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Enrique Baltanás

Quizás el toque de la vida esté en la búsqueda de la dificultad por la dificultad. Así somos y así actuamos. Pasamos de largo de los caminos rectos y nos enredamos en trochas que nos hacen caminar en círculos. Sí, nos empeñamos en la dificultad. Cuando algo se acaba y somos consciente de ello, no nos damos por vencidos, no comenzamos a sembrar otras huellas en terrenos vírgenes, no; rememoramos, buscamos la solución del bucle y revolvemos en un pasado que sólo tendrá la capacidad de hacernos daño.
Si todo es muy simple: algo termina y se acabó... y a continuar muriendo hacia adelante.
¿Por qué sucede esto?, ¿qué mecanismo nos lleva a ser tan redundantes?... La búsqueda absurda de la dificultad y el empecinamiento moral son los dos casos humanos que más me disgustan y por los que me pregunto con más frecuencia.
Y en el fondo, lo más desquiciante en el itinerario vital es conseguir con éxito todas las metas marcadas, ya que quien lo consigue siente el fracaso desde el componente positivo, sin encontrar razones que lo apoyen, siendo tal fracaso neto y de golpe seco, un fracaso sin posibles culpables en los que apoyarse para salir. Morir de éxito, creo que así lo llaman esos tipos de letras y números... Lo mejor es tener una vida promediada y trabajar en ella con soluciones simples en las que el porcentaje de errores sea adecuado y nunca nulo.

(22:33 horas) He recibido un libro delicioso desde el Ateneo de Sevilla con tarjeta cordial de su presidente, Enrique Barrero González. El volumen lleva por título «Homenaje a la Fiesta del Soneto celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1912», una recopilación de éxitos de colegas tan queridos como Luis Alberto de Cuenca, Enrique Baltanás, Antoñito Carvajal –al que ya voy echando de menos–, Gamoneda, Pura López Cortés, María Rosal Nadales, José Antonio Sáez... Un divertimento extraordinario para un tiempo sin rima y sin ritmo... que se agradece.
Y a pesar de que el día ha sido de calendarios –son los peores días de un impresor–, he recordado a mis coleguitas de siempre y de nunca mientras pegaba faldillas y he pensado vivamente en los que acumulan problema sobre problema... lo he hecho con fuerza, como creyendo que en mi pensamiento anidase alguna solución entre tonta y exotérica.
Va por ellos este día, con fervor.

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