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Desde el frío

Por fin acabo de darle remate a mi trabajo para la exposición NOTESALVES con el cuadro que os dejo.
Estoy agotaíno.

Me agarró otra vez el frío por el lado de abajo y estoy entrepernero y melón. Hacía ya unos meses que no venían a visitarme el escozor y las incontrolables ganas de orinar, y confieso que ya me había acostumbrado a un mal estado físico aceptable hecho de dolorcillos chicos y articulares... y hoy, para mi suerte, vuelvo a saber con meridiana nitidez que tengo algo entre las piernas que intuye raíces justo en el interior de los lomillos. No hay dolor [eso me gusta], pero existe una molestia constante y puñetera que me crispa los nervios y me llama a hacer cosas y cosas y cosas para intentar olvidarme. Ya he explicado más de una vez que andar desvariado del cuerpo contiene para mí bastantes tramos positivos, tramos de reconocimiento físico por medio del recuerdo de toda esa montaña de musculillos, terminaciones nerviosas y mucosas que dan la voz de alarma llamando una atención localizada... pues eso, que hoy sé que tengo un miembro que late y se contrae, que a ratitos se vuelve agujas y estalla en humedad templada... y saber que lo tengo me gusta y me ilusiona... y hasta me llena de orgullo en algún minuto perdido en el que se hace cuerpo entero y deja notar con nitidez su ser y su estar... y me dan ganas de escribirle desde una epístola moral a un epitafio o dibujarlo en su caer modorro por su peso. Y así llegan las ganas de armar letras dejándome llevar por el latido constante bajo la cremallera.
Tómalo entre las manos sin pensar en galaxias ni en ese aleatorio conjugarse de los cuerpos, tómalo con intención plástica e incluso con cierta curiosidad científica, sin buscarle la nata ni esa función de estambre que perpetúa especies, sin sentirle carnero ni siquiera proletario... tómalo simplemente entre las manos para sentir su seda de piel fina, para notar su textura blandísima de cuerpo cavernoso, su agusanado paso del invierno, su triste estado de descanso oficial aletargado. No es bello, ya lo sé [no se expresó el ‘Magnífico’ inexistente con esta pieza nuestra tan guardada], pero contiene un nosequé desabrigado que lo hace apetecible al tacto [incluso fuera de esa curiosidad propia que acompaña a todo lo escondido]... y déjate llevar, simplemente déjate llevar...
La goma MILAN blanca que no borra desde el setenta y cuatro, el imán de herradura con sus extremos rojos como glandes, el cirio frente a la Virgen derramando su cera, la masa de los bollos blandidas por dos manos expertas, la voluntad de Sur, la palabra ‘blando’, una medusa, un pulpo muerto, la crema del pastel y el patito de goma... deja relajar tu mano izquierda y prueba a palpar con la derecha la membrana interdigital entre el pulgar y el índice... es más o menos eso... prueba, prueba... el globo que va perdiendo aire, el algodón de azúcar, la bolsa con agua templada, la sensación del humo saliendo de una boca, el magro antes de hacerse en la sartén, la cereza pasada, el higo, la pintura espesa, el jamón sin curar... pellizca con suavidad tu cuello, estira su piel, sopesa... es más o menos eso... prueba, prueba... el bañador de licra mojado, la leche condensada, mermelada de fresa, el farinato blando, el helado en su punto, las natillas espesas... todo a la vez y más... prueba, coño, prueba.
Y al sentirlo en la mano, con los ojos cerrados, pensar una isla con pastos o una noche enterita llena de hambre de estrellas, sentirte en un mercado sopesando las sedas más delicadas... y hablar solo, como un orate a tientas o una mujer tendida bocabajo... hablar solo del agua o del champú, del tic-tac que es el tiempo, de lo mucoso y salado, del magma del volcán o del pistilo meloso que florece en un vientre... sí, con los ojos cerrados... y sentir su tacto de blusa abierta como una fiebre nueva o como un exterminio... verás que te responde y lo hace sin medida aun en su enfermedad... y es que su voluntad fue siempre de llenar y llenarse, de cubrir y agotarse, de sentir... de sentir sobre todas las cosas.
La verdad es que nunca entendí ese trazo religioso que lo ha llevado al lumpen, nunca entendí el afán de esconderlo manchando la cara de vergüenza ante su solo nombre, nunca entendí que sea tan negado desde la hipocresía que supone su uso diario para la reproducción o el simple gozo... la moral es absurda ante este compañero que marca con tesón tu estado anímico y te hace biología consecuente, que crece agradecido y cabecea, que sacia y apacigua, que ilumina el deseo y te hace sonreír de satisfecho... ¿qué hay de malo en su frente y su perfil?... ¿qué ha hecho, sino darnos placer y perpetuar la especie?... su perversión proviene precisamente de esa calidad de sucio que la moral absurda le ha otorgado desde rotundos valores educativos que lo han venido negando desde siglos [ahora recuero al gran Giorgio Baffo, genio denostado de la literatura erótica que escribió sin rubor y con naturalidad y gracia sobre el sexo físico y sus valores incuestionables para el hombre y la mujer]... no entiendo... pero sé que tengo el mío aquí, siempre, que me acompaña e indica cada cambio hormonal que se produce, que me lleva a las ganas o simplemente me las quita, que es una parte cierta de mí e irrenunciable que suele proporcionarme los momentos más vivos y felices... y hoy está de capa caída, pero conmigo, siempre conmigo.

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