Tenía una estrella en el desván de casa y otra en cada uno de sus ojos, pero no era feliz, porque ser feliz es un estado pasajero... tenía un clavel rojo en el pecho que a veces, cuando el sol apretaba, se lo ponía en la cabeza, pero no era bella, porque la belleza es un estado pasajero... tenía un dije de oro puro que solía ponerlo colgando en su muñeca, pero un dije no tiene más valor que el de su peso y su estructura, así que no era mejor por llevar su dije, ni tampoco peor... tenía una escolopendra disecada y algunas tardes la miraba con verdadera admiración, pero la escolopendra no era ya escolopendra, porque era un muerto, y eso no le proporcionaba satisfacción... tenía un florerito de cristal de Murano y plata, pero nunca le ponía flores, aunque le cambiaba el agua todos los días. Era un florerito fresco y radiante, pero solo era un objeto... Tenía una pluma antigua con el plumín de oro, pero no sabía escribir con ella y no le importaba, pues lo realmente importante era lo que se gestaba en su cabeza... tenía una bolita de cristal llena de agua con una imagen chiquita de la Virgen de Covadonga, una bolita que se llenaba de nieve si la agitaba, pero sabía en lo más profundo que las vírgenes son materia de mercado, como casi todo lo que había a su alrededor, y eso la dejaba triste... y a ratitos sentían unas ganas irrefrenables de cambiar de vida... entonces se echaba en su cama, cerraba los ojos y procuraba dormir un ratito mientras pensaba... ‘no puedo, no puedo, no puedo...’.
Debe ser de cuando te mandaban “al Canfrán a varear fideos” o incluso de aquella mar salada de los ‘mecachis’... el caso es que siempre llevo puesto algo de casa [que es como decir algo de antes] en la jodida cabeza... y nado entre una pasión libidinosa por decir lo que me dé la gana y un quererme quedar en lo que era, que es lo que siempre ha sido... pero todo termina como un apresto en las caras, mientras el hombre de verdad dormita entre una sensación de miedo y otra de codicia... ¡brup!... lo siento, es el estómago que anda chungo... y tengo ideología, claro, muy marcada, y la jodida a veces no me deja ver bien, incluso consigue que me ofusque y me sienta perseguido... a veces hago listas de lo que no me gusta y de los que no me gustan... para qué, me digo luego, y las rompo... si al final todo quedará en lo plano y en lo negro, o en lo que sea, que al fin y al cabo será exactamente lo mismo... es por eso que hay días en los que me arrepiento de algunas cosas que he hecho, casi t...
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