material para mi exposición, pero la cabeza no hacía más que darle vueltas al suceso de la luz larga [a veces me sale el Felipe obsesivo de otoño y me pongo insoportable]. Se lo comenté a Alberto mientras tomábamos café y me dijo que a él también le sucedían cosas similares algunas veces, y parece que eso me calmó un poco [uno de los valores extraordinarios de Alberto es que siempre insufla calma en su interlocutor], pero apenas pude trabajar en todo el día [solo una salida de compras al ALDI me animó un poquito, ya que encontré dos marcos estupendos por 4,60 euros y le eché una hora para montar unos dibujos en ellos]. A eso de las siete sentí cómo un singanas cabrón se me metía en el cuerpo y me fui a casa, me tumbé en el sofá y nadie fue capaz de sacarme una palabra de la boca. No vine a escribir por la noche, como hago siempre desde hace muchos años, y me sentía mal, pero no mal físicamente, sino jodidamente mal de ánimo... mi pensamiento estaba fijado de continuo en el olvido del mecanismo de función de la luz larga de mi coche. Sé que es una tontería, porque este tipo de cosas, este tipo de olvidos absurdos de cosas cercanas con uso frecuente y mecanizado son corrientes, pero esta vez me hizo darle vueltas a la posibilidad cabrona y real del olvido no estructurado... y me sentí fatal.
Creo que el sueño me pilló a eso de las once de la noche y no he despertado hasta las diez y media de esta mañana, que hacía meses que no lograba hilar tantas horas de sueño seguidas, y hoy me siento bien, pero continúa la sensación de perplejidad y apenas le echo cinco minutos a algo, tengo que dejarlo apartado... intenté retomar un dibujo de manchas y grafías, pero bastó con echarle un vistazo para dejarlo apartado... intenté darle caña al asunto del laicismo traído por el Papa hasta nuestros medios y desde nuestra ciudad más emblemática [por libertad, por gestos y por hechos], pero a las cuatro palabras me dieron ganas de dejarlo... hasta que pensé que lo mejor era verbalizar lo que me está sucediendo para dejarlo agotado e intentar que me abandone esta jodida sensación.
Si estoy sujeto a olvidar de pronto procesos que ya pertenecen al terreno mecánico instintivo por exagerada repetición... ¿qué sucederá con los pensamientos de nueva elaboración, los que están latiendo entre dudas, cambios constantes y preguntas consecuentes o inconsecuentes?... esos pensamientos son mi vida actual, mi gesto de existencia, mi apuesta por seguir intentando la vida cada minuto... ¿qué sucederá conmigo si toda esa labor mental se borra en un instante?... ¿se puede borrar un hombre así, de pronto?... y entonces me entra prisa, me entra una necesidad urgente de dejarlo todo apuntado en donde sea, y esa urgencia me atenaza y me paraliza, me deja como una estatua de sal.
Necesito dejar escrito todo mi pensamiento elaborado sobre el hombre, sobre el arte, sobre la espiritualidad, sobre la necesidad creativa, sobre la educación, sobre la economía utópica, sobre la necesidad, sobre la solidaridad, sobre el estado moral de las cosas y los seres vivos en referencia al hombre, sobre la poesía en la que creo... y lo tengo todo a medio hacer, sobrehilado en la cabeza, pero sin la fuerza necesaria que le pueda dar valor real en lo escrito. Necesito ahora mismo la forma más veloz de concretar todo mi pensamiento en algún soporte con signos reconocibles, aunque sea a base de exabruptos... yo qué sé... frases contundentes e inconexas que me puedan servir como regeneradoras del pensamiento en caso de olvidos súbitos... o que le puedan servir a alguien para entrar en los mismos procesos mentales en los que yo estoy ahora.
Ayer me di cuenta de que también tengo miedo a olvidar, un miedo atroz que me deja imposibilitado, un miedo que es puro terror, un miedo mayor que el que siempre me dieron los payasos con sus sonrisas tristes pintadas en el rostro.

sábado, noviembre 06, 2010

Emeritalia presentera

Las palmeras estalladas como fuegos de artificio en la noche de Mérida.

