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La mala praxis...




Están muertos ya casi todos los estromas de nuestra sociedad y ya casi nada nos sostiene en este experimento global de destrucción al que nos está sometiendo el dios de los mercados... antes éramos tejido sostenido y ahora somos células sueltas sin función conectiva alguna... uso términos de mi pasado de prebiólogo porque ayer escuché a un político hablar de ‘cáncer enconómico’ para explicar que lo que estamos sufriendo ahora es una compleja terapia de choque (decía que para alcanzar el beneficio de la cura, pero se le olvidó valorar en el desafortunado símil que siempre late en el asunto un alto componente de muerte, muerte de las células malignas, muerte de otras muchas células sin culpa y, cómo no, muerte total del conjunto)... y vuelvo atrás para tomar el término ‘experimento’, pues quizás en él radica toda la maldad de lo que nos sucede, ya que no hay una verdad empírica en la base que permita en ‘moral’ aplicar el sistema de cura a humanos ni existe un proceso previo de validación (con consideración de riesgos) de los específicos que se nos aplican.
En todo proceso científico (estamos hablando de ciencia, que es parte fundamental del paradigma -en su significado de ‘modelo’- de nuestro tiempo) hay siempre una preformulación en base a una observación y a un grave proceso reflexivo sobre la misma, una validación de métodos analíticos para ir concretando y definiendo la idea, un desarrollo de la formulación que se precisa y otro desarrollo paralelo del método, un estudio completo y complejo de las variables críticas, diversas validaciones experimentales del específico en ámbito seguro y sin riesgos, un duro proceso de optimización que no deje opción a error alguno, y un trabajo final de mejora en el que se revisa todo el proceso múltiples veces para pulirlo y dejarlo listo para el uso humano con fiabilidad (es decir, con el cálculo perfecto de efectos y causas, con la valoración correcta de todos los márgenes de error y con las indicaciones pertinentes de uso para la consecución ‘segura’ del beneficio buscado. Basta con que nos leamos el prospecto de cualquiera de los medicamentos que sirven nuestras farmacias para darnos cuenta enseguida del funcionamiento del asunto... y esto no se hace en política ni en economía (la primera generalmente es un prurito social que hemos de padecer por decisión propia -el voto-, pero la segunda se nombra a sí misma como una parte de la ciencia), no se preformula, no se reflexiona, no se valida el método, no se estudian las variables críticas, no se hace una validación experimental segura ni se revisa el proceso buscando fiabilidad... solo se experimenta directamente con la masa humana en un terrible ‘averquepasa’, se arruinan vidas, se destruyen hermosas trayectorias profesionales, se eliminan hombres con un simple tachón... se desampara a un enfermo que en su inicio no estaba enfermo, sino que se le ha hecho enfermar justo en la fase experimental... y todo con los pseudociéntíficos (políticos y economistas) bien vacunados de antemano y siendo espectadores a la vez que jueces y parte (la parte del león siempre).
Así pues, estoy convencido de que vivimos instalados en la incertidumbre de ‘sus’ errores, en el dolor (terror) de su mala praxis y en la jodida indefensión por ese poder omnímodo que les otorgamos cada día nosotros mismo no negándonos a ser cobayas con fuerza y con decisión.
Todo lo que empieza mal tiende a acabar mal... y todo lo que se hace mal no alberga otro resultado positivo que no sea el de la suerte, y para la suerte ya tenemos las quinielas, la lotería, los cupones de la ONCE y las tómbolas de feria (suertes sesgadas, pues con ellas siempre gana el mismo y perdemos casi todos los demás).

Comentarios

  1. No sé en que momento decidimos acostumbrarnos a esta mala praxis de nuestros políticos y en lo acomodaticio de nuestras propias vidas...resurgir ahora, en estos momentos, resulta casi una utopía.

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