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Zhao Jingshen


Ayer, a última hora, vinieron a visitarme Mari Sol, Urceloy y su hija Julia –encantadores, como siempre–, como los Reyes Magos, cargados con un delicioso queso de Cabrales y con una botellota de tequila reposado «Mayorazgo» que Mari Sol me ha traído de su periplo mejicano... también traían un recorte de prensa graciosísismo en el que mi libro «El gato sólo quería a Harry» figuraba como el cuarto más vendido en el apartado de poesía durante el mes de agosto –ja, ja, ja....–, nada menos que por delante de Edmond Jabes, Valente y el colega de Cuenca... Para partirse el culo o para darse cuenta de que uno tiene colegas por ahí que le cuelan de mentirijilla en estas listas.
Salimos de marcheta corta –estábamos todos derrotaditos– y pillamos cama a la primera excusa. Me acordé un montón de mi Morante –cómo le echo de menos últimamente.

(11:30 horas) Murió Hilario Camacho y en mi casa hay otro vacío pequeñito en el que aguardarle. Su recuerdo permanece vivo en mi discoteca breve y en mi álbum de fotos, en aquellas canciones de los años setenta que emborrachaban de sensibilidad, en su imagen –ya algo rechonchete– poniéndose ciego a helado en el privado de La Alquitara, en sus visitas a mi local de Colón y en las charletas encantadoramente interminables y bejaranas –le gustaba Béjar hasta el punto de que venía a cantar un par de noches y se quedaba veinte días... teníamos que echarle–, en los constantes correos electrónicos –había días de ocho y diez correos seguidos–... Me quedó pendiente escribirle la letra para una canción que le prometí hace nueve meses y que por desidia y curro no llegué a enviarle nunca a pesar de su insistencia.
Hoy le veo enredando entre los libros de mi biblioteca con esa curiosidad que tenía para todo, riendo como un chavalillo y contándome sus aventuras musicales, su declive temporal y la lucha por salir otra vez adelante en lo que él más amaba, que era la música.
Hilario ha dejado un trabajo original, sensible y dignísimo; un trabajo que habrá de ser reconocido con la pátina del tiempo por otras generaciones menos enredadas en el consumismo feroz y en la música enlatada. Su mensaje vive y vivirá mientras los que supimos recibirlo tengamos un hálito de aire en los pulmones.
Hasta pronto, colega. Hasta pronto.

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