Ir al contenido principal

Fueron como diez minutos...




La sal y su aritmética, la sal del sudor de ayer y un sumarse sin restas a lo que esté previsto, el salitre del muerto que pasea y mira y se esconde en silencio como un uno de absurdo indescifrable... la sal de quien te mira para que el dos florezca o se marchite, la sal que sinsazona de lo que no te entiende, la desal, la dessal, el deseo de sal en una boca... simplemente el deseo... sin sal.

La mulata tremenda tenía crines trenzadas y una voz globulosa y descendida... cantaba al final del calor como una rúcula y no olía a tomillo... olía a sudor y a humedad  vieja... y cantaba, mojita, lo que se desviniera, sentada como un fardo divino, un enorme fardo divino y catatónico... divino y muy cosmético... molía la mulata los oídos mientras la vista era para cada ceniza coronando cabezas...

Pensé entonces en hacer el amor sobre la mesa de pizarra, hacerlo con cada una de las miradas lúbricas del gentío a la mulata, con cada oído presto a su tarara hecha de eco de ron y lima fría... hacerlo con calor, con sudor ciego, con pistones de carne, con ombligos, con ceniza de muertos muy recientes, con lubricadas manos muy expertas, con razón y sin ella, con angustia, con verdadero vicio de misántropo, con sordina, con gritos, con espasmos...

Luego al cigarro, al eterno cigarro en las afueras, al cigarro periférico, al prohibido... mientras los ojos huidizos volvían al deseo de estas veces (que los ojos son bichos que hablan claro). Hice resumen práctico en caladas, en dos o tres caladas:

  1. ¿Qué quiero?
  2. ¿Qué tengo?
  3. ¿Qué deseo?

Y mordí la uña del pulgar hasta dejarla enteca, pero bien trasquebrada para arañar un muslo...  ¿qué quiero?... ¿qué tengo?... ¿qué deseo?... Me besó no sé quién en la mejilla mientras miraba los cuadros borrosos de la sala y oí sin más... “Es un gran poeta”... ¿un gran poeta?... y me salió una carcajada breve, casi sardónica... un puto gran poeta que está pensando ahora en un desguace lúbrico sobre la mesa de pizarra... un puto gran poeta que tiene pequeñas pérdidas de orina y busca con los ojos algo con lo que ser y a lo que asirse... y me llegó otro beso de no sé dónde, un beso clandestino que fue casi en la nuca, un beso inexistente que me dejó pasmado... “un gran poeta olvidado por este pueblo” –dijo otra vez la voz en off, porque era en off la voz que lo decía, que yo no fui capaz de ponerle cara o cuerpo–... y me avergoncé tanto, que salí de naja para intentar ese olvido tan grato de nuevo.

Transpiré de pronto una melena blanca y me ovillé.

Hasta ahora.

Comentarios

  1. Historias que se desovillan, Luis. La literatura entera, sus deseos y su máquina de benditos pecados, es una voz en off toda ella. El cigarro en las afueras es un cordón umbilical con algo que no es posible describir sin entrar en otro ovillo. La cabecera, amigo, es tre men da.

    ResponderEliminar
  2. Buenas noches, Luis Felipe Comendador:

    Me acerco despacio hasta ti y sin que lo notes te susurro al oído:
    “Eres un poeta”.
    ¿Ves? Ni se ha enterado la dueña de la cabeza blanca, donde te ovillabas.

    Abrazos virtuales para ambos.

    ResponderEliminar
  3. Ovillarse es de sabios cuando uno anda perdido...o encontrado.

    Beso en off

    ResponderEliminar
  4. http://i.imgur.com/LqXdn.jpg

    Por cierto, querido mosquetero, he oído que harás expo en Rivas? Avísanos con un pos-it por aquí, me gustará ir a verla.

    abrazo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …