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Corre la voz...



Corre la voz, me dijo, que hay bandadas de pájaros subiendo desde el Sur, nubes nuevas cargadas de agua y dispuestas a devolverte el color de la piel, tréboles que se multiplicarán en los caminos para que los sujeten tus ojos, libélulas como cítaras sobrevolando bajo los pantanos, oleadas de insectos polinizando todo… ¡Corre la voz!, me dijo entusiasmado, que no pasa otra cosa que la vida y es preciso que todos los sentidos sean alerta, que los hombres no importan, ni sus cosas, ante el vuelo mimoso del cernícalo… ¡Corre la voz!, me dijo con urgencia, con entusiasmo entero, que todo se convoca para serte, para hacerte -no mejor ni peor-, para hacerte… que el cielo se constela y atardece, que hay brisa para todos… y oxígeno, y colores… ¡Corre la voz!, aprende lo que importa y olvida sin recelo cada papel firmado, deshazte de la cosas y olvida ya sus usos, sus costumbres, su cadena de anáforas absurdas… y no compitas más, que no es preciso…

Corre la voz y extásiate ante el ciclo del que eres solo parte, deja que sea tu instinto el que decida… y no esa obligación irrelevante del ‘debe ser así’ que abunda en los papeles de los hombres.


Corre la voz y espera a que suceda lo que ha de suceder… porque sin que lo quieras vas a lo inexorable.

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