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Xu Fancheng

Cansado otra vez y con un catarro traído y pillado por ir a escuchar al colega Juanito Caldera –se lo pienso pegar a todo el mundo, coño–. Mocarrera, astenia, ganas de nada, dolor nebuloso de casi todo el cuerpo... Y encima con visita, que llega Esther Muntanyola y tendré que hacer los paripeses correspondientes... Menos mal que es buena gente y me entenderá si caigo derrotado.
¡Bah!

(19:20 horas) Ayer tuve la oportunidad de despedirme, aunque muy de pasada, de Ramón, me apetecía. Andábamos ambos por El Castañar para escuchar al mentado Juanito y cruzamos unas palabras de despedida y buena suerte durante un ratito.
Me gusta que la salida de Ramón haya sido digna, pues le ha tocado vivir momentos políticos muy duros junto a un tiempo desolador que seguro le ha modificado su forma de hacer y de pensar.
Yo espero que su periplo luso le haga tomar distancia y ver el mundo con ojos anchos, fuera ya de la estrechez enconada que hay que soportar en esta tierra.
Su salida, por otra parte, abre un camino esperanzador ante las próximas elecciones municipales, dejándonos un sabroso olor a cambio que apetece tanto como el olor de las primeras lluvias de septiembre.
Sólo hace falta que el PSOE bejarano esté vivo y no cometa errores en su elección de alcaldable. A mí me gustaría que no sólo se pensase en populismo a la hora de escoger, ni que marcase para nada el absurdo de la cuota femenina. Béjar necesita ahora a un gestor asentado, reflexivo, cultivado y con los pies en la tierra –joder, qué difícil lo pongo–. Hay muchas posibilidades de crecimiento positivo, pero también se van a dejar muchas trampas puestas en el camino. Cierto es que hay pocos nombres a los que darles vueltas, pocos mimbres, y que entrar a este toro debe ser casi como para ganar el Príncipe de Asturias, pero no importa, porque por pequeño que sea el cambio, estaremos mejor de lo que estamos ahora.
También es tiempo de empezar a elaborar un proyecto serio y realista, sin promesas, pero con solidez, y crear un equipo que sea capaz de asumir riesgos y a la vez controlar a quien lo dirija para que no desbarre nunca.
Yo ya sé lo que no voy a votar, pero aún tengo dudas de cómo y por qué votaré.
(22:06 horas) Mi trancazo se agrava hasta taponarme la nariz al completo y obligarme a respirar por la boca.
Siento unas ganas enormes de encerrarme a escribir poemas.
Creo que nunca he mencionado en mi diario a José Manuel, el director de la oficina de Caja Duero donde suelo hacer mis transacciones y saldar mis pellas –a la vez que dejarlas–. Un tipo extraordinario con 12 ó 13 valores que me gustan mucho y que no voy a definir. Da gusto invitarle a un café, charlar con él de cualquier cosa e incluso pedirle crédito –debiera formar la banca a todos sus bancarios como a José Manuel–. En todo caso, un tipo que sumar a otros vecinos flotantes de la Plaza Mayor... que están consiguiendo entre todos y poco a poco que se vaya configurando un espacio habitable en el que cada día me apetece más vivir.

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