Ir al contenido principal

Volví a Salamanca...


Volví a Salamanca después de unos cuantos meses sin hacerlo, todo para ese tráfago de matricular a un hijo en un módulo (ahora, en vez de estudiar carreras, especialidades, artes u oficios, se estudian ‘módulos’)... era día de notas y los chavales desfilaban con caras dispares (más dis que pares) y con sobres marrones entre sus manos que contenían algo de su futuro cercano propiciado ya por su pasado reciente... me encantó detener mi mirada durante más de dos horas en esa microturba de hombres y mujeres recientes... pocos pasaban acompañados de sus padres (estos, todos, llevaban la cara seria mientras escuchaban los ‘te lo dije’, los ‘¿ves?’, los ‘vaya verano que nos espera’), otros pasaban en grupos montando algarabía cuando uno decía... ‘a mí solo cinco’ o ‘a francés se va a apuntar su puta madre para el curso que viene’... y algunos pasaban solos (estos, por lo general, llevaban gesto satisfecho)... calculé grosso modo que la cantidad de alumnos de ese centro podía rondar las quinientas almas, de los que noté muy suspendidos a más del 40%, suspendidos con opciones a otro aproximado 40% y satisfechos en el gesto a un 20%... y enseguida le di vueltas al asunto del éxito y el fracaso de toda esa pequeña marabunta... al éxito y al fracaso particular, que se notaba claramente en sus rostros y que no atino a saber si podría traducirse en éxito o fracaso personal, de entorno o sistémico... la verdad es que, si miro los porcentajes aproximados que acabo de expresar, me decido claramente por el fracaso sistémico en el caso de todo el grupo y en el éxito personal en el caso de los pocos satisfechos... que es bien triste.
Y es que la educación está montada sobre varias bases viciadas que hacen de los centros de formación parte del sistema económico, propiciando formación específica siempre ajustada a lo que marque el mercado de trabajo y no en la formación integral de personas capaces de un pensamiento crítico a partir de un proceso empírico capaz de formar por medio de la curiosidad experimental y por el atrayente proceso del ensayo acierto/error, formación basada en la competitividad y en la absurda acumulación de conocimientos que, mirados sin pasión ‘productiva’, resultan totalmente absurdos e innecesarios en el mayor de los casos. Un muchacho no necesita acumular información, pero sí que necesita conocer perfectamente los medios para obtenerla y ajustar un proceso crítico capaz de conseguir que su acceso a la información resulte positivo en su crecimiento intelectual... no necesita conocer los nombres de todos los ríos de España, pero sí cómo acceder a esa información rápidamente, con éxito y con criterio cuando lo precise.... a un chico no hay que enseñarle a pies juntillas lo que es un río, de qué partes se compone y cómo sucede el fenómeno río... hay que ponerle delante de un río y ayudarle a definirlo en su cabeza, ayudarle a buscar todas las preguntas que proponga esa observación del río e instigarle a hacer una puesta en común con el resto de sus compañeros de cada una de las percepciones particulares de ese fenómeno... en este tipo de proceso sí hay verdadero aprendizaje... en el otro proceso, el de la memoria pura y dura, tan solo hay acumulación de datos que casi siempre quedan fuera de la razón de los muchachos... y el fracaso radica también en que al profesorado se le piden constantes informes absurdos grupales y particularizados de idoneidad de cada uno y del grupo al completo... proyectos curriculares, planes, estrategias, proyectos de apoyo... toda una parafernalia complejísima capaz de quitar más del 60% del tiempo de verdadera enseñanza para dedicarlo a ese absurdo tedio administrativo hecho al gusto y la escala del inspector de turno... vivimos un absurdo que ya empieza en los primeros años de escuela, un absurdo capaz de propiciar éxito (una palabra que debiéramos borrar de los diccionarios escolares, ya que el término en sí expresa ‘selección’ y, por tanto, ‘exclusión’) mientras se van descartando altos percentiles de muchachos que se dejan abandonados a su suerte...

Comentarios

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Mario

Mario fue un corredor de fondo que ha legado el nombre a mi nieto para perpetuar en él su memoria, y me gusta, me gusta mucho que mi bebé tenga en su nombre una razón y un contenido, que lleve el signo de una amistad indeleble y el valor hermoso del recuerdo. Mario, hoy mi nieto, es divinamente vulnerable, delicado hasta el suspiro, bellísimo en sus gestos y causa absoluta de orgullo personal. Su madre, mi hija, me ha hecho el regalo más precioso que se puede hacer a un padre, y lo ha hecho con valentía, sin miedos, siendo una mujer entera en todo el proceso y demostrándome que algo tuve que hacer bien en su educación y en su formación como persona. Jaime, el padre de mi nieto, es un padre ejemplar, preocupado, atento siempre a las necesidades de mi hija y de su hijo, y yo le estaré eternamente agradecido por su forma de ser hombre y por el amor entero que se percibe constantemente en su trato hacia mi niña y hacia mi bebé. Gracias a los tres por hacerme tan feliz.
Por lo que a mí se …

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…