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En esta trinchera de hoy no soy el héroe


En esta trinchera de hoy no soy el héroe, pues no hay cuchillos ni se admite el cuerpo a cuerpo con armadas bayonetas en las manos, ni siquiera caen bombas o la sobrevuelan los misiles... yo la imagino con recién mudadas pieles de serpientes y con carcasas viejas y oxidadas de las balas antiguas que hicieron legendarios a los muertos... en esta trinchera de hoy todo sabe a renuncia y hay rabia, mucha rabia entre los parapetos... y todo está como apagado y oscuro porque ya no hay posibilidad para lo heroico y todo se resume en la constante parodia de uno mismo y sus cosas.
Solo, aturdido, me pregunto quién destrozó mis sueños, quién lo frustró todo con su futuro calculado y ese jodido ardor por hacernos segmento en vez de línea.
Miro atrás y quedo boquiabierto al ver lo que quería y al saber lo que tengo, al sentir netamente lo que deseaba para el mundo y en lo que se ha convertido esta cosa centrípeta y virtual que me deglute.
Mi abuela se levantaba temprano, con el amanecer, y se lavaba la cara en el aguamanil con jabón de sosa... luego, con un paño blanco sobre los hombros, comenzaba su rito de peine y pasadores... cepillaba su pelo y lo limpiaba con alcohol, lo trenzaba y remataba un recogido divino que le aguantaba el día entero... luego sacudía el paño blanco en el balcón y lo dejaba al oreo... se vestía de aquel negro impoluto que era espanto y vergüenza y corría a despertarme a la alcoba donde vivía el sueño... me tocaba quedito con sus manos en las mejillas y me hablaba bajito para aminorar el daño que siempre supone el abrir los ojos a un día nuevo... bebíamos juntos café migado con pan en unos enormes tazones de porcelana y luego me lavaba entero... las axilas, el cuello, la cara, los ojos... y me peinaba con aquel flequillo medido que era carnet del tiempo... un peine de carey y agua de colonia... y al colegio...
Y en la calle, corriendo, armado con bufanda, con gorro de orejeras, con guantes y sin tiempo, con calcetines largos de rombos, con pantalón de fieltro, con mis botas Gorila y un carterón tremendo me unía a otros muchachos del mismo corte y pelo... nos contábamos cosas de chicos, reíamos y, atentos a la banda terrible de La Plaza –que, si nos agarraba, se nos caía el pelo–, pasábamos a diario por aquel Cabo de Hornos para dar con los huesos en el colegio... y allí fue donde el círculo se armaba en mi cabeza hueca y en mi cerebro tierno... allí quisé ser astronauta, pivot de baloncesto, biólogo de selva, egiptólogo, libre, escritor, bandolero, actor de cine guapo, Tarzán, Corsario Negro... pero al llegar a casa era Felipe y nieto, corindilla y chispita, miniño y mipequeño... mi abuela me compraba el Jaimito, el TBO, el Pumby, Hazañas Bélicas y otro montón de cuentos que leía, atontado, metido en los manteos de la mesa camilla, al calor del brasero... y entonces me enredaba en que quería ser dibujante de cuentos...
Y a eso de las siete, cuando el sol era un punto y empezaba lo negro... se arrancaba mi abuela la postilla del pecho y me hablaba, sin echar una lágrima, de cómo era el abuelo, de cómo se reía, de que era el mismo centro de todas las reuniones, el alma de las fiestas, el amigo perfecto de todos sus amigos... y entonces yo quería ser mi abuelo...
Y toda aquella gana para este parapeto, para este atrincherarse, entre el asco y el tedio, de una fiebre de hipócritas que donde dicen blanco siempre hacen un gran negro, de esa ponzoña horrible de hombres del dinero, de ese olvido de todo –y en el todo, mi abuelo–, de ese nuevo fascismo de bancos y políticos, de funcionarios hueros, de periódicos chuscos, de gürteles peperos, de jueces dependientes y de gatas en celo que abren sus coños rojos si tintinea un euro...
¿Quién está por encima de la ley?... ¿quién?... ¿y entre las piernas de la ley?... ¿quién se folla a la ley cada mañana?, ¿eh?... ¿quién se la folla mientras sonríe?
Yo solo sé que me han robado las ganas y que siento todo como una mentira enorme y maligna, dirigida por algunos... y me da igual Garzón, que será un hombre con sus luces y sus sombras, como todos... pero no me da igual la IMPUNIDAD de los asesinos, de los verdaderos ladrones de vidas, de los genocidas y de los violadores de derechos humanos... y mucho menos la impunidad con risas sarcásticas y pisotones... y esto es muy probable que no lo entiendan quienes no tienen muertos pendientes... pero todo llega alguna vez... y a mí me pillará en la trinchera, aunque sea chusca, sin cuchillos ni héroes... solo con peladuras de serpientes recién mudadas.

Comentarios

  1. Me quedó con tu dolor, que es el de todos lo sepan o no, me quedó con tu poesía que es un ungüento al alma, te acompaño en el sentimiento y te agradezco por el escrito. Sólo queda seguir atrincherados.

    Bellísimo texto.

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