Terrible el día con el colega Pepe pegado a la chepa desde primera hora [un castigo divino que no puede imaginarse si no se ha vivido]. Corretivas a la de ya, urgencias, vengavengas, vamosyás… y el trabajo tomando ese cariz cabrón de lentitud rijosa e insoportable. Definitivamente no sé trabajar bajo presión a pesar de que procuro sonreír y la boca se me llena de palabras gruesas contra todo.
Respiré a las ocho, cuando logré dejar el arte final en manos del transportista, que estaba de los nervios, pues le hice retrasasrse más de un cuarto de hora en su salida.
Respiré, pero me tocó hacer de taxista con Antonio, de cuidaperros en casa de Julia y de padre [dulce tarea] con mi Guillermo delicioso y blandito.
Los días para tirar a la basura, como éste, me hacen sentirme imbécil, y más cuando aún no he cobrado el mes y ya se está pasando el plazo [cuánto me acuerdo de Carlitos, panza arriba en la playa y sin haber dejado rematadas las facturas para cobro… para matarlo].
A dos putas velas apenas me dan ni ganas de mirar a las mozas precelulitis… ni a las postnalgatorias tampoco… ¡Si serán malos! [los días así, claro].
Y lo mejor es que hay tipos que me ven como un suertudo que trabaja en lo que quiere y cuando le da la real gana… ¡Ah!, la realidad, la jodida realidad, que es como un enorme supositorio seco y mellado…
Me agarraré a la espera de que llegue hasta casa mi Diego F. Magdaleno para poner palabras y sonrisas, releeré la carta que Belén me envió hace unos días desde Arsur-Arsurette, un pueblito del Jura, justo en la frontera de Suiza, y miraré rendido su rostro bellísimo en la postal de ‘Ediciones Tansonville’ que me adjunta…
Restos de otros naufragios acaban construyéndome una balsa habitable en la que seguir el camino de Ítaca como en un sueño.
Hoy ando chungo de ánimo… Mañana me desquito.
Respiré a las ocho, cuando logré dejar el arte final en manos del transportista, que estaba de los nervios, pues le hice retrasasrse más de un cuarto de hora en su salida.
Respiré, pero me tocó hacer de taxista con Antonio, de cuidaperros en casa de Julia y de padre [dulce tarea] con mi Guillermo delicioso y blandito.
Los días para tirar a la basura, como éste, me hacen sentirme imbécil, y más cuando aún no he cobrado el mes y ya se está pasando el plazo [cuánto me acuerdo de Carlitos, panza arriba en la playa y sin haber dejado rematadas las facturas para cobro… para matarlo].
A dos putas velas apenas me dan ni ganas de mirar a las mozas precelulitis… ni a las postnalgatorias tampoco… ¡Si serán malos! [los días así, claro].
Y lo mejor es que hay tipos que me ven como un suertudo que trabaja en lo que quiere y cuando le da la real gana… ¡Ah!, la realidad, la jodida realidad, que es como un enorme supositorio seco y mellado…
Me agarraré a la espera de que llegue hasta casa mi Diego F. Magdaleno para poner palabras y sonrisas, releeré la carta que Belén me envió hace unos días desde Arsur-Arsurette, un pueblito del Jura, justo en la frontera de Suiza, y miraré rendido su rostro bellísimo en la postal de ‘Ediciones Tansonville’ que me adjunta…
Restos de otros naufragios acaban construyéndome una balsa habitable en la que seguir el camino de Ítaca como en un sueño.
Hoy ando chungo de ánimo… Mañana me desquito.
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De LECTORAS |
Besitos desde Könl. Aquí también existes.
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