Ir al contenido principal

Vuelta al hielo con Guillermo.



Guille y yo salimos tempranito de casa, bien abrigadotes y cargados con nuestras cámaras y los objetivos largos. El coche marcaba en el momento de la salida cuatro grados bajo cero, pero no hacía el viento de ayer, con lo que todo era resultaba más llevadero. Nuestro itinerario pasó por la pesquera negra [desde la que ascendimos por el río de roca en roca, con alguna dificultad, hasta las cascadas... las imágenes de hielo eran hermosísimas, sobre todo en las paredes de roca, de las que caían unos chuzos largos e impresionantes], la Dehesa de Candelario, que por altura convocaba más hielo, y el Pantano de Béjar. Acabamos agotados de pisar maleza y de hacer equilibrio en los enormes cantos rodados del Cuerpo de Hombre, así que volvimos a Candelario con las orejas frías y rojas como pimientos morrones, y nos tomamos un Cola-Cao caliente con bollo en “El Ruedo”, y nos supo a gloria.
De camino a casa, Guille iba revisando en la pantalla de su cámara las imágenes que había tomado y me decía entusiasmado: “Paporro, como haya este año otra vez concurso de fotos sobre el río, creo que me lo llevo de calle... qué fotos chulas he hecho”.
Y volvimos al calor de la casa para descansar y comer como dos glotones.

Guille con su Nikon haciendo equilibrios por el río.





































Guillermo rompiendo una placa de hielo al borde de la carretera.

Acabamos la excursión fotográfica en el pantano de Béjar y pillé a Guillermo tomando una foto al pico del Peladillo.

Comentarios

  1. Está enorme el Guille. ¿son suyas las fotos que has publicado? Cuando termine de crecer, sus fotos serán acordes a su nuevo tamaño, ¡Geniales! dale miles de besos ahora que se deja.
    Besos corazón.

    ResponderEliminar
  2. Qué hermosa pareja vosotros dos.
    Qué buenas fotos hacéis.
    Ya sé por otro gran fotógrafo que tienes una nueva cámara impresionante.
    Besos

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Mario

Mario fue un corredor de fondo que ha legado el nombre a mi nieto para perpetuar en él su memoria, y me gusta, me gusta mucho que mi bebé tenga en su nombre una razón y un contenido, que lleve el signo de una amistad indeleble y el valor hermoso del recuerdo. Mario, hoy mi nieto, es divinamente vulnerable, delicado hasta el suspiro, bellísimo en sus gestos y causa absoluta de orgullo personal. Su madre, mi hija, me ha hecho el regalo más precioso que se puede hacer a un padre, y lo ha hecho con valentía, sin miedos, siendo una mujer entera en todo el proceso y demostrándome que algo tuve que hacer bien en su educación y en su formación como persona. Jaime, el padre de mi nieto, es un padre ejemplar, preocupado, atento siempre a las necesidades de mi hija y de su hijo, y yo le estaré eternamente agradecido por su forma de ser hombre y por el amor entero que se percibe constantemente en su trato hacia mi niña y hacia mi bebé. Gracias a los tres por hacerme tan feliz.
Por lo que a mí se …

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…