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Bei Dao


Mucho que contar de estos días de silencio y salidas nocturnas, como que han venido en visita de ver y no ver Antonio Orihuela con su Mar y su Ángela, derrotaditos de viaje y con ganas de posar sus cuerpos en Salamanca –dejaron botellita de vinillo de naranja moguereño–, que la furgoneta ha quedado herida de muerte en el puerto de Vallejera, que Marcos Díaz ha reseñado de vicio mi visita a Hervás en «La Crónica del Ambroz» –gracias, colega–, que acabé con la pesadilla del libro de fiestas de Guijuelo sin demasiadas heridas, que me cisco en todos los muertos de las encuadernadoras «Horizon» y que estoy de blues, que es como estar de vacaciones chulas.

Y del «estar de blues» me van quedando estampitas que guardar en plastiquitos para verlas con tiempo y con espacio: Un Alberto Hernández chulo haciendo de padre y esposo y amigo nocturno –no se puede ser noctívago con tanta compañía, pero sí feliz– y jugando a una cosa Requena –el abuelo–, pero de mucho mejor rollo y sin peligro alguno de muerte; Miguel, feliz; Juanito, «ensulugardescansen» de pollo y pimientos, de bacon y queso, de tortilla y buen rollo ejemplar y moderno; Gerardo y Elena, con swing perdulario –sin perder las formas–; Javi Fuentes en clase de tropa –como siempre–, con chaleco grave y portaacreditaciones de subjefe máximo –de aquí para allá luciendo el palmito de profe EDF–; Luisito y Toneti, con culo en barrera toda la corrida; Isi, dios de barra –debiera el supremo hacedor del «Blues/Béjar» hacer un llavero con este perico, un icono fijo bien reconocible–; Malick y Youssouph, haciendo sus danzas tribales de festivos negros; Mi niña y sus «grupis», luciendo el palmito de la edad más gansa –qué envidia–...

Jacinto con Charito y Ríchar –el trío calavera–, la estirpe Rodríguez Antúnez cumpliendo al completo con su rajatabla de «que la muerte me pille bailando», El grupo de «jipis» foráneo de todos los años a su bola eterna de porros y gestos tranquilos –qué envidia de gente–, niñas en perneta, viejos con turbantes y barbas de risa, padres de familia con pase pernocta, solteros de siempre con vaso en la mano, casadas de teta postiza moviendo el trasero, viudas alegres, progres a medida de Yanko y Lacoste –me incluyo, por cierto–, algún fascistilla con disfraz rockero, nuevos ricos chulos de BMW y churri, bejarahuis viejos, antiguos bajistas de grupos perdidos, tres grunges, seis con cuatro «ciegos», el mamao de turno bailando a su bola, la niña de Mahou luciendo su cuerpo –¡qué cuerpo!–, la niña de Justo –ya madre y esposa– vendiendo boletos en la zona noble de los «merchandaisin», Albertito junior de precamarero, Luisito Rodríguez vestido de negro, Javi con sonrisa de pulmones nuevos, la Fus con su novio –va a haber buen arreglo si la cosa sigue: monopolio en muertos–, bancarios orondos vestidos de gente –se les nota un güevo–, vestales Donosti ligando a rockeros, chicas de provincias, políticos, siervos, periodistas –malos y muy buenos–... y música a tope para el esqueleto que me duele ahora porque ya voy viejo
Hostia, que se me olvidaba... y Joseeltorero.

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