Ir al contenido principal

desde el calor sofocante de las termas.

Algún día debo pararme a pensar sobre la ‘utilidad’, enredar en el constante ‘hacer para’ que nos ata como hombres. También en esa otra idea de ‘utilidad armada’ que no sigue los signos del sistema, sino que procura deshacerlos para volverlos bocanada de aire respirable.
Encender la candela y buscar la levedad de la sombra buena de los hombres, ésa en la que sienten algo por los demás cuando consiguen olvidar por un instante que todo esto es una guerra abierta con/contra el de al lado.

•••

UN VIAJE INICIÁTICO A LAS TERMAS ROMANAS DE BAÑOS DE MONTEMAYOR


Un cliente me hizo el encargo hermoso de realizar un reportaje fotográfico en el subsuelo romano y sulfuroso del balneario de Baños de Montemayor. El asunto estaba en pasar por allí a esas horas en las que los clientes Imserso descansan y dejan las instalaciones termales sumidas en una soledad que grita y batidas por el calor espeso y el olor agrio de los vapores de sus aguas curativas.
Yo solo en el recinto enfrentándome a una historia goliarda de la Roma más decadente, a millones de historias de vejez con razones para pensar en restañar ‘algo’, a miles de asuntos de belleza mezclada con enfermedad… un placer absoluto para mi espíritu y un deleite para mis ojos lunáticos.
No fue fácil el curro por las condiciones de luz, y menos por el continuo empañarse de las lentes.
En mis horas termales sentí un gradiente de espíritus que me rodeaban como queriendo contarme sus historias, temblé y sonreí, me enervé enfocando la curva de la Venus de mármol sobre el fondo de agua y recordé las escenas pictóricas de Botticelli en su ‘Nacimiento de Venus’ [que reposa en la galería de los Uffizi] o la ‘Venus del espejo’ de Velázquez.
Y entre los vapores boceté con los ojos un desamor de ceniza sobre un silencio arrugado, dos siestas junto a un cuerpo de lumbre, el azar de un olvido de esponjas, un recelo entre cremas con las pupilas negras, el almíbar sobre una silla de mujer, el sudor derramándose sobre la seda, un delfín intentando ser crustáceo, unos labios carnosos bajo la nuez de Adán… mis pies se hicieron charcos y mis muslos serpientes… y me supe de vértebras y tendones, de algo fosilizado adentro y de algo vivo… membranas y misterio, lágrimas y costumbre, sangre pálida y encarnado latido, despedida, mejilla… y también excremento.
Y volví a lo cotidiano como con un tesoro enterrado en mis pupilas, un tesoro hecho de coágulos y fantasmas lluviosos, de tardes apacibles tumbado sobre un cuerpo… un tesoro de pasos perdidos entre los cuerpos muertos.

Miser Catulle, desinas ineptire,
et quod uides perisse perditum ducas.
Fulsere quondam candidi tibi soles,
cum uentitabas quo puella ducebat
amata nobis quantum amabitur nulla.
Ibi illa multa tum iocosa fiebant,
quae tu uolebas nec puella nolebat.
Fulsere uere candidi tibi soles.
Nunc iam illa non uolt; tu quoque, inpotens, noli,
nec quae fugit sectare, nec miser uiue,
sed obstinata mente perfer, obdura.
Vale, puella. Iam Catullus obdurat,
nec te requiret nec rogabit inuitam;
at tu dolebis, cum rogaberis nulla.
Scelesta, uae te; quae tibi manet uita!
Quis nunc te adibit? cui uideberis bella?
Quem nunc amabis? cuius esse diceris?
Quem basiabis? cui labella mordebis?
At tu, Catulle, destinatus obdura. *

*[Mísero Catulo, deja de hacer locuras y lo que ves que se perdió, dalo por perdido. Brillaron en otro tiempo para ti luminosos días, cuando corrías allí donde te llamaba una muchacha querida por nosotros como ninguna otra será jamás querida. En aquel tiempo no había sino alegres solaces; todo lo que tú querías, no lo rehusaba tu amada. Brillaron, sí, para ti luminosos días. Desde hoy ella ya no quiere; también tú, débil corazón, cesa de querer. No persigas a la que huye, no te amargues la vida, antes, con obstinado ánimo, resiste, tente firme. Adiós, amiga: desde hoy Catulo no cede, no irá a buscarte, no te dirigirá ruegos que tú rechazarías. Pero tú llorarás cuando no te veas requerida. ¡Ay de ti, miserable! ¡Qué vida te espera! ¿Quién se te acercará ahora? ¿Quién te encontrará bonita? ¿A quién amarás ahora? ¿A quién dirán que perteneces? ¿A quién besarás? ¿A quién morderás los labios? Pero tú, Catulo, tente firme.].

Valerio Catulo (Poema 8 de ‘Carmina’, del año 60 a C. aprox.)


Qué poco cambia el mundo del hombre tras los siglos y cómo me gusta que así sea… y me quedo termal y aletargado.


















Comentarios

  1. Por fin veo el interior de ese balneario!! y me has cambiado la imagen rancia y ulcerosa que tenía sobre él. Mola.
    Cuando piso lugares con historia y me imagino a sus gentes, allí mismo, miles de años atrás... ufff, me entra sensación de vértigo! (y me encanta).

    A Cátulo habrá que recordarle sus propias palabras:

    Una salus haec est, hoc est tibi pervincendum.
    Hoc facias sive id non pote, sive pote!
    («Una sola salvación hay para ti: esto debe superarse, ¡Hazlo puedas o no puedas!»).

    Pues es cierto: ¡esto no cambia!

    Preciosa entrada. Donce.
    (jeje...y también ¡por fin estás en el wikipedia!)

    ResponderEliminar
  2. Catulo, leches, que tengo querencia a poner y quitar tildes en lugares que no debo!!
    (pero qué burrita soy !!)
    ea, y ahora me voy a tirar a las calles para hacer un asadito con mi body... joé qué calorrrrrr!!
    Un beso.

    ResponderEliminar
  3. Reitero el comentario de Donce,bonita entrada, me gustan las termas, pero no soporto el olor.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …