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¿Lo peor que me pueda pasar?…

¿Qué es no poder pagar el IVA comparado con no tener un pedazo de pan que llevarse a la boca o pasar los días sin techo y sin esperanza alguna? Pues que no poder pagar el jodido IVA es una suerte inmensa que ya desearía el 70 % de la comunidad humana como su mal mayor.
El sistema colapsa desde hace unos cuantos años y los colapsos del sistema acaban siempre con las civilizaciones dominantes (es ley histórica y hasta prehistórica), y no hay nada que se pueda hacer cuando el colapso arranca, nada que no sea esperar a que los coletazos del poder se lleven por delante lo menos posible y que el daño capacite a los dañados para arrancar de nuevo. El proceso es largo y llevará varias generaciones de tiempo, pero estoy convencido de que es inexorable.
Ante el decurso de los acontecimientos, ante los últimos estertores de la fiera capitalista y ante la destrucción que se avecina, poco podemos hacer… O nada.
Quizás tan solo nos esté permitido intentar el juego de lo paliativo volviendo la cabeza a lo cercano, pelear para que la velocidad –el fracaso– no se lleve por delante las mieles de la lentitud –el gozo–, entender y hacer entender al de al lado que hay que pelear el presente y olvidarse del futuro, que hay que abandonar la idea de ‘hormiguero’ y volver al trasunto de ‘aldea’, mirar de frente al otro y saberle en los ojos –no en la ropa que viste o en los objetos que cuelgan de sí–, entender la necesidad cercana y trabajar cada día para dejarla cubierta y volver del hombre ‘objeto’ al hombre ‘sujeto’ con voluntad de compartir en términos de igualdad.
El IVA, el interés simple y el compuesto, el IBI, el pago por registro, la seguridad social y cualquier otro invento hecho de números y con números no es más que un cedazo grosero y sibilino con el que separar a los descartables para que los ‘machos dominantes’ sigan disfrutando de su mordida y de su estatus. Yo ya lo sé a ciencia cierta y por eso me resbala cada miseria hecha de números. Yo busco el valor verdadero del hombre, ese valor que está en la mirada, en la bolsa de tomates que te entregan con una sonrisa franca, en la ayuda inesperada para empujar el paquete que pesa como un muerto… En ese tramo sensible, el colapso social, político y económico es un absurdo.

¿Lo peor que me pueda pasar?… No ser yo.

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