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Dos no riñen si uno no quiere...


Un silencio forzado de tres días que me han dolido tanto como un jodido dolor de muelas. Todo culpa del trabajo estresante y de algunos tocapelotas empeñados en medrar con cosas insignificantes [el buen medrador lo hace todo a lo grande]. En fin, que me jode el silencio diarístico igual que me jode sentirme mayor por las mañanas o mirar a una mujer bella y no sentir nada.
El resumen de los tres días pasados es casi de monografía hostelera [mejor decir hospedera]. Tensión para llegar al final de un principio que iba a salir bien se hiciera lo que se hiciera . El caso es que escribí hace dos días una entrada fallida al respecto que encorcheto debajo, pues me parece idóneo recuperar palabras:

[Cuando llega don Francisco es la revolución con toma de La Bastilla incluida… todos anudan sus corbatas y ponen en tensión sus músculos, hay carreras y rumores, absurdos aires de cambio y mil ridículos temores, actos de fe y demasiadas oraciones lanzadas a no sé dónde… Yo, sin embargo, no conozco a don Francisco… solo conozco a un Paco jovial e hiperactivo con el que me río y al que me acerco con ganas.

Y ya he caído en la cuenta de que el problema radica en esa nube de advenedizos que no saben estar frente a un hombre con poder económico que, al fin y al cabo, no es más que un hombre como los demás [aunque éste le ha sabido buscar el lado dorado a la vida… a pesar de que todo es relativo].
El problema del dinero es que a su alrededor crece la sumisión por puro azar, sin que sea solicitada y sin que ni siquera sea sugerida, de forma espontánea y churrigueresca.
Me encanta, en todo caso, ver el mundo de reacciones que se producen ante la presencia de Paco, pues de ahí obtengo luminosos datos sobre el carácter oculto de muchas de las personas que conozco. Más cuando al colega casi se le obliga a subirse a ese pedestal de cartón piedra hecho con la piel sobrante de los aduladores.
Sin el decorado estrábico que le ponen los serviles, Paco se averigua como un tipo jovial e inteligentísmo, con chispa y con una generosidad fuera de toda duda, mordaz, absolutamente seguro de sí mismo y de todo lo que emprende, sagaz, atrevido y arriesgado, pletórico y con calidad de amigo.

Su poder está hecho fundamentalmente de ese material que se llama astucia… un poder que pocos saben recibir y muchos menos han aprendido a gestionar.
Yo me alegro de que vuelva Paco –que hace como un siglo que no le echo el ojo– y de poder tomarme un cafetín con él en plan colegas, como siempre, y poder contarle cómo me tienen la cabeza de enredada sus mesnadas vetonas, y reírnos del miedo pavoroso a la nada, del canguelo zurraspero previsita, de la cosa playera y de ‘Castor y Polux’… y darle un achuchón a Mariaje con sonrisa incluida.
La sumisión aliena al sumiso y le jode la vida al adorable hedonista,
En fin.]
Y llegó Paco con mirada torera y dicursito de matar al recibir, con su pan bajo el brazo [mostrándolo casi con lujuria a las autoridades y a las postautoridades]. El sarao fue ajustado y generoso, aunque para mi gusto pecó de hora temprana y de exposición absurda de los presentes a un sol de justicia [parece ser que fue idea de Pepe… aunque no estaba mal para alguno aquel castigo]… Allí estaba de nuevo, como siempre en los últimos años, todo ‘el gran Béjar’ encorbatado y reseco con ganas de almorzar a media tarde [aunque esta vez también se colaron algunos mingaslacias y una nena donadie a la que vi dándole órdenes rigurosas a las camareras… lo que hay que ver, coño, que le quitas a una chacha la cofia y enseguida toma su papel de jefa de cocina].
En fin, que a lo que iba, que Paco estuvo fiero con alguno y muy cercano conmigo, que Mariaje estaba reguapa, igual que Estibalina; que Ana presentó divinamente repintada sus bandejas de viandas, igual que una vestal, y Pedrito lucía un trajetón ‘Don Pedro’ cien rayas y a lo loco [se le veía entre orgulloso, agotado y feliz… y yo me alegro].
Los discursos fueron quizás lo mejor de la tarde: El de Pepe fue jabonero y llenito de lugares comunes, pero le quedó bien, pues le puso ese acento catalán que saca en las fiestas y lo hace todo más jugoso; el de Paco, medidísimo en todo, dando leña y árnica a la vez, jugándosela con tres reyes a la chica y sin entrar a pares… hizo que Alejo se hinchara [porque no entiende nada el hombrito] y que Cipri buscara en diez segundos sus mejores recursos oradores [que los tiene… y de alta calidad]. La lid quedó en empate y me juego lo que sea que habrá justa revancha en terreno de todos [espero que de tal pelucha salgamos sonriendo y con mucho futuro en las carteras].
Yo bebí champacito y me riñó la nena PdT de las deliciosas lorcitas lumbares [“es cava, coño, ceporro, es que no entiendes…”], comí jamón sudado y algunos canapeses de sabores exraños, charlé con Paco a solas [el me buscó], le di sombra de gratis a la niña de Andrino, me solacé en la suerte de la casta Riñones y hable sin miramientos sobre La Cerrallana [esa misma tarde estuve haciendo una cata de imágenes de ese monstruo feroz que ha dejado en herencia el PP repasado].
Y de cenita, Diego Mesa, con su cosa de fapas para currar un rato [de los grandes].
A la abuela le dio, mientras tanto, un leve jamacuco que quedó en nada [una nada de Dios, ese tipo sin conmiseración y sin agallas].
Estoy algo cansado.
Corto y cierro.
De LECTORAS

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