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La verdad humilde.

Junto a Alan Jara Escamilo en Wizanchao.


Cuando la verdad es lo humilde, parece como más verdad, pero es solo lo humilde lo que le da valor de verdad.
Nunca pude imaginar que en una comunidad castigada por la pobreza extrema pudieran florecer sentimientos trabados en palabras justas y bien moduladas... sí, pensaba que la experiencia tremenda de la pobreza traía aunados sentimientos intensos y verdaderos, sentimientos llenos de interés, pero sin posible salida expresiva en lo literario por la falta de formación endémica de quienes padecen ese tipo de pobreza... Nunca había valorado en mi estúpida cabecita que los hombres pueden ir de más a menos en tales niveles, que quien tuvo formación y una vida más o menos arreglada pudiera llegar a lo más extremo... siempre pensé que quien cuenta con ciertos recursos culturales y formativos puede solventar las peores situaciones y sobrevivir algo mejor que quien no cuenta con ellos... por eso no contaba con encontrarme en Wizanchao con un tipo como Alan Jara Escamilo.
Llegué a Wizanchao con cierta estúpida pose de gringo que intenta arreglar vidas sin saber lo que es la vida, cargado con una cocina industrial (para entregar en nombre de mis amigos Sol y Javi Viadero) a las gentes que habitan aquel páramo y con la misión de tomar datos para realizar un proyecto consistente en dar agua potable a unos cuantos hogares de la zona... y enseguida me presentaron al líder local, un tipo vestido con una camiseta negra sin mangas, unas bermudas grises de cuadros y unas viejas deportivas (uniforme ideal para sobrevivir en aquel calor tremendo y seco)... tenía las facciones duras y sus ojos denotaban una viveza muy especial hecha fundamentalmente de ese obligado oportunismo que deben tener siempre quienes ‘necesitan’... charlamos un buen rato y enseguida me di cuenta de que, además de su viveza, había algo más, algo mucho más interesante... solventamos los temas que nos habían llevado al encuentro, debatimos un ratito junto a las mujeres de la zona sobre las conveniencia del asociacionismo femenino para salir de la situación de pobreza y luego nos relajamos en una conversación más personal.
Anonadado, comencé a escuchar su filosofía de vida –muy bien armada– y terminé teniendo en mis manos un poemario suyo escrito en los últimos años y publicado de una forma humilde, pero muy digna, con publicidad repartida por sus páginas –única forma posible de publicar para él–. Me quedé absorto al leer los primeros versos de sus ‘Plegarias de amor’ y absolutamente descolocado cuando leí que se había formado en su ciudad natal, Cajabamba, y había continuado sus estudios en Lima, en las instituciones ‘Javier Prado’ y ‘Marín Arista’, culminando sus estudios en el ‘Glorioso José Gálvez’ de Gloriabamba... y fue mayor mi asombro cuando leí que era ya su tercer poemario y que tenía otro inédito en espera de edición.
Departimos animadamente un buen rato y quedamos, como dos amigos grandes, en mantener comunicación como sea y cuando sea.
Como anécdota que me quedo grabada, antes de conocer su trayectoria, yo le pregunté... ‘¿Tiene usted esposa?’, a lo que él me respondió... ‘Para qué contentar a una si puedo contentar a muchas’... y yo: ‘¿Y cree en Dios?... y él: ‘Lo uno no quita lo otro’.
Mientras viajaba a España en un avión de Air Europa pensaba en que nuestra sociedad en crisis está creando montones de tipos que van de más a menos y que lo mismo un día de estos necesitarán que alguien les dé de comer, porque no tienen, o que los cobijen bajo techado en los días de frío... y mientras estarán perpetrando un verso, un poema absolutamente cabrón y desquiciado.
Os dejo estos poemas de mi amigo Alan Jara Escamilo... no son un paradigma de la Poesía de la Experiencia ni una protesta de la Poesía de la Diferencia... tampoco son postnovísimos, ni siquiera beat... pero son poemas de verdad, escritos por un hombre capaz de ver su realidad y de llevarla a palabras:

CUÁNTAS VECES (fragmento)

¿Cuántos hombres lucharon
por verme feliz?...

Entre tragos un día me pregunté...

¿Cuántas veces mi madre
ha dejado de comer
para que yo matase mi hambre?...

No lo sé.
...

¡ESTOY CANSADO YA!

Zely, mi amiga confidente, siempre me dice
que estoy triste, que pienso y escribo triste...
entonces pensé... ¿qué hay dentro de mí
que no me deja reír ni estar siempre alegre,
como ella?,
y desnudé mi pellejo encontrándome con mi riñón...
él me miró y me dijo:
¡Estoy cansado ya!
Visité también a mi hígado y me dijo:
Pensaba que el mundo estaba lleno de paz, amor y alegría,
pero me equivoqué,
solo tiene odio, amarguras y tristezas... por eso
¡Estoy cansado ya!
Fui en busca de mi corazón,
más lo vi sentado junto a mi páncreas...
ambos sollozaban... y mi corazón decía:
El amor jamás tocó mi puerta
y, si vino, fue para burlarse de mí...
por eso vivo así...
¡Estoy cansado ya!

Ahora que sé de mi riñón,
ahora que conozco a mi hígado
y sé por qué llora mi corazón,
pienso en lo ingrata que la vida fue conmigo.
Pude ser igual que Zely, pero me condena mi pasado,
y al sentarme en el sofá
me doy cuenta de que la tristeza siempre vivió conmigo
y que la alegría jamás llegó.
Solo sé que fue triste la primavera de mi vida
y el otoño mató mi verde juventud...
y el verano me está dejando seco

Ahora, Zely, sé por qué estoy triste,
por qué pienso y escribo triste.

Comentarios

  1. Es alucinante el personal que puedes encontrar, sin buscarlo, por esos mundos.

    ResponderEliminar
  2. Hola Luis, soy Lili Alegría la amiga de Lucho, el chico peruano que conociste perdido en la estación de autobuses de Salamanca años atrás. Recuerdo aún tu frase... me fuí Luis y regresé de Perú como Lucho...jaja!!

    ResponderEliminar

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