Entré en Mérida por un acceso distinto al que utilizo normalmente y me perdí entre sus calles durante más de media hora intentando encontrar un aparcamiento [dejar el coche cerca del centro de la ciudad es poco menos que imposible] hasta que se me apareció Cervantes en forma de ‘parking abierto 24 horas: Libre’ [cada día flipo más con esta deriva que toma la convivencia entre los nombres de la Literatura y los usos a que los somete la sociedad de consumo]... y no empezaba mal la cosa, pues era un parking con dispensador automático de tickets que, paradójicamente, estaba atendido de forma manual por dos empleados amabilísimos [uno te sacaba el ticket y te lo entregaba en mano con una sonrisa de oreja a oreja y el otro levantaba la barrera y saludaba eufórico con la mano]. Desde el molón ‘Parking Cervantes’ fui caminando hacia la plaza mayor emeritense mientras el cuerpo se me alegraba de grados [había salido de Béjar unas horas antes con ocho grados y estaba metido de pronto en veinticinco]. Recalé a la primera en ‘Vía Flavia’, un café del centro donde había quedado con Marino, y me tomé un cafetillo flojo mientras leía la prensa provincial extremeña... y me vi de pronto en la portada del suplemento ‘Destino’ de ‘El Periódico’... una foto fumando y mirando a cámara con un titular de compañía que rezaba: “Los jóvenes no tienen utopías” [?]... debió ser alguna frase de las que le dije a Liborio Barrera durante la entrevista que me hizo el día anterior por teléfono... no estaba mal. Avancé en las páginas y me encontré sin problemas con una foto grandona [mirando a cámara de nuevo] que llevaba a una entrevista a toda plana con un titular grandón que volvía a lo panegírico: “Nuestra generación dejó el mundo en manos del capital” [que debió ser otra frase que le dije a Liborio en la misma conversación telefónica]... el resto de la entrevista podría obviarse [con ese titular ya no quedaba posibilidad de brillo], a no ser por una consideración mía [puro exabrupto] en la que afirmo mi incapacidad de hacer textos largos... “y uno se dice... la poesía es más noble, pero en realidad la escribe y se dedica a ella porque es más corta de hacer y requiere menos esfuerzos”... y también por un enconamiento de Liborio sobre la posibilidad de mi propio suicidio [que me resultó algo cómico durante la entrevista y que en la transcripción sale medio descontextualizado].
Como el café se me hacía demasiado largo, y dentro del ‘Vía Flavia’ hacía calor, decidí salir a esperar a Marino sentado en la plaza y fumándome unos cigarritos. Fue media hora magnífica observando el bullicio de los chicos de viernes, el cuchicheo de un grupito de niñas agrupadas en un banco cercano, el paso de la gente como por una primavera traída a trasmano y la caída constante de los dátiles de las palmeronas de la plaza [ayudados por la palomas]... hasta 23 dátiles conté.
Y Marino apareció de pronto, abrigado en exceso para la temperatura del día, sonriente y absolutamente generoso en su expresión y en su abrazo [siempre es así conmigo este tipo grandón, magnífico y peludo]... me entregó una bolsa ‘delaLuna’ llena de tesoritos para disfrutar leyendo [“Revuelo en el cielo”, con textos de Carmen Galán y dibujos de Fermín Solís; “Grandes superficies”, de Pilar Galán; “Nicolasa verde o nada”, de José Viñals; “Doce semanas del Siglo XX”, de Alonso Guerrero y “El tesoro escondido”, de José Manuel Corredoira]. De allí nos fuimos a tomar un café y a departir un ratito sobre amigos, vida y sucesos [siempre bajo ese hermoso tono irónico y tierno que constantemente acompaña a Marino]... después un paseo y el primer encuentro mágico en la calle... las palmeras ya estaban transfigurándose en fuegos de artificio y estaban como estalladas en el cielo, que ya era negro por la contaminante luz de las farolas... un tipo bajito nos sonrió y enseguida me di cuenta de que tenía algo que ver con la tele local y que me había hecho una entrevista allá por mi premio Ciudad de Mérida... nos saludamos y, emocionado, nos contó que había visto a la princesa Letizia por la mañana [que había estado en Mérida inaugurando un congreso sobre educación] y que nada más que vio ‘a los de Almendralejo’, se fue hacia ellos para abrazarlos [no obstante era su gente de la otra vida, la que discurrió junto a Alonso Guerrero mientras era una cenicienta en trance decidido de carroza y glamour]. El tipo se asombró de que Marino no hubiera ido a ver a la princesa ‘...te hubiera abrazado a ti también, Marino, estoy seguro’... y Marino sonrió, solo sonrió.
Luego cambió el chip del día y fueron llegando mis amigos... Antonio Gómez, Antonio Orihuela, Elías Moro, José María Cumbreño, Caty... y también llegó Ana con su mitra editora para ponerlo todo en su punto [entre medias tuve el gusto de tomar una cañita con el concejal de Cultura, que me pareció un tipo majete]... y todo se aceleró... charlas cruzadas, abrazos, recuerdos, fotos... es divino sentir el afecto de mis amigos, lo juro.
Y comenzó la presentación de mi nuevo librito nuevo con unas palabras entrañables de Marino y con un comentario exagerado por amistad de José María [te agradezco muchísimo el trabajo que has hecho por mí, amigo José María] –debo decir aquí que en la primera fila había una chica con una cámara Leica molona... era Teresa Guzmán... se presentó enseguida y me explicó que seguía desde hacía tiempo mi diario y que le gustaba mucho (mil gracias). Nos hicimos una foto juntos (espero que me la envíe) y luego tuvo la amabilidad de tomar imágenes con mi cámara durante la presentación... un encanto de mujer y todo un lujo pillarla para fotear, pues es una excelente fotógrafa [teresaguzmanc.blogspot.com].
Y que acabó el asunto con firma de ejemplares y nos fuimos todos juntos a tomar unas cañitas.
Ya asentados en el bar de turno, Caty me hizo entrega de mi ejemplar de “La Wevera” [una pasada] y del que le corresponde a Alberto Hernández... y me encantó ver a mis compañeros de viaje en esta historia: Alberto Hernández, Luis Alberto de Cuenca, José María Cumbreño, Juan Jesús Sanz y Miguel Molet. Y el lujo dedicado por José María, su “Retórica para zurdos” [‘Limar las palabras con la punta del lápiz hasta dejarlas sin aristas’]... y terminamos en terracita al raso comiendo tortilla de patata y una fuente generosa de quesos e ibéricos.
El viaje de vuelta se me hizo largo porque el día entre mis amigos se me había hecho demasiado corto.
Mientras viajaba hacia Béjar se me venían los gritos de "¡La princesa del pueblo!... ¡La princesa de Extremadura!" que me contó Ana que le lanzaba la gente a Letizia... pueblo lamido.

Marino

Durante la presentación junto a Marino y José María Cumbreño. Foto de Teresa Guzmán.

Foto realizada por Teresa Guzmán

Firmando ejemplares. Foto de Teresa Guzmán.

Con Josema a la salida del acto.


Despedida en la plaza.

Con Antonio Gómez y Elías... Caty al fondo.