Ir al contenido principal

Tercera salida al otoño bejarano con caza incluida de arco iris


Llegaron las primeras lluvias del otoño y madrugué con ganas de mojarme... el cielo estaba de un gris plomo impresionante y de vez en cuando se colaban rayos de luz entre los nubarrones, circunstancia que aprovechaba para buscar tomas con mi cámara en la zona de la fuente 'El Lobo'... pasadas un par de horas de foteo y de agua deliciosa a tramos, me senté a mirar Béjar tranquilamente fumando un cigarrito... y de pronto apareció uno de los arco iris más hermosos que he visto cayendo mansamente sobre la ciudad, que se iluminaba a tramos como si fuera magia... hice muchas fotografías, pues el fenómeno duró más de media hora, y hasta me dio tiempo a trabajar las tomas a mi gusto. Aquí os dejo algunas de esas fotografías de las más de quinientas que pillé.



















Comentarios

  1. Se me han mojado los zapatos y el pelo, paseando por tus maravillosas fotos. Y espero que se me haya quedado un cachito de arcoiris en algún bolsillo.
    Gracias...

    ResponderEliminar
  2. Tambien me mojé y sentí frío... desde más arriba tambien vimos el arco iris y veladuras de sol y sombra acompañadas por nubes en Sierra de Candelario que jugaban a correr y perderse por la montaña como si de un juego infantil se tratara, me pareció mágico.

    ResponderEliminar
  3. Yo lo que quiero que me instalen una lente Orton en el cerebro.

    Por cierto, hablando de Ortons... Si aún no lo has hecho, deberías conocer a Joe Orton: se dedicaba a ultrajar libros, clásicos rancios, igual que tú. Acabó en la cárcel por eso. Ándate con ojo, que ahora que gobierna la derecha lo mismo te enchironan por artista indisciplinar.

    ResponderEliminar
  4. Buenos días, Luis Felipe Comendador:

    Ayer no quise desilusionarte, estabas tan feliz creyendo haber cazado al Arco Iris, pero... ¿a que si miras ya no está?.
    Pues eso.
    Las fotografías, preciosas. Como te dije en el e-mail, me hicieron preparar una entrada rápida en mi blog de cine.

    Un abrazo

    P.D.: 1.-¿Qué hay en ese lugar que parece tocar con sus colores?
    2.- La Fuente del lobo y su entorno, para perderse; aunque el nombre pintado en blanco no me gusta. Debería estar grabado en la piedra.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

Al Canfrán a varear fideos...

Debe ser de cuando te mandaban “al Canfrán a varear fideos” o incluso de aquella mar salada de los ‘mecachis’... el caso es que siempre llevo puesto algo de casa [que es como decir algo de antes] en la jodida cabeza... y nado entre una pasión libidinosa por decir lo que me dé la gana y un quererme quedar en lo que era, que es lo que siempre ha sido... pero todo termina como un apresto en las caras, mientras el hombre de verdad dormita entre una sensación de miedo y otra de codicia... ¡brup!... lo siento, es el estómago que anda chungo... y tengo ideología, claro, muy marcada, y la jodida a veces no me deja ver bien, incluso consigue que me ofusque y me sienta perseguido... a veces hago listas de lo que no me gusta y de los que no me gustan... para qué, me digo luego, y las rompo... si al final todo quedará en lo plano y en lo negro, o en lo que sea, que al fin y al cabo será exactamente lo mismo... es por eso que hay días en los que me arrepiento de algunas cosas que he hecho, casi t

Los túneles perdidos del Palacio Ducal bejarano.

Torreón del Palacio Ducal con el hundimiento abajo. De chiquitillo, cuando salía de mis clases en el colegio Salesiano, perdía un buen ratito, antes de ir a mi casa, en los alrededores del Palacio Ducal bejarano. Entre los críos corrían mil historias de pasadizos subterráneos que daban salida de urgencia desde el palacio a distintos puntos de la ciudad y nos agrupábamos ante algunas oquedades de los muros que daban base a los torreones para fabular e incluso para ver cómo algún atrevido se metía uno o dos metros en aquella oscuridad tenebrosa y estrecha. Ayer, en mi curioso pasar y por esa metichería que siempre tenemos los que llevamos el prurito de la escritura, escuché durante el café de la mañana que se había producido un hundimiento al lado de uno de los torreones del Palacio Ducal y corrí a pillar mi cámara y me acerqué hasta el lugar. Allí, bajo el torreón en el que se ha instalado una cámara oscura hace un par de meses, había unas protecciones frugales que rodeaban un aguj