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No cárceles doradas...




No cárceles doradas ni antílopes mirando al mundo estrecho desde las alambradas, que el día es un diamante por pulir... no pomos en las puertas, ni cerrojos, ni marfil engastado en un colgante, ni sedas delineándote los senos... solo algún estremecimiento leve o quizás un erizarse despacito según todo suceda... no cubrirte de lirios o clavelinas (porque son flores muertas), no monarcas ni trajes apretados, ni mensajes en clave para espías precoces... no Alfonsina muriendo, no el páramo, no el moaré, no los años perdidos, no el coágulo pardo en la garganta... hemos de celebrar el rocío y la helada, el viento áspero o leve, el alacrán dormido de la dama de Boston, sus ojos paracetamoles y abismáticos, sus brazos candelabro, las palmeras micoche de sus senos, su vientre campesino ajardinado, sus muslos egiptólogos, su sexo de Parnaso, sus nalgas cleopatras, sus tobillos Machado, sus manos de la India, su boca Midway lángido, sus dientes de ocelote sonando como crótalos, su muérdeme, su pelo, su perfil afilado, sus ratos Hyde, el caer de sus párpados, su pupilar de gata, su todo abierto plástico, su flor mojada y perla, sus hombros de Jane Birkin, la niebla de sus rasgos, su gusto por lo Bogart, un Beagle cada charco, su falda tan troyana,  su opacidad de plástico, su corazón sagrado, su sabe que la miras, sus medias con costuras, su rojo pintalabios, la fuga de sus pájaros, sus prólogos veneno, su desnudo cismático... no subliteratura ni Red Sonja en el patio, no los días peores, no la alfombra esperando ni sábados, ni lunes, ni domingos... no octubre, nunca octubre... y llega la caída de Bizancio y este odio tan Griffith y el andar sin zapatos y el Maga, Maga, Maga... y un Münchhausen Cyrano de los aluniceros y un prólogo cromado y polen de bugabilleas y por París silbando y almizcle para el vértigo y labios sobre labios y quítate las gafas y deja ahí el bolígrafo y siéntate en mis ojos y piensa en esos álamos que ayer se cimbreaban y pisa cada charco y apuñala la tarde mientras meriendas algo y no seas aburrido y quédate desnudo y fúmate un cigarro y sé un poco curioso y sé eneasilábico y vete a los billares o drógate hasta el asco... 
No madrugar ya más y levantarte ilíado, bostezando feroz... y una ducha y tostadas y leer a Salgari hasta que vuelva el hambre y comer con las manos pensando en Gil de Biedma y luego al sacrosanto apretar en el baño hasta que olvides todo, hasta que olvides tanto como fuiste o te fueron, como amaste o te amaron... e infanciarte en tu sombra... nocturno, solitario, monstruosamente humano... hasta que, enfermo y salvo, sepas que solo tú puedes ser a la vez el muerto y el sicario.

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