Ir al contenido principal

Así de simple...



Parece complejo, pero no lo es en verdad... lo que sucede es que a ciertos grupos de poder les resulta perfecta la complejidad como opción estupenda para dominar. Eso es lo que sucede y en lo que estamos... en un mundo fácil con mecanismos complejos para todo.
¿Si el espíritu de la cosa es sobrevivir, a qué tantas historias irreales llenas de componentes imaginarios?
El verdadero problema somos nosotros, los hombres, que no sabemos ser especie en proyección si nos sentimos especie en dominación... y todo así resulta miserable, todo se procesa en parámetros de quién domina a quién y no de cómo conseguir la hermosa descongestión de la miseria mediante la colaboración y el reparto justo.
El problema fundamental es que nos han acostumbrado al ‘percentil’ que nos lleva a conformarnos con pequeñas metas individuales o sociales en las que, si se satisface el ‘yo’ mientras se destruye el ‘nosotros’, no pasa nada... y eso sucede en cada una de las escalas... y sucede de esa forma terrible que se llama ‘conformismo’ para mal de todos.
Al más pobre de todos le importa comer hoy y encontrar un refugio cómodo para pasar la noche... si consigue ambas metas, no se queja.
Al pobre sin más le preocupa cubrir sus necesidades del día siguiente... y si lo consigue, no se queja.
Al pobre con algo le consuela cubrir su semana pendiente y saber con ello que permanecerá una semana más en su statu.
Al de sueldo mínimo le abriga saber que tiene hasta el día quince del mes medio pagado todo y que debe aguantar el otro medio mes hasta cobrar de nuevo.
Al mileurista le tranquiliza mucho poder comprarse ropa o zapatos, tener para la gasolina del coche y permitirse algún pequeño lujo si se aprieta un poquito.
Al clase media le sujeta que no peligre demasiado su futuro cercano [a un año vista] y existan pequeñas oportunidades de crecer un poquito.
Al media/alta, que la bolsa no caiga hasta el no dormir y que en sus vacaciones no haya huelga feroz de controladores.
Al clase alta que le inviten de nuevo al desfile Ralph Lauren, como el año pasado.
Todos pensando justo en la localizada expectativa de sus metas y quedándose quietos en sus jergones o en sus poltronas bien tapizadas, quietos como estatuas sobre su statu quo, porque lo que suceda a más de diez días vista no requiere emociones ni preocupación... y más si los problemas se nos plantean como ‘complejos’ y a plazos medios o largos.
Así se nos mantiene silenciados, quietos, dóciles... siempre en un ‘ya veremos’ que nos sugiere ciertas mejoras en lo que sea.
Y luego la puesta en valor de las preocupaciones, tomando cuerpo con el mismo calado de tensión el no saber si comerás mañana, el no saber si cobrarás el paro, el no tener muy claro si ‘Canal +’ funcionará con la tarjeta pirata el día del derbi galáctico o si podrás hacer reserva en el Hilton para el jueves... todo en el mismo saco y con la misma respuesta neurológica, con la misma falta de aire y la misma sensación de desamparo.
Somos bichitos raros y la causa del éxito será también la causa de nuestro fracaso.

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …